Lecciones del optimismo emocionalmente inteligente

Una actitud optimista ante las dificultades nos puede ayudar a superar las mismas y a crecer personalmente al mismo tiempo. Así lo afirma el psicólogo y consultor Juan Cruz, experto en optimismo y teórico del Optimismo Emocionalmente Inteligente. Cruz ha ilustrado sobre las ventajas del optimismo en multitud de conferencias, charlas y debates organizados por ONGs, y en diferentes cursos en administraciones y empresas. También colabora con los medios y en la sección de optimismo del programa Graffiti de Radio Euskadi. Entre sus principales iniciativas, destaca el programa Desarrollo Integral de Ocio y Tiempo libre (DIOT), los grupos de Optimismo en Facebook  y los programas de optimismo en Espacio Pozas de Cruz Roja para la ciudadanía.

Pero, sobre todo, Cruz es un optimista convencido que alberga una gran esperanza en el futuro y en la capacidad del ser humano para salir adelante. De todo ello nos habla en la siguiente entrevista.

Noticias Positivas: Muchas personas piensan que los optimistas son ingenuos, o bien que no comprenden del todo lo que pasa en su vida diaria. Usted en cambio señala que el Optimismo Emocionalmente Inteligente debe partir necesariamente del realismo. ¿Hablamos por tanto de un optimismo bien fundado?

Juan Cruz: El Optimismo Emocionalmente Inteligente es precisamente todo lo contrario al falso optimismo; es un optimismo realista. En el sentido de que lo que hace es conectarnos emocionalmente con la realidad y con sus aspectos más favorables desde nuestros recursos.

Yo pienso que la base del optimismo está en la capacidad que tenemos los seres vivos para adaptarnos a la realidad, a los cambios, y salir fortalecidos. Esa capacidad es la que hace que las especies evolucionen. La tenemos en nuestros genes; si no, no hubiéramos llegado a donde estamos.

Comentario:

Es interesante ver iniciativas que busquen una solución a la encrucijada en la que se encuentra la sociedad moderna y sobre todo hacerlo desde una perspectiva optimista, con una propuesta emocional e inteligente, lo cual no es una formula fácil en nuestros días. Es importante la aclaración que se hace acá y es afrontar el optimismo con realismo, lo cual lo diferencia de un falso optimismo. Es en cierta medida cierto que el hombre viene genéticamente preparado para adaptarnos a los cambios y al medio ambiente, y todo esto hace parte de nuestro paquete evolutivo, como un programa que corre dentro de nosotros y nosotros lo llevamos a cabo y lo realizamos. Hay acá un aspecto que muchos de nuestros investigadores de neurociencia, como por ejemplo Bruce Lipton, vienen a darnos una luz sobre un aspecto importante y necesario de tomar en cuenta, como cuando se dice acá: “tenemos la capacidad de decidir conscientemente y reflexionar sobre cómo queremos afrontar dichas situaciones.

Incluso podemos imaginar y crear otras formas diferentes de actuar y ponerlas en práctica. Esa capacidad la tenemos cada persona, y también a nivel social”. Nos dicen estas investigaciones que el 95% de nuestras acciones y decisiones en realidad se toman de forma subconsciente y solo el 5% de nuestras respuestas se toman de forma consciente, a esto se lo ha denominado epigenetica, o sea mas allá de la genética, por encima de nuestros genes, y nos demuestran que nuestros genes están controlados por una respuesta a el medio ambiente. Por ejemplo si una persona se rodea de un ambiente saludable, el cuerpo selecciona y activara genes saludables y al igual si eliges un ambiente toxico y enfermo, tu cuerpo seleccionara y promoverá una respuesta de enfermedad.

Entonces tenemos un programa genético que nos proporciona la suficiente información y el entorno nos moldea y nos permite cambiar nuestro aspecto genético, si cambiamos nuestro entorno. Por lo tanto pensamos que controlamos nuestras vidas desde el consciente, cuando en realidad es el subconsciente el que está manejando nuestras respuestas, donde están contenidas las creencias que activan la mayoría de nuestras respuestas. En este 95%  introducimos la programación básica y primaria obtenida de nuestro medio ambiente, padres, hermanos, hermanas, nuestro ambiente familiar, entorno  cultural, etc. Así pues podemos ver que la causa de esta crisis es el resultado de un entorno enfermo, que ha desarrollado como bien se dice acá un “individualismo destructivo del “yo me salvo a costa de lo que sea””.

Esta “crisis” lo que viene a demostrarnos es que este sistema se ha terminado, ha llegado a su final, trayendo un nuevo sistema desconocido para nosotros y es el de un mundo globalizado, en el cual nuestras respuestas programadas por el entorno social anterior ya no se adaptan y no responden y si tratamos de activarlas de nuevo, con nuestro antiguo programa, en cierta medida actúan de manera adversa, trayendo más daño a el sistema y de por si al individuo mismo. La crisis actual en verdad es una gran oportunidad y un gran reto que debemos afrontar y podríamos decir que este consiste en “desactivar” el programa viejo que tenemos activado y que nos maneja y dar paso a este nuevo sistema que nos exige conectarnos entre todos y con nuestro entorno, dejando atrás este individualismo destructivo, el consumo descontrolado, que de paso a este consumo razonable, creciendo en armonía con las leyes de la naturaleza. Esto requerirá de nosotros no solo el educar a las personas desde pequeñas a conocer y actuar desde estas leyes de la naturaleza, para llegar a: “Y que la felicidad no está en tener más sino en disfrutar, cuidar lo que se tiene y poderlo compartir, desde valores más internos.”  Lo cual en este aspecto requerirá un cambio en nuestro actual sistema educativo, pues acá ya no basta solo una actitud positiva, sino que se requiere un cambio profundo de la mentalidad y el reconocimiento de las leyes que rigen al hombre y la sociedad como una parte de una naturaleza integral.

Y para educar al niño es imprescindible que la sociedad que hace y actúa como ente educador también cambie y se transforme, se hace necesario pues que yo como individuo cambie y me transforme en un ser integral y este cambio me permita compartir, creando una conexión con mi entorno, llevándonos a reconocer que toda la humanidad hoy en día se ha convertido en una gran familia una y unificada. Si, y si a este conocimiento le imprimimos una gran dosis de optimismo, es seguro que podremos ver resultados más rápidos y exitosos, siempre y cuando partamos del conocimiento y estudio de las leyes de la naturaleza integral.

En el ser humano, por nuestra evolución cerebral, además tenemos la capacidad de decidir conscientemente y reflexionar sobre cómo queremos afrontar dichas situaciones. Incluso podemos imaginar y crear otras formas diferentes de actuar y ponerlas en práctica. Esa capacidad la tenemos cada persona, y también a nivel social.

N+: ¿Y cómo se da este paso, para muchos inviable, que nos lleva del realismo al optimismo?

JC: Cuando vivimos una situación adversa, por ejemplo una enfermedad, un cambio o pérdida personal o social, lo que registra el cerebro son emociones negativas lógicas, de preocupación, de miedo. Son “negativas” entre comillas, pues dichas emociones, desde su bioquímica, nos informan de que algo está ocurriendo fuera, y sentir ese malestar nos hará reaccionar y afrontar. Por eso debemos ser realistas. Por ejemplo, cuando nos estamos quemando, lo peor que nos podría ocurrir es no sentir el dolor.

Pero después podemos utilizar nuestra inteligencia para adaptarnos a estas situaciones y afrontarlas. Con la actitud optimista se trata de aprender a convertir lo adverso, los problemas, en oportunidades desde lo más favorable. Eso lo hacemos no solo con nuestra inteligencia personal, sino poniendo en juego también nuestra inteligencia social.

N+: ¿A qué se refiere con inteligencia social?

JC: Como llevo muchos años apoyando en enfermedades a las personas que las padecen y a sus familiares, aprendo que cuando una persona vive una enfermedad o tiene un hijo enfermo, lo que le da más fuerza es por supuesto su impulso para salir adelante. Pero también le sirve de gran ayuda cuando sale de su aislamiento y conecta con otras personas con problemas similares. De ahí que sean quienes impulsen la conformación de asociaciones y grupos de autoayuda.

Es evidente que tenemos que conectar con nuestro instinto natural, que nos indica que somos seres sociales. Por tanto, si compartimos con los demás, vamos a ayudarnos, ayudando a los otros al mismo tiempo.

Así está ocurriendo también con esta crisis, que nos está obligando a salir del individualismo y a conectar con esta inteligencia social, que yo creo que es en gran parte instintiva y natural.

N+: Según este razonamiento, el individualismo es una conducta totalmente antinatural y dañina no ya para las personas, sino para la propia supervivencia del ser humano como especie.

JC. Se ha creado un individualismo destructivo del “yo me salvo a costa de lo que sea”, o como mucho, “yo me salvo a mí y a los míos a costa de lo que sea”. No es una mirada global, pues no tiene en cuenta al resto de las personas, ni siquiera a las más vulnerables.

Pero ahora que hay tanta crisis, estamos viendo que este individualismo solo está generando más aislamiento, desconfianza y desamparo. Lo cual posibilita una excelente oportunidad para reactivar, desde nuestras capacidades individuales, las capacidades colectivas.

Nos hemos salido de los procesos naturales y hay que retornar a los mismos para crecer haciendo crecer. Y no solo porque esta desconexión de nuestra inteligencia colectiva nos haya afectado como personas y sociedad. También porque afecta a nuestro medio ambiente.

En suma, nos hemos desadaptado, y como todos sabemos, una especie desadaptada va directa a su eclosión. Desde este punto de vista, el Optimismo Emocionalmente Inteligente puede ayudarnos a cambiar al conectarnos con nosotros mismos y con nuestro entorno.

N+: Hace años, en una entrevista, me explicaron que el consumismo, que no es más que otra cara del individualismo lleva poco más de cien años de existencia. Y que antes de su aparición, lo normal, durante muchos miles de años, era que en una comunidad se compartieran gran parte de los bienes disponibles.

JC: Posiblemente esta cultura del compartir vuelva a ser la imperante otra vez. Eso dará paso a un consumo sostenible, como el que se produce dentro de la naturaleza, donde por supuesto que se consumen recursos, pero siempre creciendo dentro del equilibrio.

Hay que hacer entender a las personas desde pequeñas que el consumo sostenible es el más adecuado para nuestro bienestar. Y que la felicidad no está en tener más sino en disfrutar, cuidar lo que se tiene y poderlo compartir, desde valores más internos.

Se trata de cambiar la mirada, la forma de hacer las cosas. Yo hablo del optimismo como una respuesta a situaciones de crisis y como una actitud positiva ante la vida que nos ayuda a entenderla y disfrutarla siendo más protagonistas. Cuando observas que lo negativo, tú puedes transformarlo en positivo, y gracias a lo que pierdes, puedes ganar y hacer ganar a los demás, ya hay más que pérdida o ganancia y se convierte en un proceso cíclico. En este sentido, el optimismo nos ayuda a pensar de manera unitaria y aceptar los cambios vitales.

A veces hay que perder para empezar a ganar, y cuando ganamos ya mucho, a veces se termina perdiendo, como le está ocurriendo a esta sociedad donde vamos hacia un consumismo que se autoconsume

N+: El problema es que se incide demasiado en el pesimismo, como ocurre a menudo con los medios de comunicación, donde abundan las informaciones negativas. Negativas y además sin salida, como si no hubiera alternativas a lo negativo. ¿Este pesimismo es debido solo a nuestras actitudes personales, o por el contrario trasciende lo personal para convertirse en una patología social?

JC: ¿Más que las personas, no será la sociedad la que está enferma? Es importante reflexionar sobre la toxicidad pesimista o el falso optimismo que hay en las noticias e instituciones, y cómo potencia el estrés social, algo que “patologiza” sobre todo a las personas más vulnerables.

No es saludable el bombardeo diario de informaciones negativas económicas, medioambientales y sociales, a veces emocionalmente insufribles, que impulsan mecanismos de indefensión aprendida, lo que lleva a muchas personas a comportarse pasivamente, y de evitación emocional, en plan “bueno, si yo no puedo hacer nada, qué más da”.

Sin embargo, creo que frente a todas esas noticias y situaciones adversas, hay otras cosas extraordinarias que están ocurriendo, y que realmente son las importantes para afrontar con ilusión y esperanza el futuro. Pienso que debemos mirar hacia esa dirección, porque donde colocamos nuestra mirada, colocamos también nuestra atención y la energía para construir nuestro mundo y mejorar el de las próximas generaciones.

Fuente: Noticias Positivas

También te podría gustar...

1 respuesta

  1. Juan Cruz dice:

    Gracias por difundirlo y sumar a esta forma de mirar hacia el optimismo , es extraordinario el comentario que aportais y si me permitis haré referencia de vosotros en la entrada del blog http://diotocio.blogspot.com.es/2013/01/lecciones-del-optimismo-emocionalmente.html.
    Enhorabuena por lo que haceis necesitamos mas que nunca las propuestas que planteais y espero que podamos sumar sinergias desde DIOT y otras iniciativas sociales que estamos creando e incluso ver como conocernos personalmente o contactar. Afectuoso saludo desde Madrid

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *