¿Cómo reciclar más? Pasar de la teoría a la práctica

Muchos de nosotros pensamos todos los días en lo bueno que es contribuir a un mundo más justo a través de la ecología. Concordamos con que todos deberíamos reducir nuestro consumo en muchos aspectos, reutilizar y reciclar lo más posible. Exigimos a las empresas prácticas sustentables en las redes sociales. Todo eso está muy bien. Pero si observamos nuestra vida cotidiana, es poco lo que efectivamente hacemos por cumplir con nuestros ideales. 

¿Cómo hacer -realmente- para volver más sustentable nuestra vida urbana?

La respuesta nunca será unívoca, pero tal vez una clave esté en reforzar la idea de que se trata de un cambio de hábito y que como tal, requiere una disposición profunda y sobre todo, una decisión sólida. Podemos pensar en un cambio paulatino y con esa idea, seguir más o menos los siguientes pasos: 

1) Ir lento pero seguro: Considerar desde un principio que los cambios radicales suelen no funcionar (e incluso generar efecto rebote), puede ayudarnos a sentir que de a poco podemos llegar a mejores resultados. Pero debemos estar completamente decididos. La decisión sí debe ser radical, aunque la práctica la incorporemos con más paciencia. También la máxima del «todo suma» puede ayudarnos. Hasta lo más pequeño puede trae beneficios inesperados.

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2) Incorporar una práctica sustentable por mes/semana: Es muy probable que, como ya tenemos cierta conciencia ecológica, conozcamos o «tengamos ganas de probar» algunas técnicas de reciclado, de reducción del consumo de agua/gas/electricidad. Bien, una buena forma de incorporarlas a nuestra vida cotidiana es incluirlas de a una.

Una vez que esa se naturaliza, pasar a otra. Por ejemplo, leí una vez que Greenpeace recomienda que para medir nuestro tiempo de ducha y no gastar agua en exceso, nos bañemos escuchando nuestras dos canciones preferidas (claro que hablamos de una duración estándar de 3 ó 4 minutos cada una). Eso nos permite medir el tiempo de forma amena. Si lo hacemos durante varios días seguidos, seguramente hayamos mejorado un hábito casi sin darnos cuenta y podremos pasar a otro. Un detalle, debemos tener cuidado de no volver atrás. Por eso es mejor esperar a incorporar la práctica nueva al 100% antes de pasar a otra.

3) Hacer del reciclaje una mini-terapia: A veces, buscando calma en nuestros momentos libres, terminamos tirados en un sillón viendo TV, alguna serie o películas por Internet. Pero cuando apagamos el aparato, no sentimos ni el cuerpo descansado ni la mente despejada. ¿Por qué no dedicar un tiempito a reciclar algo que haya sobrado? Ideas en Internet sobran y «tener poca habilidad» no es excusa. Si sale mal el primero, seguramente el segundo o el tercero o el cuarto salga mejor. Por ejemplo, en este sitio se explica cómo hacer macetas con botellas de plástico. Son fáciles, quedan hermosas y además las plantas ayudan a mejorar el aire de nuestra casa. Por no hablar de lo bien que hace trabajar con las manos. No nos exigamos que las cosas nos queden perfectas, escuchemos música, cantemos en voz alta, que sea un momento divertido y de verdadero relax. Apuesto a que si comenzamos a hacerlo, nos traerá beneficios en nuestro humor y descansará más nuestro cuerpo y nuestra mente. Y nuevamente, casi sin darnos cuenta, estaremos caminando hacia la vida sustentable.

Por eso tomemos la decisión, elijamos un día y empecemos. Dejemos de dar vueltas. ¡Todo suma! Tal vez no sintamos cambios grandes en pocos días, pero seguro que de acá a seis meses o un año nos demos cuenta que nuestra vida y nuestros hábitos son verdaderamente más ecológicos que hoy.

Fuente: Creadess

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