Los fieles amigos de Ivan Mishukov

Educarnos en el sentimiento de gratitud significa buscar y valorar la gentileza que se encuentra detrás de las acciones que nos benefician. Nada de lo que se hace en nuestro favor ocurre porque así tenga que ser: todo se origina en la voluntad positiva que se dirige a nosotros. Acostúmbrense siempre a expresar agradecimiento con sus palabras y acciones.  Albert Schweitzer

Ivan-Mishukov-El-Principe-De-La-Manada

Existen docenas de fábulas sobre la amistad, la fidelidad y la gratitud que puede establecerse entre los animales y el hombre. Ninguna de ellas conmueve tanto como la historia real del pequeño Ivan Mishukov.

A inicios de la década de 1990 Rusia sufrió un profundo cambio político que tuvo consecuencias en toda la sociedad: muchas personas enfrentaron el desempleo y padecieron problemas económicos. Varias familias se desintegraron y cientos de niños quedaron abandonados a su suerte, sin ningún pariente que los ayudara.

Uno de ellos fue Ivan Mishukov que, a sus cuatro años de edad, estaba completamente solo en el mundo, sin el apoyo de algún adulto o institución. Hacia 1996 andaba vagando por las calles de Moscú donde pedía monedas para ganarse la vida.
En esas mismas calles había cientos de perros abandonados por sus dueños que formaban pequeñas manadas salvajes, pues sobrevivir en grupo les era más fácil.
Ivan, con sus grandes ojos expresivos y su largo cabello rubio se ganó la simpatía de los cocineros de un restaurante que le regalaban las sobras de la comida. El pequeño las compartía con algunos de los perros callejeros. Estos lo  seguían por todos lados  cada vez eran más. Poco a poco le tomaron confianza  y en poco tiempo  Ivan se convirtió en el jefe de la manada. Los perros lo respetaban y aceptaban sus instrucciones pues lo consideraban su líder.
La relación funcionaba en forma admirable. Él conseguía comida para los canes. Éstos a cambio le daban su calor corporal en las heladas noches invernales de Moscú. Ivan dormía en las calles y las temperaturas de 30 grados bajo cero ponían en peligro su vida. Sin embargo, sus perros lo cubrían y lo rodeaban para mantenerlo a salvo.
Por otra parte, lo protegían de los otros peligros que enfrenta un niño pequeño y solo a media calle. Si alguien se acercaba a molestarlo, los perros ladraban y se disponían a atacar para salvaguardar a su amo.  Esta situación que se prolongó por dos años sorprendía a quienes la veían a diario y el pequeño fue apodado “el Príncipe de la manada”
La policía estaba consciente de lo que pasaba y se propuso llevar al pequeño a un orfanato. Sin embargo, en tres ocasiones que intentaron atraparlo el plan falló, pues los perros impedían que siquiera lo tocaran.  El esfuerzo de los oficiales duró dos meses hasta que planearon una trampa para distraer a los perros y finalmente se apoderaron del joven Príncipe.
Ivan Mishukov fue llevado a un centro de atención infantil donde recibió alojamiento, servicios de salud y alimentación. Luego fue adoptado por una familia, comenzó sus estudios y se desarrolló como un niño normal. Hoy es un joven y aunque se sabe poco de él dicen que, hasta la fecha, sueña con la manada que le salvó la vida y despierta llorando porque extraña a sus fieles amigos.

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