Nuestras opiniones

Todos tenemos derecho a tener nuestras opiniones; solo que debemos estar conscientes de que nuestras opiniones no constituyen hechos definitivos.  Esto es, hay cosas que nos gustan y otras que nos disgustan pero esto no determina lo que es malo y lo que es bueno.  Por ejemplo, si hay un alimento que no nos gusta, esto no la convierte en malo; sencillamente, no nos gusta.

gusto-disgusto

El tema es que no podemos tomarnos tan en serio:  vivir tanto dentro de nosotros mismos, que lleguemos a perder de vista la realidad y en este momento solo nuestros juicios y opiniones cuenten. Como resultado, tendremos muchos problemas y la más mínima molestia nos invalidará.  Si llamamos a nuestras opiniones y gustos, por sus nombres – opiniones y gustos – comprenderemos que no son definitivos, nos liberaremos del peso de querer imponerlos y podremos vivir la existencia plenamente.  Nos abriremos a toda clase de relaciones, descubrimientos, porque nos volveremos más tolerantes, nos enriqueceremos con los gustos y opiniones de los demás.

Para poder transformarnos, debemos dejar de expresar nuestras opiniones como si fueran realidades sobre lo que está bien o mal. Por supuesto podemos tenerlas, pero no debemos exteriorizarlas con vehemencia, ni desear imponerlas, ni querer que los demás sean como queremos y pensamos, pues eso constituye un bloqueo para relacionarnos con los demás.  

La sensibilidad es una marca de distinción, sin embargo, no se trata de la sensibilidad hacia uno mismo, sino de la sensibilidad hacia los demás, sus asuntos, sus necesidades, su manera de pensar.  Podemos hacer la prueba de no querer tener siempre la razón:  veremos que nos quitamos una pesada loza de encima y estaremos propiciando la unidad.

Necesito de Todos, Necesito de Ti

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