La interconexión: Una realidad evidente ahora

 

En 201l nos enteramos que el terremoto en Japón había desplazado el eje de rotación de la Tierra en unos diez centímetros. Igual que lo ocurrido un año antes en Chile donde un sismo de 8.8 grados en la escala de Richter, ocasionó que el eje del planeta se desplazara ocho centímetros.

Lo anterior, son claros ejemplos de cómo lo ocurrido en un lugar de nuestro mundo, tiene consecuencias para todos sus habitantes. La crisis económica de la Unión Europea es otra forma de darnos cuenta de la estrecha conexión entre los países y entre los miembros de la comunidad mundial.

Asimismo, podemos observar cómo, la contaminación en los mares por causa de la derrama de petróleo por accidentes de buques tanques que lo transportan,  impiden que se lleve a cabo la fotosíntesis del placton que es el inicio de la cadena alimentaria marina. Esto afecta a la vida marina y a las aves y también a la economía y la vida de pequeñas poblaciones que habitan las costas afectadas. La contaminación generada puede llegar a zonas alejadas también. Aquí podemos encontrar la relación que existe entre una demanda constante y desmesurada de combustible para las áreas urbanas e industriales y una oferta que busca atenderla transportando a todos lados este recurso natural.  

Es innegable, la interconexión es cada vez más evidente no sólo por las consecuencias que tiene sino porque la tecnología actual nos facilita experimentarla con mayor facilidad. La interconexión ha existido siempre, pero en un mundo globalizado, como en la actualidad, se ha estrechado.

Hoy, una acción individual puede tener, por causa de la tecnología, una repercusión en otro continente o en varios continentes. Imaginen que envían un pago electrónico para que les remitan una prenda de vestir. Usted pagan a una tienda de Vancouver, que solicita a su almacén ubicado en Seattle, que a su vez la recibió de un embarque llegado a San Diego desde una ciudad hindú donde se concentran estas prendas fabricadas en Pakistán. De este tamaño puede ser la repercusión de una acción nuestra. También lo vivimos con la influenza. Estábamos dependiendo de que todos nos cuidáramos para no afectar a otros por nuestro descuido en atender las recomendaciones sanitarias.

Nuestra responsabilidad ahora es mayor. Entre más informados estamos, entre mayores sean nuestras capacidades de todo tipo, entre más recursos materiales poseamos, esta responsabilidad se acrecienta. Todos poseemos ese potencial de responsabilidad pero algunos de nosotros, dada nuestra capacidad e información no podemos soslayarla.

¿Cómo podemos actuar de la manera correcta?

Que nuestros actos sean sólo para el bien común. Sin duda la mejor manera de lograrlo es crear y formar, un entorno positivo en el cual nos podamos desarrollar juntos, en el que utilicemos todos los elementos a nuestro alrededor de la manera más benéfica para los intereses mutuos.  Esta puede ser nuestra aportación para que este planeta sea un nuevo mundo incluyente, integrado, porque reconocemos en la interconexión una oportunidad de mejorar juntos nuestras condiciones de vida.

Sólo cuando consideremos a los otros como extensión de nosotros mismos,  podremos crear ese entorno positivo, ese entorno en el cual podamos vivir en armonía y porque no, encontrar la felicidad.

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *