Tantaspulgas y Petite se conocen Cuento del Perú

La ciudad enciende todas sus luces. La luna sonríe tímida en el cielo y alumbra el escondrijo de Tantaspulgas, un perrito chusco de buen corazón; se levanta y se sacude una que otra pulga, luego bosteza. En el piso, varias pulgas le gritan y le insultan por el violento desalojo.

Cruza la pista por las líneas blancas como un perro que aprobó educación vial. Se dirige a las latas de basura, aunque algunos perros ya se comieron las sobras más ricas. Huele, rebusca, jala, ladra, muerde, ¡crack! Una pepa de melocotón. -¡Diablos! Un colmillo menos, me malogra la sonrisa -dice Tantaspulgas. Debo apurarme o el camión de la basura me dejará sin cenar otra noche -piensa Tantaspulgas.

perros

Tilín, tilín, tilín… el triángulo del basurero se escucha a dos cuadras de donde está Tantaspulgas.

– ¡Guau! ¡Guau!, esa lata es mía -ladra, y se abalanza sobre la lata que con su peso cae de la vereda.

En sus ojos se refleja un enorme hueso. De inmediato, lo coge con las patas y el hocico para jalarlo, pero algo lo retiene. Vuelve a la carga. Jala con más fuerza, vuelve a tirar y el hueso sale a la luz con una perrita algo asustada que lo tiene entre sus colmillos en el otro extremo. Tantaspulgas ladra, y suelta del todo el hueso, gruñe; enseña los colmillos, GGRRRRR… se eriza, sin embargo, la perrita permanece con el hueso en su hocico, sin ganas de soltarlo. El Tantas, como también se le conoce en el mundo perruno, se le acerca, la huele abriendo lo más posible los huequillos de la nariz y ladrihabla:

-¡Guau! ¡Guau!, tú no eres de aquí. Hueles a comida para perros comprada en supermercado de ricos. ¿De dónde eres? ¿Cómo te llamas?…Puedes soltar el hueso, no te haré daño -dice, mientras retrocede para darle confianza a la perrita.

Ella suelta el hueso y le contesta:

-Soy de Miramar y me llamo Petite. Tú, tú, ¿cómo te llamas?

-Tantaspulgas, pero puedes decirme Tantas con confianza…y, discúlpame por haberme comportado como un perro, perdón, quiero decir, como un canalla; y por haberte asustado…-dijo el Tantas con el rabo entre las piernas y las orejas caídas.

-No te preocupes, -contesta Petite, toda sucia y con el pelambre desordenado, pero sin perder el brillo de mejores tiempos. -tú no me asustas. Me da risa tu sonrisa…Jijijijijijijijiji…

Sonríen, aúllan, brincan, se relamen entre ellos y posan sus miradas en el hueso.

-Te propongo algo que nos conviene -dice el Tantaspulgas.

-Qué- responde Petite, al mismo tiempo que pisa el hueso con su patita derecha por si se la quieran quitar.

-Darle una mordida al hueso -contesta el Tantas, casi colorado -un ratito tú y un ratito yo…

-Petite sonríe y le dice que sí.

A lo lejos se ven dos perros que caminan felices, dan brincos, hacen piruetas y mueven la colita, porque intercambian un hueso cada dos cuadras.

Por: Hernán Becerra Salazar

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