Ego: jugando un juego altruista

No tiene mucho sentido entrar en la discusión de cómo cada uno de nosotros debe cambiar, ya que todos estamos moldeados por un entorno inmediato, la familia, la escuela y la sociedad. Sin embargo, si empezamos a actuar como si estuviéramos jugando a un juego divertido llamado “altruismo”, se convertirá en el juego más atractivo que alguna vez hayamos jugado, uno que cambie la vida. Será tan divertido que estaremos encantados de dedicar todo nuestro tiempo libre a la creación de un buen ambiente, fundado en la responsabilidad mutua. Nuestros egos se unirán al juego con mucho gusto, porque todo lo que al ego le importa es sentirse bien.

De hecho, es fácil cambiar cuando se esta motivado por el apoyo mutuo. Sólo tenemos que aceptar la responsabilidad mutua. Esta es nuestra “alfombra roja” para el futuro que todos deseamos, una vida de equilibrio, la paz, la prosperidad y la seguridad. La responsabilidad es la capacidad de elegir cómo responder a nuestro egoísmo, y en esta etapa de nuestra evolución individual y colectiva, se nos requiere que empecemos a usar la responsabilidad para servir a nuestros intereses comunes.

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Puede surgir la pregunta: Si es tan fácil, ¿por qué no hemos hecho esto antes? La verdad es que nuestro egoísmo ha ido evolucionando, y hasta ahora, no hemos podido reconocer su magnitud y en qué medida está dispuesto a empujarnos en la búsqueda por el placer. Nos convencimos de que el ego nos ayuda a avanzar a través de la competencia para ganar, y que impulsa el progreso, tanto personal como colectivo. Nunca lo consideramos destructivo.

Sin embargo, miren cómo nos ha separado. Estamos separados, alienados, y adueñados de nosotros mismos. Nunca soñamos que esto nos llevaría a la devastadora destrucción que estamos presenciando hoy en día. Sólo hasta ahora empezamos a darnos cuenta del camino traicionero que hemos estado pisando, y la condición peligrosa en la que estamos. Por lo tanto, ahora es el momento de comprender que la única manera de cambiarnos es construyendo una nueva sociedad.

Al igual que en una incubadora o un invernadero, una sociedad mutuamente responsable nos puede hacer capaces y dispuestos a elevarnos por encima de intereses personales por amor al bien común. Y la parte más asombrosa de todo es que con el apoyo y la participación de todos, hasta nuestros egos obtendrán placer, ya que la sociedad valorará la aportación única de todos y cada uno de nosotros, dado que nuestras contribuciones únicas serán cruciales y deseadas.

Imaginen lo increíble que seria nuestro futuro, si toda la humanidad comenzara a aplicar el egoísmo de una manera positiva y benévola, así que cuando una persona se conectara con los demás, él o ella sentirían afinidad y afecto hacia ellos, como si todos fuéramos una familia, o un solo organismo. Seriamos capaces de sentir y entender a cada persona y al mundo entero.

Una vez que comencemos este proceso, seremos capaces de experimentar a la humanidad dentro de nosotros mismos. Nos daremos cuenta de que la naturaleza nos ha traído hasta esta etapa notable en nuestra evolución con el fin de hacernos sentir que somos un colectivo integrado hecho por todos y cada uno. Cuando lo podamos sentir, seremos capaces de utilizar correctamente la principal fuerza impulsadora de nuestras vidas, nuestro egoísmo, que nos distingue y nos eleva por encima del nivel animal. Utilizándolo de manera constructiva, vamos a transformarnos a nosotros mismos y a elevarnos por encima del nivel humano en el que hemos nacido, hacia en el nivel humano de existencia.

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