Un nuevo tipo de herencia

La gran mayoría de la gente desconoce de asuntos relacionados con la genética y epigenética; solo queda en nuestra mente un conjunto de ideas relacionadas con nuestro ADN y la dependencia de nuestro desarrollo.
El catedrático de biología en la Universidad estatal de Washington, Skinner, Michael K., nos reporta que hay sustancias dañinas – el estrés y otros factores –  que pueden modificar  qué genes se activan sin alterar su código y que algunos de estos cambios epigenéticos podrían transmitirse, causando enfermedades a las generaciones futuras.
Y precisamente en este rango de ideas, hace unos días leí un artículo del Dr. Bruce H. Lipton, quien entre algunas cosas dice que los genes y el ADN no controlan nuestra biología, sino que éstos están controlados por señales externas, incluyendo los mensajes energéticos emanados por nuestros pensamientos positivos y negativos. 
Es probable que tenga razón. Quién no ha experimentado en algún momento de su vida el poder que tiene un entorno en sus hábitos. La moda, las amistades, la publicidad, la geografía, la familia entre otras.
De modo que realmente tenemos la posibilidad de cambiar si recibimos la influencia de un entorno o medio ambiente correcto.
Por lo tanto sería bueno preguntarnos: ¿Estamos apostando por entornos que realmente nos influyen para bien?
3d render of a DNA spirals

Cuando nacieron mis hijos, hace unos treinta años, sabía que la mitad de su ADN lo habían heredado de mí. En esa época se creía que la transferencia de ADN del espermatozoide o del óvulo al embrión era la única forma con la que los progenitores transmitían información hereditaria a la descendencia, al menos en los humanos y otros mamíferos.

Por supuesto, era consciente de que el ADN no determinaba el destino de una persona. Si bien es cierto que muchas de las características de un niño o niña están escritas en su ADN (en concreto, en los genes que codifican la forma y función de las proteínas, la mano de obra de la célula), la experiencia diaria también importa. Muchas de las contingencias de la vida, como la alimentación, los contaminantes y el estrés, afectan al funcionamiento de los genes. De este modo, con frecuencia se recurre a factores sociales o ambientales para explicar por qué dos gemelos idénticos terminan padeciendo enfermedades distintas a pesar de poseer dotaciones genéticas muy similares.

Por entonces ignorábamos que el legado biológico que cedemos a nuestros hijos incluye algo más que nuestras secuencias de ADN; de hecho, no solo nuestros hijos, sino también nuestros nietos y bisnietos, podrían heredar lo que se conoce como información epigenética. Esta, al igual que el ADN, reside en los cromosomas (que albergan los genes) y regula funciones celulares. Pero es distinta de la secuencia de ADN y responde a los cambios ambientales. Puede adoptar formas diversas, entre ellas pequeñas moléculas que se unen químicamente al ADN y a las proteínas presentes en los cromosomas.

Nuestras investigaciones y las de otros grupos, llevadas a cabo sobre todo con ratas y ratones, han revelado que ciertos contaminantes, como varios compuestos de uso agrícola, el combustible de aviones e incluso algunos plásticos, pueden inducir modificaciones epigenéticas que causan enfermedades y problemas reproductivos sin alterar la secuencia de ADN. Más aún, cuando estas epimutaciones se producen en las células que dan lugar a óvulos y espermatozoides, parecen quedar fijadas en determinados sitios y transmitirse a las generaciones posteriores.

Fuente: Investigacion y Ciencia

 

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