Aprendiendo a convivir

Los padres en esta época encuentran el reto de implementar reglas y conductas porque enfrentan el cuestionamiento de sus hijos. 

¿La obediencia ha pasado de moda? ¿Es necesaria para enseñar a nuestros hijos algunas cuestiones que van más allá de su raciocinio,  cosas con las que seguramente no están de acuerdo?

convivir

Es cierto que sacar la tarjeta roja para obtener lo que uno quiere,  recurrir al uso del poder o la fuerza, incluso la amenaza o el soborno, no parecen ser los caminos más adecuados para enseñar a nuestros hijos a limpiar su cuarto, a no molestar a sus hermanos, o no mostrarse irrespetuoso, cumplir con tareas y horarios; cosas que todos estamos de acuerdo son ejercicios diarios para enseñarles otros valores: tener orden, respetar a los demás, ser considerado, disciplinado, servicial. 

¿No podría uno decirles que es importante que escuchen a sus padres, incluso cuando a veces no estén de acuerdo, por el simple hecho de que hay algunas cosas que ellos no entenderán sino hasta que lleguen a la madurez? Cuando se pide a los niños que repriman sus propios sentimientos y opiniones, experimentan frustración, pero al escuchar a sus padres aprenden a escuchar a los demás, a aceptar otras opiniones, a descubrir una verdad más grande: vivir en unidad.       

Existen reglas que uno tiene que seguir porque las marca la sociedad misma para cumplir con su tarea; pero sabemos que hay otras que son más sutiles, que nos confunden, pero que encierran una lógica profunda. Estamos hablando de los códigos que nos dicen que no podemos herir a alguien solo porque esa persona se portó mal con uno.  Ser honesto y leal incluso cuando parezca que no vale la pena, tener decencia incluso si los demás no la tienen, no escuchar habladurías, tener cuidado con las palabras que decimos.

Seamos honestos: para ser decente, se necesita obedecer nuestros principios, tener la sensibilidad y humildad de reconocer los principios de los demás,  solo porque a la larga será lo mejor para todos. 

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