A 60 años de la conquista de La Hoya

Hasta la primera mitad del siglo 20, el cerro La Hoya era sólo una hermosa postal ubicada a 12 kilómetros de Esquel. Hoy, el Centro de Actividades de Montaña (CAM) es un referente turístico y deportivo de la comarca Los Alerces. El Club Andino un protagonista de lujo.

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A 2 kilómetros de Esquel, se encuentra el cerro La Hoya, cuyo Centro de Actividades de Montaña (CAM) lo posicionó como referente turístico y deportivo de la Comarca Los Alerces. Pero no fue hasta la segunda mitad del siglo 20 en que ese mojón orográfico era sólo una hermosa postal chubutense.

Al sondear un poco en la historia se descubre que en la década de 1940 los soldados del Regimiento de Montaña 21 de Esquel fueron los responsables de levantar los primeros refugios y abrieron senderos para facilitar sus actividades en el cerro. Hasta ese entonces sólo unos pocos aventureros se animaban a llegar hasta allí a caballo.

Una década más tarde, cuando el Regimiento detuvo sus trabajos, se retiró y las precarias construcciones les fueron concedidas al Club Andino Esquel. Ese grupo de pujantes vecinos con intenciones de realizar actividades de esparcimiento en La Hoya, había dado sus primeros pasos en su organización con la fundación del club en 1952.

Aventureros

Esquel era una aldea de 5.000 habitantes con un puñado de pobladores deseosos de aventura. Hipólito Arrúa fue uno los socios pioneros y rememora las hazañas en la conquista de las cumbres: “Cada uno fabricaba sus propios esquíes; cortábamos las tablas tras elegir las mejores lengas, largas y sin nudos, luego se les daba forma con agua caliente y se las moldeaba. Los primeros herrajes fueron ataduras de tientos y/o sogas”.

A fuerza de empeño, los aventureros vencieron los numerosos obstáculos que se les presentaban.

“Porque las tablas se gastaban mucho en contacto con la nieve y el hielo y así aparecieron los primeros cantos metálicos que hacíamos con flejes de cortinas. También fabricamos los primeros herrajes metálicos copiados de esquíes traídos de Bariloche”, detalla Arrúa.

El trabajo artesanal se extendía a la fabricación de los primeros zapatos y bastones: “eran borceguíes a los que les hacíamos una ranura en el taco para que calzara el soporte del herraje. A los bastones los fabricábamos de caña colihue con aros de aluminio, atados con tientos. Sin embargo, esto no dio resultado porque al mojarse los tientos, se aflojaban los aros. Cansados de perder los bastones, empezamos a fabricarles empuñaduras”. Arrúa comparte recuerdos que dan muestra de aquella tenacidad moldeada a prueba y error.

Durante el verano aprovechaban el terreno para practicar el montañismo, y cada invierno era una nueva oportunidad de vencer el vértigo y perfeccionarse en la práctica del esquí.

La montaña les permitía un contacto directo con la naturaleza y el disfrute del deporte de manera paulatina se transformó en un estilo de vida que se transmitió de generación en generación.

El mismo compromiso

Hoy son los nietos de aquellos socios fundadores los que disfrutan de la práctica de actividades invernales con el mismo espíritu, y el club conserva intacto el objetivo de facilitar el acceso a la montaña a la mayor cantidad de niños y jóvenes.

Ricardo Bartolomé, director de Escuelas del club, destaca: “Además de las clases y el entrenamiento a nivel competitivo que llevamos adelante desde el club, también el rol social está presente. Gracias a nuestros programas muchos niños aprendieron a esquiar, y fue muy enriquecedor posibilitar que personas con diverso tipo de discapacidad también lo experimenten.

Estos logros tomaron notoriedad a nivel nacional, y son un desafío para seguir preparándonos y trabajar en conjunto con el Estado Provincial, el Departamento de Discapacidad y nuestro equipo especializado”.

Progresos

Los frutos del esfuerzo mancomunado que destaca Bartolomé también se ven materializados en el largo camino transitado desde la fundación del club tales como el reemplazo del refugio original por el actual de 600 metros cubiertos, el reconocimiento por parte de la Federación Argentina de Esquí y Andinismo (Fasa), la incorporación de las competencias invernales en el calendario turístico provincial y el nivel competitivo alcanzado, entre otros.

Entre su equipo de profesores de alto nivel profesional, muchos son ex alumnos de las escuelas de esquí y snowboard y dentro de la formación de guías de montañas, también el Club tuvo un papel fundamental.

El tetratlón

Una competencia que congrega a deportistas del país y de países vecinos, también a cargo del Club Andino es el Tetratlón Douglas Berwyn.

Se realiza todos los años en septiembre y consta de cuatro disciplinas deportivas. Para ganar, los participantes deben completar seis kilómetros de esquí en La Hoya; 32 kilómetros de mountain bike, siete kilómetros de kayak por la laguna Zeta y 12 kilómetros finales de trekking por los alrededores de la laguna.

La competencia que desafía a desplegar la estrategia y destreza física de los competidores, en esta edición está programada para el 21 de septiembre y se espera una participación multitudinaria.

Ya inaugurada la temporada invernal en La Hoya, el personal del Centro de Actividades espera a los visitantes con el mismo espíritu de aquellos pioneros aldeanos dispuestos a compartir la adrenalina sobre la nieve, el contacto con la naturaleza y para facilitar los primeros pasos de quienes están dispuestos a experimentar la aventura del esquí y el snowboard.

Fuente: La Voz Del Interior

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