En un restaurante árabe multan a quienes dejan comida en el plato

¿De quién es la comida en el plato de un restaurante? ¿Puede un restaurante juzgar y castigar a sus clientes?

Un restaurante en Arabia Saudia implementó un régimen de multas para aquellos clientes que dejen comida en su plato. Las multas son proporcionales a los restos, a mayor cantidad de comida, mayor es la multa. La noticia fue publicada en medios de casi todo el mundo, en algunos casos en la sección “Weird” (extraño) habitualmente reservada para noticias curiosas o simplemente absurdas o bizarras. Pero ¿Por qué es esta una idea tan extraña?

El propietario del restaurante Damman Marmar justificó la medida explicando que procuraban limitar la producción de desperdicio y sancionar a aquellos clientes que realizaban grandes pedidos para impresionar a otros y aumentar así su prestigio social. Casi todos los medios relacionaron esta medida con la inesperada reacción que meses atrás tuvo un Chef en Suecia, que decidió echar por la fuerza a tres clientes que pidieron el postre sin terminar de comer el plato principal, algo que le resultó inaceptable al cocinero .

¿Multar el despilfarro?

Esta doctrina promovida por el restaurante árabe dice que pagar un bien (la comida) no nos otorga el  derecho a desperdiciar lo adquirido y que el uso incorrecto puede producir sanciones posteriores. A primera vista el asunto puede ser parecido a las multas incrementales por consumo de energía (a mayor consumo doméstico de electricidad, energía más costosa) y otras sanciones al abuso de consumo. Pero no es así, esas son medidas diseñadas para estimular conductas racionales y ahorro. La idea implementada en este restaurante de Arabia Saudita va mucho más allá. Al sancionar al que deja comida en el plato, lo que está haciendo no es estimular el ahorro, sino sancionar el despilfarro.

Comentario:

Esta noticia nos hace reflexionar sobre quiénes somos o quiénes creemos ser… Mientras una mitad del mundo desperdicia alimentos, la otra carece de ellos. Si supiéramos quiénes somos, por qué estamos en este mundo y lo que verdaderamente necesitamos para vivir y satisfacer nuestras necesidades básicas, no cometeríamos estos excesos. La actitud correcta es considerar que lo que a uno le sobra le está faltando a otra persona. Lo que acaparamos para nosotros se lo quitamos a los demás. Procuremos un consumo razonable y encontraremos el equilibrio naturalmente, sin sanciones, sin reglamentos y en libertad.

Aunque pueden reconocerse intensiones positivas en las multas a los desperdicios (apego a valores asociados a la protección del medio ambiente, por ejemplo), desde otro punto de vista ésta podría ser una atribución desmedida. Una pregunta que debería responder un restaurante que quisiera aplicar una multa así es ¿De quién es la comida una vez que está servida en la mesa ? ¿Es del cliente o aún es del restaurante?

Si la respuesta es que la comida pertenece al cliente a partir del momento que está servida en su mesa, entonces el restaurante no tiene ningún derecho sobre esa comida. Si por el contrario la comida aún pertenece al restaurante hasta que el cliente realice el pago, el restaurante podría reservarse el derecho de establecer el precio definitivo según el comportamiento del cliente.

Aunque las motivaciones parezcan positivas, reservarse el derecho a juzgar la conducta del cliente para establecer el precio de la cuenta convierte al propietario del restaurante en un tutor, o algo parecido, alguien que tiene opinión sobre nuestras conductas y que incluso puede aplicar una multa (castigo).

Las dos pequeñas historias “extrañas” (el restaurante árabe y el cocinero sueco), sirven de ejemplos para mostrar cómo a veces al procurar hacer el bien se puede terminar haciendo el mal. En este caso, pretender limitar el despilfarro de comida, culmina por hacerle creer al dueño de un restaurante que tiene atribuciones sobre la libertad de sus clientes.

Fuente: Cukmi.com

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1 respuesta

  1. Alejandra Dixon dice:

    Un debate interesante: el enfoque acerca de «quien es el propietario de esa comida?» parece tipico de nuestra cultura «occidental» que privilegia no individual por sobre lo comunitario.
    No conozco lo suficiente la cultura arabe, como para poner en perspectiva esta medida en particular, pero celebro que se cuestione el despilfarro, una conducta egoista que esta destruyendo al planeta.

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