La mujer como núcleo de la sociedad

Empíricamente, podemos decir que la mujer se fue desarrollando desde el inicio de la historia en respuesta a la influencia de su entorno. Varias hipótesis sustentan que en la antigüedad, en una época que se vivió en contacto directo con la naturaleza, las primeras sociedades fueron establecidas en base a matriarcados o sociedades maternales. Aunque no se haya comprobado su existencia formalmente, algunos investigadores manifiestan que las madres fueron el núcleo de las sociedades prehistóricas por su papel fundamental de fuente de vida, un derecho real por naturaleza.

 Miles de años más tarde, en este siglo de resultados, podemos advertir que el desarrollo de la mujer ya no tiene que ver con un principio social maternal -entendiendo por éste un tipo de sociedad más justa y organizada en base a leyes naturales-, sino con haber pasado a satisfacer nuevos deseos de manera individualista y en oposición a la naturaleza. Como resultado se forjó una época de desintegración familiar, con un posterior desequilibrio social, dando lugar al surgimiento de conflictos y crisis en general.

Podemos preguntarnos entonces en qué momento tuvo lugar la transición de un modelo de sociedad cooperativa, de equidad entre el hombre y la mujer, de democracia participativa, a otro que aleja a la mujer del centro de la vida. Si el fin último de toda sociedad es el de mantener el equilibrio entre las fuerzas femeninas y masculinas, es claro que no es lo que está sucediendo en este vertiginoso siglo veintiuno.

La evidencia está mostrando que es difícil establecer un modelo de sociedad buena y correcta para la humanidad. Sin embargo, solo en base a establecer un entorno adecuado, todas las personas podremos revelar nuestro potencial.  Esencialmente, las mujeres tienen un papel protagónico en educar a la humanidad con conciencia global y generar posibilidades en la sociedad, basadas en la inclusión y la tolerancia. La crisis actual trae tal vez el mayor desafío a la mujer, porque será ella con su rol maternal, quien demandará de los hombres -como si fueran sus hijos- a través del ejemplo e impulsos internos, fortalecer la conexión para despertar la conciencia global del ser humano.

En la medida que la mujer es consciente de su rol en la sociedad, comprende que no tiene necesidad de ejercer dominio alguno sobre los hombres y viceversa, ni pretender reivindicar sus derechos que son inherentes a la naturaleza femenina y no pueden ser modificados ni avasallados. Por esta razón, necesita reconectarse a su función maternal y educadora, desde el lugar que le corresponde, sin desviarse de la meta y el propósito de la vida. Ir descubriendo la naturaleza de sus deseos, cómo corregirlos y brindar sus discernimientos a la familia y a la sociedad, a través de una maternidad social que se extienda a toda la humanidad.

Necesito de Todos, Necesito de Ti

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