Tortugas: Especie en extinción

Cerca de la mitad de las 27 especies de tortugas continentales que aún existen en el territorio nacional están en riesgo de desaparición, debido a la comercialización y explotación descontrolada que hay sobre ellas. Tortugas continentales se les llama a las que viven en la tierra y en las fuentes de agua dulce, y su fisonomía también es diferente de las tortugas marinas. De las especies propias de nuestro país, 25 son exclusivas del medio acuático y dos son terrestres. Así lo explica el libro Biología y conservación de las tortugas continentales de Colombia, publicado por un grupo de más de 40 investigadores de 30 instituciones, 11 de ellas internacionales.

Esta riqueza natural contribuye a situar a Colombia como uno de los países con mayor biodiversidad y riqueza a nivel mundial en este campo.

“Estamos en el séptimo lugar con países como Birmania y Vietnam, entre otros del sudeste asiático. Además, hay tres especies que son exclusivas de Colombia: la tortuga del Magdalena; la carranchina, que vive en la cuenca Caribe, y la cabeza de toro, del Pacífico”, afirma Carlos Lasso, doctor en ciencias biológicas y coordinador del Programa de Biología de la Conservación y Uso de la Biodiversidad del Instituto Humboldt.

En peligro de desaparición

Además de su alto valor biológico para el país, son los vertebrados más amenazados del mundo. Incluso, más que los mamíferos, aves, anfibios y peces, ya que muchas de estas especies forman parte de la dieta de comunidades indígenas y campesinas en áreas alejadas, que consumen su carne y sus huevos, por el alto valor proteínico.

Igualmente son utilizadas para elaborar medicamentos, licores y otras sustancias. Existen en estas zonas rurales creencias en cuanto a su carne, como supuesto potenciador sexual y causante de longevidad.

Comentario:

Las tortugas continentales, al igual que otras especies en peligro de extinción, son vulnerables a todo tipo de creencias y mitos que se han transmitido por generaciones. El problema está bastante claro. 

El consumo de la tortuga continental se debe a diferentes causas. Se puede retroceder un siglo en el tiempo y hacer una comparación con lo que ocurría entonces, con lo que sucede hoy. La distancia marcada por el tiempo nos da muchas variables que sobra discutir en este breve comentario. Pero algo que podemos ver es la cantidad de personas que vivían entonces y cuántas tenemos en la actualidad. La cuestión es que el consumo está muy por encima de la tasa de fertilidad de las especies en cuestión. 

Las causas del consumo son conocidas, las propuestas para resolver el problema, como crear áreas protegidas solo solucionaría parcialmente el problema, porque suele ser que las reservas estén desconectadas y el territorio de las especies de tortugas abarca mucho territorio y ubicarlas en sitios disconexos puede presentar problemas de endogamia y esto representa otro problema que habría que atender. En fin, las soluciones no son realmente soluciones, son paliativos  porque las personas no dejarán de consumir estos animales de la noche a la mañana; es una cuestión que requiere de información y hacer consciencia en las comunidades relacionadas. El consumo seguirá siendo una opción de subsistencia para mucha personas que lo hacen sin otro motivo, pero prohibir o vedar el consumo de las tortugas representa una cuestión que nos permite darnos cuenta de la falta que hace una educación adecuada que nos dé la posibilidad tomar de la naturaleza solo aquello que nos sea necesario para poder vivir.  

Es necesario educar a las personas sobre la relación del hombre con la naturaleza y de la naturaleza con el hombre, de modo que entiendan la importancia de tomar solo lo necesario y que respetar la naturaleza nos permitirá vivir en paz con todas las criaturas de este hermoso planeta. 

Los aborígenes las usan para elaborar productos medicinales, ornamentales y en las ceremonias folclóricas. “La fuente de ingesta proteica en muchos sitios del país es difícil y las tortugas tienen la desventaja de que se pueden cazar fácilmente para mantenerlas en corrales y alimentarlas para luego ser consumidas. Por ejemplo, en Semana Santa crece el consumo de la icotea en el Caribe”, manifiesta Lasso.

Rompiendo mitos

Con la idea de hacer un plan para la conservación de las tortugas continentales, la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad de Antioquia, el Instituto Humboldt, entre otras instituciones, iniciaron, en el 2011, una investigación conjunta.

Esta busca recopilar toda la información biológica y de conservación de estas especies, afirma Vivian Páez, profesora del Instituto de Biología de la Universidad de Antioquia y directora del grupo herpetológico de Antioquia.

Ella fue una de las líderes de esta investigación, que reveló que hay varias de estas especies en estado crítico en cuanto a su supervivencia.

Los investigadores del citado libro afirman en su estudio que es falso el argumento de que en algunas zonas del país se consumen porque no hay más para comer.

El tema es sobre todo cultural. Por eso “es importante romper los mitos de consumo en Semana Santa, ya que es erróneo considerar la carne de la tortuga como blanca, porque esta no es un pescado. También manifiestan que no existe un estudio científico que demuestre que ayuda a la longevidad o a la potencia sexual; por el contrario, se está acabando con una fauna que es un patrimonio de la humanidad”, afirma Páez.

Los académicos recomiendan también revisar la normatividad ambiental, porque, en algunos casos, el consumo de subsistencia también es necesario que sea regulado, puesto que si el uso para la nutrición de sectores campesinos e indígenas, de todos modos se va a hacer, debe ser sostenible.

Por lo pronto, hay varios frentes de trabajo. Uno de ellos es declarar algunas zonas de reserva o de protección, para que especies como la icotea tengan una reserva que les permita su reproducción y así evitar la extinción.

La publicación de este libro ha sido un primer paso para contribuir con información sobre la realidad de las tortugas continentales.

La siguiente tarea de los investigadores será difundir estos hallazgos, para que –con un trabajo mancomunado entre académicos, empresa privada, trabajadores, educadores y entes gubernamentales– se genere una estrategia permanente para la conservación de estas especies, que sea efectiva y que se aplique a largo plazo.

Fuente: El Tiempo

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