Frente a la crisis, menos compras y más ahorro

 

María tiene 42 años, es economista y se acaba de quedar sin empleo. Llevaba más de diez años trabajando en una multinacional con un contrato fijo, así que tiene derecho a una indemnización y a dos años de subsidio de desempleo. En ese sentido es una privilegiada. Sin embargo, está asustada. Sabe que la crisis va para largo y que va a ser difícil que encuentre un trabajo pronto. Por eso, aunque sus ingresos han disminuido poco gracias a que está cobrando el paro, sus hábitos de consumo han cambiado radicalmente.

“Utilizo lo menos que puedo el coche y el teléfono celular, he dejado de comprarme ropa, me tiño el pelo yo misma en casa y la compra la hago en el supermercado más barato. Ya no voy a grandes supermercados, como hacía antes, porque sale mucho más caro”, reconoce en entrevista con EL UNIVERSAL. Además, compra siempre marcas blancas (genéricas) y va al súper con una lista con los productos de primera necesidad “y no compro nada que no sea estrictamente necesario”.(Si desea seguir leyendo favor de dar Click en el enlace)

Comentario:

Los hábitos de consumo han sido establecidos por mucho tiempo por la sociedad que nos rodea, si nos ponemos a pensar quñe es lo que necesitamos realmente para «subsistir», todo lo que necesitemos, no solo alimento casa y vestido, sino comunicaciones, vacaciones, salud etc. quizás veríamos la cantidad de cosas que no necesitamos y haríamos una lista seria de las que si, esto nos llevaría a un consumo moderado y no a los extremos según esté la situación, asi podríamos garantizar una estabilidad social para todos como sucede en paises del primer mundo (Escandinavia es un excelente ejemplo) y evitaríamos sesgos inmensos entre los estratos sociales. 

María procura buscar ofertas en internet para ir al teatro o a restaurantes con su pareja —que sí tiene trabajo—, y en vacaciones no va a salir de España. “Nos iremos menos días que el año pasado y a algún sitio más cerca”. Reconoce que sus dos hijas ya no comen en el colegio para ahorrarse los 75 euros de comedor que paga por cada una. “Como no trabajo ahora sí puedo ir a buscarlas y hacerles la comida en casa”. También su marido, que sí tiene empleo, ha cambiado sus costumbres por la crisis. Va a trabajar en tren y no en coche (el litro de gasolina en España cuesta 1 dólar y medio), el café de media mañana se lo toma sin pan dulce, y se lleva la comida al trabajo en lugar de comer en un restaurante.

A punto de cumplir 82 años, Olga también ha cambiado sus hábitos de consumo. Es pensionista y recibe unos mil 500 euros al mes, aproximadamente. La crisis apenas le ha afectado. Sólo le han bajado la pensión 20 euros. Pero prefiere ahorrar por lo que pueda pasar. “Todos mis hijos tienen trabajo pero a lo mejor en unos meses alguno lo pierde y necesita mi ayuda, o yo misma me pongo enferma y necesito alguna persona que me atienda. Así que ahora consumo menos”, cuenta.

Olga hace las compras en los supermercados del céntrico barrio madrileño en el que vive y procura siempre comparar los precios. “La carne y el pescado los compro en la carnicería y en la pescadería de mi barrio, los productos de limpieza en El Día (uno de los supermercados más baratos de Madrid), y lo que pesa mucho como la leche y el aceite en el Carrefour para que me lo traigan a casa”, relata. “Y ya no compro zapatos, los arreglo en el zapatero, ni voy en taxi, uso siempre el metro o el autobús”, añade.

También los jóvenes han cambiado sus costumbres. Jaime tiene 19 años y estudia Economía. Su padre tiene una empresa de ordenadores, muy golpeada con la crisis. “Vende 35% menos que antes”, cuenta Jaime. Y su madre, que es profesora de yoga, se ha quedado sin trabajo “porque con la crisis ya casi no hay alumnos”, explica. Así que él también procura gastar menos. “Doy clases particulares de matemáticas cuando puedo para evitar pedirles dinero y los fines de semana cuando salgo ya no voy a bares. Mis amigos y yo compramos las bebidas en el súper y hacemos botellón (beber en la calle)”, cuenta. “Voy en bicicleta a la universidad. Si me tengo que quedar a comer me tomo la mitad de un menú (comida corrida), mando mensajes desde el móvil en lugar de llamar y casi no me compro ropa ni voy al cine”, reconoce.

Aumentan los precios, no los salarios

Con la llegada de la crisis los hábitos de consumo de los españoles han cambiado. Los precios de todos los productos han aumentado pero la mayoría de los salarios no sólo no se han incrementado sino que han disminuído. Una de las primeras medidas del paquete de ajuste aprobado por el gobierno de Mariano Rajoy (conservador, Partido Popular, PP) fue el alza al Impuesto sobre la Renta (ISR) en la parte que afecta a los ingresos por rentas del trabajo y actividades profesionales. De manera que desde febrero todos los trabajadores, profesionales y pensionistas han visto reducida su nómina entre 0.75% y 7%. Por eso, como ganan menos también gastan menos.

Según el más reciente barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), las familias españolas están haciendo un mayor recorte en ocio (casi 70% de familias declara gastar menos en esto), suministros de gas, agua y electricidad (69.8% recorta gastos), en vacaciones (más del 66% ha recortado su presupuesto) y en ropa y calzado (64.2%). Donde menos ahorran es en tratamientos médicos y dentales, en alimentación y en transporte.

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), una asociación privada, independiente y sin ánimo de lucro, pone los efectos de la crisis en los siguientes términos: “El presupuesto destinado a comprar ropa, calzado, electrodomésticos o automóviles ha descendido estos últimos años, mientras han subido claramente los relacionados con la reparación de estos mismos bienes”. La gente ya no compra, opta por arreglar la ropa, los zapatos, los electrodomésticos y los coches. Y cuando no puede evitar comprar, prefiere hacerlo a plazos aunque a veces es difícil conseguir un crédito porque los bancos cada vez prestan menos dinero.

Menos caprichos

La alimentación sigue centrando gran parte del presupuesto de las familias españolas, pero los ciudadanos ya no hacen sus compras como antes. Ahora su compra es más racional y evitan los caprichos. Por ello, de cada 10 cestas de la compra, siete son de productos de primera necesidad. Además, visitan varias tiendas antes de comprar, para comparar precios. Y muchas veces adquieren unos productos en una tienda y otros en otra, como hace Olga.

Según la OCU, ahora se consume menos carne, excepto pollo y preparados como la carne picada o la casquería, que son más baratos. También se ha reducido el consumo de pescado fresco, con respecto al de fruta y verdura, que ahora se venden más. En términos de marcas, las vencedoras de la crisis han sido las marcas blancas, ya que 4 de cada 10 artículos que se venden son de marcas blancas, que pueden llegar a ser hasta 42% más baratos.

Cadenas de comida rápida como Burger King y McDonald’s no sólo no se han visto perjudicadas por la crisis, sino que han aumentado sus ventas. Burger King, que abrió la primera tienda europea en Madrid en 1975, no ha parado de crecer desde entonces. En 2011 tenía 463 restaurantes y prevé acabar este año por encima de los 500. Y en McDonald’s esperan abrir 66 nuevos restaurantes entre 2012 y 2014, lo que supondrá una inversión superior a los casi 200 millones de dólares y la creación de 3 mil 300 puestos de trabajo. En el caso de McDonald’s, en 2011 aumentó sus ventas 9.2%, por encima de la media del 7.2% en Europa. Y facturó más de mil millones de dólares, lo que supone el 8.5% del total de Europa, pese a que este país representa apenas 5.5% del total.

Pese a la crisis, el consumo del lujo ha aumentado en España. El año pasado el sector cerró con unas ventas de casi 6 mil millones de dólares, 25% más que en 2010. Pero no son los millonarios españoles los responsables de estos datos, sino los extranjeros, en especial los rusos, que el año pasado gastaron una media de 3 mil dólares en compras en España. Eso sin olvidar a los japoneses y a los mexicanos, a quienes les encanta España.

Fuente: El Universal

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