Guerra de tomates en Buñol

 

Una guerra de tomates. Más de 40.000 personas se han lanzado hoy 113 toneladas de la hortaliza en la 63ª edición de la Tomatina de Buñol. Todo comenzó como una diversión entre amigos que se ha convertido en una fiesta multitudinaria a la que acuden turistas de toda España de fuera de nuestras fronteras, desde países como Australia, Suecia, Dinamarca, Francia, Gran Bretaña, Japón o Rusia, entre otros países.

A las once de la mañana se ha escuchado el artefacto pirotécnico que daba comienzo a la Tomatina 2008, en la que durante una hora la gente concentrada en la calle del Cid y la plaza del pueblo adueñarse de los tomates que iban llegando en seis camiones, cinco contratados por el ayuntamiento y uno extra, y lanzarlos a su antojo.

Una hora más tarde, un segundo artefacto señalaba el final del combate y los asistentes se dirigieron al río para intentar limpiarse los restos del cuerpo, el pelo y la ropa. Mientras, otro río de color rojo recorría el pueblo, el provocado por las mangueras de unos servicios municipales de limpieza dedicados en pleno a borrar de fachadas y calles las huellas de los tomates.

Protección civil ha informado de que un japonés ha sufrido un golpe fuerte en la cabeza cuando estaba siendo manteado pro otros participantes. Ha sido el incidente más destacado durante una fiesta en que se quintuplica la población de este municipio del interior de la provincia de Valencia.

Comentario:

Resulta incomprensible que con el propósito de tener una hora de diversión se tiren 113 toneladas de hortalizas, cuando en la  misma España se esta experimentando una severa crisis. ¡Hasta dónde somos capaces de llegar, tan solo por un momento de diversión y placer!    

Como  humanidad hemos perdido la brújula. Estamos en un punto muy especial de la historia y  no estamos actuando correctamente.  Me pregunto, ¿qué sociedad estaremos heredando a nuestros hijos?

Esta crisis nos revela que estamos frente a  un nuevo estado, el cual se va revelando. Ya no es posible seguir fomentando nuestro materialismo, concibiendo de manera separada a las personas, países y a la madre naturaleza, donde todos existimos.

Vemos con tristeza que esa búsqueda interna de felicidad ha perdido el rumbo con festividades como la  Guerra de Tomates en Buñol,  donde placer y felicidad se desvanecen como agua entre los dedos.

Desafortunadamente la educación que  ha formado a los adultos que somos nosotros el día de hoy, no fue capaz de convertirnos en personas humanistas que existen armoniosamente con sus semejantes.

Tenemos que aprender cómo lograrlo mediante una educación integral, que a la vez que imparte conocimientos, desarrolle al individuo con sus valores.

Nadie se puede quedar sin poner su grano de arena en esta transformación, de donde resurgirá el verdadero ser humano.

El equipo para la batalla

Gafas de bucear para proteger los ojos del ácido del tomate, gorros de baño -algunos con forma y color de tomate-, cáscaras de sandía a modo de sombrero, pelucas, monos de limpieza, pistolas de agua o raquetas para desviar los trozos de tomate han sido algunos de los artículos más vistos entre los participantes de esta tradicional batalla veraniega.

El consistorio sólo encarga 100.000 kilos, la cooperativa incluye también el excedente de este tomate, de la variedad pera, por lo que, en algunas ocasiones, como este año, se necesita un camión más para transportar y repartir las hortalizas.

El alcalde de Buñol, Fernando Giraldós, ha asegurado que el ayuntamiento tiene el reto de mejorar los accesos a la población con motivo de la Tomatina, ya que cada año quiere acudir más gente a la fiesta. La autovía Valencia-Madrid, por la que se accede a Buñol, ha vuelto a registrar este año largas colas de vehículos coincidiendo con las horas previas al inicio de la Tomatina.

Fuente: El Pais

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