Pueblos originarios: pioneros en demandar democracia

Podemos realizar varias lecturas del encuentro entre los pueblos originarios de América y los colonizadores españoles. Algunos historiadores mencionan esta fusión de  culturas como el surgimiento de una nueva identidad. Sin embargo, los descendientes de los pueblos aborígenes cuentan una historia que nada tuvo que ver con la construcción de identidad. Sus relatos narran acontecimientos de vulneración de los derechos fundamentales a la vida desde épocas remotas.

Siglos más tarde la historia permanece vigente pero con la oportunidad de reclamar por una construcción de democracia real. El reclamo de los pueblos originarios desde ayer, es el de toda la humanidad hoy. Al estar en concordancia con las leyes de la naturaleza, los aborígenes comprendieron mucho antes que nosotros la insostenibilidad del sistema de vida occidental. Fueron los primeros en advertir las consecuencias de las actividades del hombre sobre el medio ambiente: “Esto sabemos; la tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida; él es sólo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo. Esta tierra tiene un valor inestimable, si se daña se provocaría la ira de nuestra madre naturaleza, los blancos se extinguirán, antes que las demás tribus. Contaminen sus lechos… y una noche perecerán ahogados en sus propios residuos”.[1]

Para una convivencia democrática y la construcción de una auténtica identidad global es necesario el reconocimiento de la diversidad cultural. La reparación social -histórica y actual- se puede llevar a cabo en el ejercicio de una democracia real. Todos los pueblos estamos conectados por las mismas carencias y unirnos en la necesidad es la fortaleza para impulsar el cambio de paradigma. Independientemente de nuestros orígenes étnicos, todos tenemos los mismos derechos que nos otorga el simple hecho de ser humanos y trabajar en la construcción de una auténtica democracia para todos.

Silvana J. Pisari

[1] Extracto de carta de Jefe Piel Roja. Año 1.855

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