Educación integradora para el mundo integrado

De acuerdo a un reporte publicado hace un año, hay más de doscientos millones de desempleados en el mundo. En este próximo año, este número seguirá creciendo, mientras que la producción global disminuye y los recursos naturales son cada vez más escasos. Este desarrollo constituye un problema enorme para los desempleados, como también para la sociedad y gobiernos, que no tienen el poder de pararlo.

Mientras que los desempleados crecen globalmente, la necesidad de un curso de educación exhaustivo, que explique el nuevo mundo integrado y sus leyes gobernantes será indispensable en la prevención del tipo de derramamiento de sangre y malestar que vemos que ya se esta empezando a materializar.

Imagen de Einstein

¿Entonces qué es este “nuevo mundo” que la crisis global nos está trayendo? Bueno, si damos un paso atrás y analizamos la palabra “crisis,” ésta no tiene una connotación negativa. Más bien, significa una nueva etapa, similar al nacimiento.

Sabemos por experiencia que la transición de un estado al otro es difícil, porque conlleva salir de la zona cómoda. No importa si es cambiar de trabajo o modificar cualquier otro aspecto de la vida, tenemos la tendencia de resistir el cambio y preferimos quedarnos dentro del sistema de operación conocido.

Tomando esto en consideración, hay dos aspectos de esta crisis global. Por un lado, estamos experimentando aflicciones genuinamente dramáticas: diluvios terribles, terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas, disturbios y guerras, revoluciones, derramamiento de sangre en las calles, y perspectivas que disminuyen la posibilidad de un futuro brillante. Del otro lado, podemos ver el apuro corriente como los dolores normales del proceso que todavía no reconocemos, uno en la cual transitamos de un estado al otro.

Estos dolores se podrían comparar a las de un bebé pasando por el proceso de parto. Imagina un bebé pacíficamente creciendo dentro del vientre de su madre-un lugar seguro y protegido. El parto, sin embargo, se inicia por medio de un proceso “desagradable”: la madre siente una tensión inmensa y siente contracciones, mientras que el bebé también siente tremenda presión pero no tiene idea de qué esta pasando. Nuestro estado presente es similar a los dolores de parto.

Hemos pasado por estados similares en otros tiempos de la historia, aunque no fueron tan trágicos o radicales como para justificar llamarlos un “parto.” Fueron como fases transitivas o de desarrollo en la historia humana.

Nuestro estado presente es diferente. En el pasado siempre tratamos de descubrir o alcanzar nuevos niveles.  Se presentaron condiciones revolucionarias potenciales de naturaleza social o técnica; el cambio dio por resultado nuevos objetivos, por medio del descubrimiento de nuevas tierras, invento de armas innovadoras, o la implementación de nuevas tecnologías.

La diferencia es que estas innovaciones nunca fueron globales en la naturaleza. Nunca repercutieron en todos los aspectos de la vida humana, ni impactaron a la gente a gran escala, cada país y continente, cada familia e individuo. Hoy en día, el nuevo toque revolucionario (¡evolucionario!) incluye todo lo antes mencionado. 

Desorientados y desconcertados, estamos emergiendo de una manera más consciente de que algo esta ocurriendo, pero todavía no estamos seguros de qué es ese “algo.” La crisis que estamos sintiendo es similar al estado que precede el parto. Nos presiona más y más con cada día que pasa, individual y colectivamente.

Al igual que no podemos resolver el descenso de la economía, tampoco tenemos el poder de revertir las décadas de tendencias separatistas de las familias, o el crecimiento extremo de casos de depresión, suicidio, abuso de drogas y alcohol. Más que nada, el denominador común es de que en todas las áreas de nuestras vidas sufrimos de una ausencia completa de entendimiento de la causa principal de estos problemas.

Además, por primera vez en la historia humana, está ocurriendo a una escala global e integral. Literalmente no hay hacia “donde correr”, escapar de estos asuntos, incluso  si se tienen los medios. Y lo peor es que no sabemos lo que nos espera en el futuro.

En revoluciones anteriores, las estructuras económicas y sociales a las que aspirábamos tomaban más tiempo y eran progresistas. La abolición de la esclavitud, por ejemplo, abrió el camino hacia una sociedad mas civilizada.  Su bien hubo cambios drásticos: levantamientos, guerras civiles y religiosas, siempre se anticipaba un futuro más brillante para todos.

Hoy, sin embargo, todos estamos bajo un proceso global nunca antes visto. Este proceso se extiende no solo a la sociedad y al individuo, sino que alcanza al clima y la ecología. (Considerando la evolución de nuestra especie, el calentamiento global o enfriamiento climático siempre han requerido de grandes adaptaciones por parte de la humanidad, migraciones masivas, etc.)

Mientras que en el pasado las revoluciones ocurrieron por razones concretas (cambio de clima, nueva tecnología, régimen despótico, etc.), hoy todos los cambios están ocurriendo simultáneamente en todo nivel. Sencillamente, la gente ya no puede comprender el mundo en el que vive.

Hasta los sistemas en los que confiábamos para nuestra supervivencia, están en crisis, como la industria de alimentos, el mercado de trabajo, la familia, los sistemas de educación y seguridad…

Hemos llegado a un estado general en todas las áreas de nuestras vidas en que nada funciona como debe. Y con las herramientas que tenemos a nuestra disposición, no podemos predecir con certeza como será el futuro.

¿Será posible estudiar las leyes de este nuevo mundo integrado y aprender a satisfacer esta demanda? ¿Podemos mirar hacia adelante y asegurarnos que la senda que hemos elegido es la correcta? ¿Podemos calcular nuestro futuro de antemano?

Si la respuesta es SÍ, podemos facilitar nuestro progreso y evitar vagar en la oscuridad sin necesidad. Si NO, continuaremos cometiendo los mismos errores, solo que ahora el costo será mucho, mucho más alto. 

En vista de lo anterior, debemos enfocarnos en desarrollar y promover un curso de educación para todo el mundo. La meta es tan vital como simple: abrir los ojos de las personas a la nueva realidad en que nos encontramos, a ver un futuro que no es solo posible pero inevitable (para el bebé solo hay una manera: salir), y enseñar al mundo cómo realizar la transición del estado existente, al estado futuro de la manera más rápida, menos dolorosa posible.

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