Sur busca Sur

La sobrepoblación, la falta de recursos y el desempleo son desgracias que azotan el contienente africano y a algunos países de latinoamérica.  Hermanarse para compartir soluciones es loable, pero lo mejor sería que todos los países desarrollados pensaran en ayudar funcionalmente a las naciones en problemas, mediante educación, programas agrícolas y de riego, recursos para reconstruir sus sociedades de acuerdo a sus costumbres.  Eso evitaría el sufrimiento de millones de personas y el problema de la migración de individuos que abandonan su país en busca de trabajo.  Todos ganarían.  Hace falta la voluntad

sur busca sur

Lo ponía en su tarjeta: Anne Marguerite Fouda Owoundi, representante local de Urbanistas Sin Fronteras, jefa de Planificación del Ministerio del Hábitat y el Desarrollo de Camerún. Y en la de su acompañante: Anne-Marie Essono, del mismo ministerio, pero de la sección Proyectos en Cooperación con el Banco Mundial. Ellas y su delegación andaban buscando, entre la marabunta del Plaza Mayor -el centro de congresos donde se celebraba el Foro Urbano Mundial (WUF7)-, a la persona adecuada para lograr su misión: hermanar la capital de su país, Yaundé, con este lugar. ¿Cuál? ¿Adónde irían dos urbanistas africanas en busca de modelo? A Medellín (Colombia), naturalmente. A la ciudad-marca, el laboratorio encerrado entre montañas y rodeado de selva; a la urbe para todo.

Tan creativa que basta pronunciar su nombre para ver brotar savia nueva de proyectos, iniciativas ciudadanas, educativas, de transporte… Tan conocida que hasta se promocionan sus cielos “arrebolados” en un atardecer cualquiera (lo publicaba hace nada el diario El Colombiano). Tanto que al preguntar a varios expertos sobre un posible escaparate de proyectos latinoamericanos exportables siempre surgió la capital antioqueña como referente de cooperación Sur-Sur en la región (ver despiece abajo). Y mucho más allá.

Las representantes del Gobierno camerunés lo sabían. Procedentes de país tan desigual –como tantos otros africanos–, acudían allí en busca de ideas para mitigar u ordenar lo que es fenómeno continental: la densificación de las urbes africanas, dado que en pocas décadas en ellas habitará un 61% de su población: algunas de sus megápolis (El Cairo, Kinshasa, Jartum…) son de las más pobladas; otras, como Luanda o Lagos, en crecimiento desorbitado.

Vestidas de mil colores, en esa Babel que fue el WUF7, las señoras Fouda y Essono contaban: “Queremos ver cómo se ha hecho en Medellín para solucionar problemas de aglomeración, de tráfico y contaminación, de vivienda, y de violencia. Y aplicarlo en Yaundé”. No era las únicas. El número de africanos que acudió a la cita de ONU Habitat fue el segundo grupo (entre 22.000 personas) tras los propios americanos.

El fervor que despiertan los proyectos latinoamericanos es enorme: Asia mira (China, sobre todo), África mira (especialmente Sudáfrica). Es un movimiento en alza: Sur busca Sur. Ese que no siempre implica o supone sólo ayuda financiera, ni esa relación arriba-abajo típica de la cooperación Norte-Sur, sino que nace de la falta de recursos. Que es colaboración horizontal, puesta en común de buenas prácticas y lecciones aprendidas. Un movimiento en paralelo al buen momento y al cambio del rol de esta zona del mundo desde el punto de vista financiero y comercial, según el último informe del Banco Mundial, titulado América Latina y el ascenso del Sur, de Augusto de la Torre.

El mecanismo de esta nueva vía colaborativa lo explica bien Fernando Casado, director del centro GlobalCAD y promotor del proyecto Hacia la Ciudad Humana: “Latinoamérica sigue siendo una de las zonas más desiguales del mundo y, por tanto, en sus ciudades se genera una convivencia de cercanía muy crítica entre las comunidades de bajos ingresos y las elites adineradas. Ello ha obligado tanto a replantear el uso de espacios públicos como a rediseñar las políticas de acceso a servicios básicos de forma innovadora. Ya no sólo por una cuestión de valores, ideológica o solidaria, sino por la propia sostenibilidad de sus ciudades, para evitar que caigan en un colapso total”. Por pura supervivencia.

Paralelamente, explica Casado, la sociedad civil, “acostumbrada a asociarse para defender sus derechos durante regímenes dictatoriales, ha pasado su activismo social a temas urbanos”. Han surgido plataformas activistas nuevas reivindicando la mejora de la movilidad urbana, la vivienda digna, el acceso a servicios básicos de comunidades de bajos ingresos (energía, agua, educación, etcétera) o temas de sostenibilidad urbana y eco-eficiencia.

Medellín es el nombre que surge como la gran transformación

de éxito

Así, buscaban los cameruneses unir los destinos de la capital de su país con la de Antioquía, convertida en modelo último de urbanismo y pacificación gracias a la implicación vecinal, social. Hacer ciudad no sólo esperando la acción del Estado sino convirtiendo a sus habitantes en protagonistas. En arte y parte. Así llegó tal mutación: de urbe violenta y “escobariana” a espejo donde mirar.

Esta implicación ciudadana ha sido recogida como fundamental también por los autores del último premio de ensayo Casa África,titulado Un modo de afrontar la ciudad africana. Allí, Manuel J. Martín, Vicente Díaz y Eugenio Rodríguez analizan su estado actual y sus posibilidades futuras y plantean un derecho a la ciudad, alimentada con esta nueva cooperación Sur-Sur y la participación directa: “Este es el espacio donde se negocia la esperanza”.

Acuerdos de Cooperación

“La propuesta de hermanamiento con Yaundé, que sepamos, no prosperó”, cuenta Ana María Villa Zapata, desde la ACI (Agencia de Cooperación e Inversión) de Medellín, creada para servir de puente y facilitador entre las entidades gubernamentales y los entes internacionales interesados en intercambiar ideas y prácticas exitosas. “Pero hay ya acuerdos de cooperación con varias ciudades sudafricanas, entre ellas, Ekurhuleni, una de las ocho Áreas Metropolitanas de Sudáfrica que es reconocida por su amplio sistema de interconexión vial y su industria aeronáutica”.También cita “aprendizajes técnicos comunes”, entre otros, con Cuenca (Ecuador), Lima (Perú), Río de Janeiro (Brasil), Monterrey (México) y, recientemente, La Habana (Cuba), que es ejemplo de lo que se llama “cooperación triangular”, junto a Barcelona (“relación de partenariado entre actores de tres países”)…

Casado y otros señalan, sin embargo, que nada de esto sería posible de no existir otros dos factores al tiempo: voluntad política y peso de “ciertos líderes”. Personas que en un momento crítico (los retos a los que se enfrentaban las ciudades en la región) supieron responder de manera creativa e innovadora inspirando a todo un continente sobre el poder de transformación que pueden tener las ciudades. Y citan a Antanas Mockus, Sergio Fajardo, Aníbal Gaviría en Colombia; Fernando Haddad o Jaime Lerner en Brasil, o Marcelo Ebrard en México, entre muchos otros. Justo aquellos que las urbanistas camerunesas buscaban.

Fuente: El Pais

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