Hielo patagónico, cada vez más cerca

A viajar con la imaginación por esos rincones de Latinoamérica.  Si pueden hacerlo personalmente, todavía mejor

patagonia

El sur argentino, con sus paisajes imponentes y su clima más amigable en el verano, convierte a la Patagonia en uno de los destinos preferidos por nacionales y extranjeros, tendencia que va en aumento en cada temporada.

Uno de los atractivos que se imponen es el glaciar Perito Moreno, una gran masa de hielo en continuo movimiento que sorprende por su magnitud: un frente de más de cinco kilómetros y una altura de más de 60 metros sobre la superficie del lago Argentino, mientras por debajo alcanza a los 160 metros de profundidad.

Cada tres o cuatro años ofrece un espectáculo aparte, cuando se asiste al rompimiento y desprendimiento de colosales bloques de hielo que convoca a numerosos viajeros.

El glaciar integra el Parque Nacional Los Glaciares, al sudoeste de la provincia de Santa Cruz, que en 1981 fue declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad. Son numerosos los glaciares que se originan en el gran Campo de Hielo Patagónico, que ocupa casi la mitad del parque (abarca 726.927 hectáreas). Esa “factoría” de hielo alimenta 47 grandes glaciares mientras otros 200, de menor importancia, se nutren de manera independiente. 

Un consolidado sistema de visitas conduce por vía terrestre, por la ruta 11, o en barco tras un paseo de menos de una hora desde el puerto “Bajo las sombras”. Una vez en el glaciar se puede participar de un tentador mini trekking sobre la blanca y difícil superficie. Para ello, hay que colocarse grampones (zapatos con clavos) para poder caminar. 

El esfuerzo es coronado cuando se recibe a los excursionistas con un vaso de whisky on the rocks con hielo del lugar.  

La excursión está vedada a menores de 14 años, mayores de 65 y embarazadas, quienes tienen la alternativa de acercarse al glaciar a través de las pasarelas de madera inauguradas hace cuatro años y que conducen hasta lo más alto de la mole de hielo.

Los que participan del trekking deben llevar vituallas para alimentarse. En los hoteles suelen preparar a los huéspedes excursionistas una snack box con comida o en bares y restaurantes de la ciudad preparan viandas por $ 80.

De regreso, se impone visitar el flamante Restaurante del Glaciar, cuyo valor agregado es la espectacular vista de la cara norte del glaciar. Allí se puede saborear una exquisita y reconfortante cazuela de cordero con vino tinto.

La otra alternativa, las pasarelas por el sendero de la costa, ofrece refugios y miradores con vistas magníficas del glaciar y sus alrededores y la posibilidad, si hay suerte, de observar algunos desprendimientos menores producto del permanente movimiento del glaciar.

Superglaciares

El Perito Moreno es el más popular de los glaciares pero no el más grande. Su fama se acrecentó por su accesibilidad por tierra a través de la ruta provincial 11, asfaltada hace cinco años.

Para observar dos de los glaciares de mayor volumen, el Upsala y el Spegazini, hay que embarcarse en el catamarán Chonek y hacer una excursión de cinco horas y media. 

José Carrizo, el capitán, es un gran conocedor de las aguas del lago, ya que para navegar por el canal Norte, entre témpanos de color azul, se requiere de gran destreza y experiencia.

Esos trozos de hielo, de los cuales apenas se ve un 10 por ciento sobre la superficie mientras el resto está sumergido, tienen un tono azul único.

El Upsala es el glaciar más profundo del lago y el Spegazini tiene hasta 135 metros de altura, y dejan al Perito Moreno como un hermano menor. Sin embargo, el glaciar más grande es el Viedma, tres veces mayor que el Perito Moreno, con 977 kilómetros de superficie y está ubicado, entre los cerros Huemul y Campana. Tiene 70 kilómetros de largo, 2,5 kilómetros de ancho y 50 metros de altura.

La excursión náutica, por su extensión, obliga a los turistas a llevar sus viandas, aunque en el barco también hay un pequeño bar con infusiones y bebidas. La aproximación a los glaciares es hasta los 350 metros, para evitar cualquier riesgo, distancia suficiente como para obtener estupendas fotos porque la embarcación gira frente a la pared de hielo lo que permite tomas desde diversos ángulos, aunque a veces el viento y el frío lo tornan dificultoso.

Estancias

En la Patagonia, las estancias forman parte del paisaje y muchas de ellas ofrecen la alternativa de ser visitadas y conocer las actividades propias de la cría de ovejas. Tal el caso de la estancia 25 de Mayo, cuyo programa incluye presenciar la esquila de ovejas con el viejo método de la tijera, donde se recorta la lana en una sola pieza en sólo 10 minutos.

También se realizan paseos por el campo con reconocimiento de la flora, donde destaca un arbusto que da una pequeña fruta llamada “calafate”, con la que se hacen exquisitos licores y mermeladas.

Una degustación de vinos y paté de cordero confitado, con vino tinto y azúcar negra, entona los ánimos y es el preludio de un recorrido a la huerta orgánica, mantenida con calefacción a base de gas. El cierre es una cena show en la que el plato principal es el cordero asado.

Fuente: La Voz

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