Profesores o educadores, ¿qué necesita la educación en México?

La docencia es una de las profesiones más antiguas y nobles. Casi nunca un profesor o profesora se incorpora a la profesión porque quiera fama, dinero o un trabajo simple. La docencia, bien practicada, es diametralmente opuesta al trabajo ideal. Es en realidad un «antitrabajo»: difícil, demandante, poco reconocido y no muy bien remunerado.

Es por ello que tanto en México como en muchas partes del mundo los profesores suelen ser personas comprometidas y dedicadas que incluso llegan a poner de su propio dinero para comprar materiales y, en consecuencia, marcar diferencia en sus estudiantes.

¿Cómo entonces explicamos las imágenes de ‘profesores’ agitados, rompiendo ventanas, vandalizando locales y prendiéndoles fuego?, ¿O tomando carreteras sin ninguna consideración al daño económico que le causan a aquellos que dependen del flujo de tránsito para subsistir?, ¿Son esos los ‘modelos’ que queremos para nuestros hijos?

El problema es uno mucho más de fondo que el de la actitud de los profesores de nuestro país. Considero que la problemática es un sistema que por décadas ha recompensado la politiquería y el conformismo, que ha permitido que un sindicato opaco y antidemocrático tome control de la educación en México; que en vez de empoderar a los docentes comprometidos, los obliga a doblegarse ante la voluntad de líderes sindicales y políticos de los que depende su promoción o su propio trabajo. 

Comentario:

Obviamente  nos encontamos ante un problema (¿oportunidad?) multifactorial. Obvia y urgentemente necesitamos un cambio de paradigma, de marcos de referencia que normen la vida – nuestras vidas -, un nuevo pacto social que dé un giro no solamente a la educación. Nos encontramos ante una situacion única en la historia de la humanidad – no solo de México – en la cual es imposible diseñar o definir el rumbo en las áreas de nuestras vidas, sin tomar en cuenta a toda la sociedad en su conjunto.

Las manifestaciones de inconformidad ante las imposiciones demuestran un gran fracaso precisamente en los principios educativos. Estamos frente a una nueva realidad, una nueva sociedad, una nueva visión de un mundo diferente, que nos exige otros modos de ver y hacer.

Cada vez se acentúa más la interdependencia y el tema educativo no podemos verlo aisladamente y buscar la solución unicamente entre profesores o maestros, sindicato y gobierno.

Ya  no es posible ver ningun problema bajo una lente parcial, y remediar solo un punto. Debemos asumir un enfoque «holístico» ante cualquier crisis y la actual crisis educativa es tan solo un sintoma de enfermedad del cuerpo entero (un sintoma muy severo por cierto).

Somos una sociedad interdependiente y conectada en la que cualquier modificación positiva o negativa afecta a todos los elementos que la integran.

No es posible ya obtener la solución de una crisis dentro de los elementos que le dieron origen, tenemos que subir al siguiente escalón, al que la misma crisis nos está empujando.

El problema educativo necesita un enfoque de participacion social general en el cual se privilegie la vida y el bien común por encima de la adquisición de conocimientos para la competitividad económica, la educación dentro de un nuevo paradigma que englobe a toda la sociedad para conozca y aprenda a vivir en Unidad, Armonía, privilegiando el bien común por encima de los intereses personales: esto es lo que necesitamos. Los adultos tenemos que crear el medio ambiente propicio para que nuestros hijos se nutran de él, dentro de un sistema Integral de educación 100% compatible con las leyes de la naturaleza.

 

Lo que necesita la educación en Mexico es un nuevo paradigma de lo que debe de ser la educación y que todos seamos educadores.

¿Quién puede culpar a un profesor que durante 20 o 30 años ha avanzado y de alguna manera ha tenido éxito en un sistema inicuo, cuando de pronto se le dice que van a cambiar las reglas?

Por supuesto que este docente luchará a capa y espada para mantener el sistema, torcido, o como sea, pero en el que ha avanzado.

Como menciono en mi libro Tu hijo en el centro, me parece que la solución a estos problemas es compleja y depende de un cambio en los paradigmas educativos.

Uno de estos cambios pasa por modificar la balanza de toma de decisiones, por crear un sistema educativo que ponga a aquellos que están mas cerca del proceso —alumnos y alumnas, padres y docentes—, en control del mismo. Un sistema que le otorgue voz a los estudiantes y a los padres y empodere a los docentes a brindar la mejor educación posible a cada uno de sus alumnos y alumnas.

Esto no es tarea simple ni inmediata. Cambiar un paradigma educativo que pone a los niños en el centro del proceso comienza por cambios fundamentales en los modelos de formación y capacitación docente.  

El profesor del siglo XXI debe aprender a dejar de ser un experto, un director de orquesta que simplemente vacía conocimientos en sus alumnos y alumnas. Debe convertirse en un educador: un facilitador y un mentor que no solo informa, sino que forma, que le da a los niños las herramientas para investigar, descubrir, crear e innovar. Actualmente, el profesor «experto» es obsoleto, ya que me atrevería a decir que cualquier estudiante tiene en la punta de sus dedos más información de la que cualquier experto pueda tener.  

Hoy en día son necesarios docentes que enseñen a los niños a pensar de manera crítica, a evaluar el gigantesco cúmulo de información al que tienen acceso, a transformar su sociedad de manera constructiva y positiva. Son necesarios educadores que sean mentores y modelos en el proceso de aprender a aprender.

Una vez que tengamos una nueva generación de educadores, de profesores mentores, los cambios en el salón de clase ocurrirán también de manera gradual. Poco a poco dejaremos de ver clases «homogéneas», en las que esperamos que todos los niños aprendan el mismo contenido, al mismo tiempo y con la misma metodología —una propuesta evidentemente ridícula a la que nos seguimos aferrando—, y empezaremos a ver espacios educativos en donde cada niño aprenda acorde a distintos estilos de aprendizaje y también a ritmos distintos.  

Solo niños que sean capaces de aprender a aprender, que sean críticos e innovadores, que estén dispuestos a tomar riesgos y ser creativos, tendrán éxito en este mundo globalizado y digital, y podrán llevar a México a la vanguardia y competitividad necesarias para crecer.

Fuente: CNN

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