Obesidad, una epidemia también entre los más chicos

La vida moderna ha causado que los chicos sean sedentarios; lejos han quedado los juegos en la calle, respirando aire fresco, socializando.  Es necesario adaptarnos a las nuevas circunstancias pero pensando en nuestra salud. No podemos aislarnos de la modernidad pero sí podemos encauzar a nuestros hijos a hacer deportes, o alguna otra actividad que les interese, que les ayude a relacionarse con niños de su edad.  Pensar en alimentos sanos, naturales.  Cocinar para nuestra familia es la mayor muestra de amor que podemos darles

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Actividades que antes eran cotidianas, espontáneas e inherentes a la niñez y la adolescencia son ahora recomendaciones médicas fundamentales para prevenir –y revertir– el sobrepeso y obesidad infantil.

Salir a la calle para jugar a la mancha o un partido de fútbol con amigos, así como andar en bicicleta a la salida del colegio, son costumbres que los chicos dejaron de hacer por multiplicidad de motivos que aseguran un estilo de vida poco saludable.

En la provincia, “entre un 25 y un 30 por ciento de los chicos en edad escolar tiene sobrepeso. Si no se corrige, asegura un adulto con problemas”, señala el secretario de Salud, Daniel Pizzi. El médico cuenta que en el hospital Pediátrico, del que fue director, se realizaron numerosas campañas que les permitieron advertir “que la situación del sobrepeso empeoraba”.

El funcionario hace hincapié en la necesidad de realizar prácticas deportivas y al aire libre y destaca que todo se trata de “estar en movimiento”.

Hay mitos o falsos conceptos que suman confusión y pueden ser contraproducentes. Entre ellos, Pizzi advierte que suele existir la creencia de que “los bebés tienen que ser mofletudos o regordetes. Y eso no es bueno porque se produce una hipercelularidad. Es decir, son chicos que tienen más células grasas y adipositos, es decir, células especializadas en almacenar energía en forma de grasa, que lo normal. Y no desaparecen”. Estos bebés tienen grandes chances de sufrir sobrepeso y obesidad.

El neurólogo Francisco Cáceres, director de Ineba (Instituto de Neurología de Buenos Aires), advierte sobre la problemática del sedentarismo y la obesidad en niños y jóvenes precisamente a partir de causas sociales como el miedo de los padres a que los chicos salgan solos a la calle, la proliferación de los juegos electrónicos, el poco ejercicio que se realiza en el colegio y el bombardeo publicitario de golosinas, cereales azucarados y gaseosas. Todo esto desemboca en enfermedades crónicas como hipertensión y diabetes. “Todos factores de riesgo para enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares (ACV)”, afirma.

María Inés Somoza, jefa de Nutrición del Hospital Universitario Fundación Favaloro y directora de la carrera de Nutrición, estima que “el 80 por ciento de los adolescentes con sobrepeso continuará teniéndolo en la adultez. Además, los trastornos vinculados con la obesidad y el síndrome metabólico que se presentan en la infancia, tienden a perpetuarse; y los casos de diabetes tipo 2 en pediatría son cada vez más frecuentes. Por lo tanto, el tratamiento y la prevención de la obesidad son prioritarios”.

“En los niños y adolescentes de 2 a 19 años, el sobrepeso se define por un índice de masa corporal (IMC) igual o superior al percentilo 85”, define Somoza. El percentil es una medida para comparar el crecimiento (en este caso de peso) de los niños y tener referencia según los parámetros esperables para cada edad.

Asimismo, la nutricionista indica que se considera obesidad “cuando el IMC es igual o mayor al percentilo 95 para igual sexo y edad”. “En 2007, un comité de expertos estableció al percentilo 99 como punto de corte para evaluar”, añade.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que la obesidad dejó de ser una enfermedad de unos pocos para convertirse en una verdadera epidemia en todo el mundo y la atribuye, entre otras causas, a la creciente urbanización pero sobre todo al “desequilibrio entre la ingesta calórica y el gasto calórico”. En todo el mundo se registra un cambio dietético que tiende hacia un incremento del consumo de “alimentos hipercalóricos con abundantes grasas y azúcares, pero con escasas vitaminas, minerales y otros micronutrientes saludables”.

Somoza considera que para el abordaje de esta problemática hay que entender que “el origen es multifactorial”, que “no existe un único alimento o nutriente responsable” y que la nutrición y un estilo de vida saludable, “deberían ser incluidos por el equipo de salud dentro de la rutina de control y cuidado de los niños”.

A fin de prevenir la obesidad, es fundamental comenzar el día con “un desayuno sano, nutritivo, rico en lácteos y frutas”, así como respetar “las cuatro comidas, evitando las gaseosas. Aún las dietéticas”, propone Pizzi. Y aclara que su consumo puede ser excepcional, es decir, durante alguna comida del fin de semana o en un cumpleaños pero nunca de manera cotidiana”.

Somoza coincide con él e indica que se recomienda al “agua como bebida principal frente a las bebidas azucaradas y los jugos de frutas industrializados. Por eso debería estar disponible y accesible durante todo el día”. Además, sugiere “disminuir en forma gradual el consumo excesivo de azúcar y sal” y opina que “no debería haber alimentos prohibidos o contraindicados, excepto una prescripción médico nutricional específica que lo requiera. Así se puede mantener en el tiempo un plan alimentario saludable, completo, variado, placentero, consensuado y adoptado por el grupo familiar”.

En cuanto a la elección de lácteos descremados o enteros, la especialista explica que no es adecuado restringir la dieta en menores de 2 años, porque existe el riesgo de “desacelerar el crecimiento longitudinal y ocasionar carencias específicas con posibles secuelas en la vida adulta”. Además, a propósito de la velocidad con la que crecen y de la necesidad del sistema nervioso central de altos niveles de energía y de grasas para desarrollarse, “no se recomienda la restricción de grasas ni de colesterol” para esta franja etaria.

Conciencia preventiva

La familia es, entonces, la que debe comprometerse para promover una alimentación saludable desde la infancia. Asesorarse con un médico sobre nutrición y actividad física es un buen comienzo. Somoza también señala que “debe darse importancia a la lactancia materna” y “disminuir el consumo de grasas”, pero también cuidar “la exposición a la publicidad comercial y aumentar la disponibilidad de opciones saludables como los vegetales”. Pero eso no es todo. Afirma que, además, se requieren políticas públicas, planeamiento de ciudades y regulación del consumo y la industria de alimentos y que, a nivel comunitario, es fundamental emplear esquemas “para disminuir el consumo de bebidas azucaradas y de alimentos con alto contenido de grasas, sodio y azúcares refinados”. Afirma que eso debe combinarse con la producción y accesibilidad a frutas y verduras, el rotulado obligatorio de alimentos procesados, la aplicación de programas de actividad física y la creación de espacios públicos para juegos y deportes.

El subdirector del área de Salud del Ministerio de Educación de Córdoba, Carlos Paz, también especialista en Salud Pública, asegura que desde su área se realizan orientaciones para los docentes en materia de nutrición saludable para que cualquier materia escolar pueda tocar el tema “incluso en matemáticas”. Además, estimulan la aplicación del óvalo nutricional como herramienta –en lugar de la pirámide–, ya que describe un concepto más dinámico e incluye a todos los alimentos. También revela que la intención es poner en marcha un menú de acciones para que los chicos tomen conciencia de la importancia de prevenir el sobrepeso. Por eso se decidió incorporar la “pausa activa áulica” que promueve la realización de alguna actividad física en el aula para “incorporar el movimiento en los chicos. Es un estrategia antisedentaria”, define. Finalmente, se trabaja en aplicar normas para que los quioscos y cantinas escolares sean saludables. “Capacitamos a unos 250 quiosqueros para que hagan la reconversión”, asegura Carlos Paz.

Estadísticas provinciales

En 2012, la Dirección de Jurisdicción de Maternidad e Infancia de la provincia de Córdoba realizó un estudio sobre una base de 70.814 niños de 0 a 60 meses de la base del Plan Nacer (actual Programa Sumar) atendidos en el sector público de toda la provincia. 

En la categoría “obesidad” en todos los grupos etarios se encontró un porcentaje de 9,3 por ciento es decir, más de cuatro veces por encima de lo esperado. 

Los resultados del trabajo realizado en el Programa de Sanidad Escolar (Prosane) durante 2013, realizado sobre niños de primer y sexto grado, mostró que el sobrepeso y la obesidad fueron los problemas de malnutrición más importantes. Sobre un total de 7.521 niños controlados, 3.771 tuvieron peso normal; 2.053, sobrepeso (27 por ciento); 794, obesidad (10,5 por ciento) y 828 bajo peso. El hallazgo de niños con sobrepeso y obesidad sigue siendo una tendencia en alza, con 35 por ciento de prevalencia en los de primer grado y 42 por ciento en los de sexto grado.

Sugerencias de la Organización Mundial de la Salud

–Lactancia materna exclusiva.

–Evitar añadir azúcares y almidones a la leche artificial.

–Aceptar la capacidad del niño para regular su propia ingesta de calorías, en vez de obligarlo a vaciar el plato.

–Servirles un desayuno saludable antes de acudir a la escuela. Hacer lo posible para que las comidas se hagan en familia.

–Reducir el tiempo de inactividad (televisión, computadora). 

–Alentar el viaje al colegio y otras actividades sociales a pie o en bicicleta.

–Integrar la actividad física en las rutinas de la familia a partir de paseos y juegos activos en los que todos participen. 

–Asegurarse de que la actividad sea apropiada para la edad y con medidas de seguridad (uso de casco, coderas y demás elementos).

Fuente: La voz

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