Administración de Personal

El contagio emocional puede destruir el espíritu de equipo

Tony Schwartz

Había contratado a un ejecutivo que poco tiempo después me comunicó sus preocupaciones asegurándome que lo hacía porque le gustaba trabajar para esta empresa y quería que todo marchara bien; al principio aprecié su información.

 Empezó cuestionando incidentes pequeños: alguien gastaba de más en un proyecto, un par de personas siempre llegaban tarde, se preguntaba si realmente la empresa necesitaba a un empleado con cierta antigüedad señalando que podíamos contratar a alguien por menos dinero.

contagio emociones

Con el tiempo llegó a decir que muchos empleados se aprovechaban de mi, que no valoraban su trabajo y había que ser más severos.

Me invadió la suspicacia y la ansiedad;  los otros miembros del equipo se veían tensos.  La atmósfera próspera, productiva, que nos caracterizaba empezó a desvanecerse.

Finalmente, una empleada vino a decirme que este ejecutivo se quejaba con ella todo el tiempo de los demás y sus quejas no tenían fundamento. Rápidamente descubrí que se quejaba con todo el mundo tratando a cada persona como si fuera el confidente de sus juicios.

Me sentí confundido y avergonzado.  Mi trabajo era promover el entusiasmo del personal y en este caso me había dejado influir por una energía destructiva e inconscientemente se la había transmitido a todos.

Los directivos de una empresa, debido a su autoridad, ejercen un impacto muy fuerte en el estado emocional de sus trabajadores.  En este caso me había dejado llevar por los sentimientos negativos de una persona.  Los demás habían resentido la negatividad porque yo era el líder.

El contagio emocional se apodera de todo y a medida que se extiende la negatividad se drena la energía del equipo y de la empresa.

Las emociones negativas que “pesqué” temporalmente rebasaron mi capacidad para evaluar los hechos.  Nuestra empresa vivía momentos prósperos más allá de sus expectativas y el personal trabajaba duro.  Nuestras preocupaciones ejecutivas eran exageradas.

¿Qué importancia tienen las cuestiones emotivas en el trabajo?  Visiten el local de una cadena de montaje de vehículos y sentirán el impacto del ánimo que prevalece: un  niebla espesa de amargura, irritabilidad y languidez.

Entren a una tienda de Apple y experimentarán lo opuesto: una sensación de vitalidad y entusiasmo, una inyección de energía que los motivará a comprar algo.

Decidí despedir al ejecutivo negativo, porque el equipo ya no confiaba en él y porque pensé que no podría cambiar.  Ese día me pareció que se disipaban las nubes y salía el sol.

¿Qué lección he aprendido de esta experiencia? 

Las emociones que las personas llevan a su lugar de trabajo son tan importantes como sus habilidades cognitivas, en particular los líderes.

Debido a que no podemos dejar nuestras emociones en la puerta del trabajo – aunque eso es deseable –  por lo menos deberíamos entender lo que sentimos en un momento dado.  No es posible cambiar lo que no se conoce.

Las emociones negativas se esparcen rápido y son muy tóxicas.  El problema con el ejecutivo que despedimos no era su crítica continua, sino que como estaba tan enfocado en lo que estaba mal, perdía de vista la gran perspectiva, incluyendo su impacto negativo en los demás.

La autenticidad es importante porque no se puede fingir ser positivo por mucho tiempo.  Es posible ser doble cara – decir que uno siente esto cuando en realidad siente otra cosa – pero la verdad se revela a la larga en el rostro, en la voz, en el lenguaje corporal.  Es necesario supervisar y controlar nuestro estado de ánimo.

La clave para equilibrar el realismo y el optimismo es aceptar la paradoja del optimismo realista.  Prácticamente, es tener la fe de contar la historia más optimista y motivante en cualquier situación, pero también tener la voluntad de confrontar las situaciones difíciles a medida que surgen y manejarlas directamente.  

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