Querer cosas te hace feliz, no tenerlas

Estudio analiza por qué querer es mejor que tener, al menos en lo que sientes.

La satisfacción de obtener lo que queremos todos la conocemos en algún momento, pero ¿qué pasa cuando ese placer se debe a bienes materiales como una casa o unos tenis? De verdad ¿tener cosas nos hace felices? Al parecer no, en realidad la felicidad nos la da el querer cosas, no el tenerlas, concluyeron tres estudios publicados en la revista Journal of Consumer Research. Richins Marsha de la Universidad de Missouri seleccionó a un grupo de personas que fueron calificados como consumistas “muy materialistas” o “poco materialistas” y luego evaluaron su estado emocional antes y después de hacer una» compra importante”.

En cada estudio, los materialistas imperantes anticiparon sus futuras compras con emociones fuertes y positivas, mucho más que otros consumidores, algunas de ellas: alegría, paz, entusiasmo, optimismo, e incluso sentían eso, independientemente de si estaban pensando en comprar una casa o un tostador de pan, la próxima semana o el próximo año.


Otro hallazgo fue que es más probable que los materialistas tienden a creer que una compra inminente iba a transformar sus vidas de manera importante y significativa, es decir, tienen fe en el poder de que su próxima adquisición mejorará sus relaciones, aumenta su autoestima, les permiten experimentar más placer, y, por supuesto, serán más eficientes.

La intensidad con la que se sentían las emociones positivas estaba directamente relacionada con qué tan potentes cambios y transformaciones se imaginaban traería la adquisición de esos bienes.

Comentario:

«Si deseas algo por demasiado tiempo, cuando lo tengas ya no lo querrás.» Confucio

Estas palabras no pueden ser más apropiadas para este artículo, que dice que las personas son felices cuando están en la búsqueda de algo, no precisamente cuando finalmente lo poseen, y así podemos ver que «acumular» las cosas que pensamos nos hacen felices solamente nos lleva a sentirnos más vacíos, más triste.

Hace unos años Heidemarie Schwermer abandonó todo lo que poseía para experimentar si se podía ser feliz sin ningún bien material… y de esto hace más de 16 años. Hoy en día sigue viviendo sin un peso, como ella misma describe. Otras personas trabajan para pagar el pan que ella consume pero ella hace otras cosas a cambio.

Para ser feliz lo que se necesita es sabernos necesarios, que haya personas que garanticen nuestro bienestar al mismo tiempo que nosotros garantizamos el de ellos. Cuando lo logremos veremos que la felicidad no la da lo material sino algo más sutil, más fuerte, una conexión más grande: ver a los otros como parte de nsotros mismos.

Sin embargo, y esto parece una confirmación para los seguidores del budismo y el anticonsumismo, después de la compra, los materialistas, inevitablemente, se adaptaban a la vida ya con la posesión de dicho objeto codiciado, lo que siguió fue una «disminución hedónica», en la que sus sentimientos de felicidad se disipan.

Así, a pesar de «las percepciones materialistas» que traen felicidad, la compra las disipa.

La teoría de Richin es que los materialistas obtienen un pequeño impulso de felicidad momentánea cuando adquieren algo nuevo. Pero también recibirá un impulso feliz con sólo pensar en conseguir algo nuevo, lo que ocurre varias veces durante el largo proceso de ahorrar dinero o en espera la entrega de una compra en línea. Por lo tanto, los frecuentes y pequeños golpes felices suman más felicidad que la explosión de una grande, pero de corta duración de placer que acompaña la compra.

Fuente: QUO

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