Integración

Nuestra naturaleza siempre nos ha empujados hacia delante de forma egoísta, y la hemos seguido ciegamente; en otras palabras, nosotros hemos sido instintivamente impulsados por nuestros deseos de satisfacción personal, y de esa manera ha continuado manifestándose en nosotros, luchando por bienestar, fama, poder, conocimiento – por cualquier cosa.

Como resultado, hemos alcanzado cierto nivel de saciedad, y nuestro egoísmo ha llegado a un camino sin salida; no podemos ni siquiera decir que está creciendo. Por una parte, hay una cierta línea de reevaluación de nuestros valores: “Es correcto continuar esforzándose por el logro de fama, conocimiento, bienestar y poder? Es esto el significado de nuestro desarrollo?”

Laplace

Por otra parte, notamos que nuestra dependencia de los demás, nos obliga a introducir formulas económicas a nivel internacional, debemos tomar en consideración nuestra interdependencia, en otras palabras, si yo voy a sufrir, tu también sufrirás, no importa cuán egoísta parezca. Aun hoy, todavía trato de lograr mi felicidad a costa de los demás, baso mi poder en ser más fuerte que los otros, y tener más y más.

Debemos tomar en consideración la integración del mundo. Y si no respondemos a esa integración, no seremos capaces de entender la forma en que se supone deberíamos avanzar en concordancia con el mundo y la naturaleza. Hoy sentimos el reto de la naturaleza, que nos presiona con el único propósito de gradualmente empezar a cambiar y llegar a ser como ella. Esto no había pasado jamás.

Si tuviésemos que verlo desde una perspectiva ontológica, notaríamos que la naturaleza siempre nos ha empujado hacia un desarrollo egoísta. Y ahora, al contrario, nos está mostrando que ese desarrollo egoísta llegó a su final; en otras palabras, nosotros hemos completado nuestro desarrollo de los niveles inanimado, vegetativo y animado, hacia donde fuimos instintivamente empujados por la naturaleza; es por esto que este nivel de desarrollo humano es denominado animado.

Pero ahora debemos desarrollarnos en este nivel “humano”, cuando entendamos y apreciemos el mundo que nos rodea hasta el punto de cambiar internamente para merecerlo. Ni el mundo ni la naturaleza nos obliga a cambiar instintivamente, a evocar esos deseos en nosotros, los cuales nos empujan a construir una sociedad, una economía, la tecnología, etc. Esto ya no existe más.

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