Sobre corregir al educar

Muchos niños, adolescentes o adultos sufren de inseguridad en sí mismos.  Algunos sienten que no merecen alcanzar sus metas, no pueden reconocer su propio valor, son tímidos y no pueden tomar decisiones que les ayuden a llevar una vida plena. En el mejor de los casos logran desenvolverse como personas normales, pero rara vez pueden superar totalmente este sentimiento limitante y no aceptan el crédito por sus logros. 

timidez

Generalmente este sentimiento tiene sus raíces en la forma en que fueron corregidos de pequeños.  La impaciencia y el enojo no son buenos consejeros de los padres.  En ocasiones llegan a abusar con sus palabras o sus actos, en su natural deseo de “educar” y corregir los errores que cometen los niños. Al más mínimo “accidente”, o contratiempo los padres gritan, reaccionan exageradamente y lo peor llaman al niño “tonto”, “bueno para nada”, “eres un inútil”.  ¿El resultado?  Más adelante esa persona tendrá impregnados en su mente todos estos calificativos y el sentimiento de su ineptitud.

Si bien no todos los padres tienen estas actitudes extremas, es necesario reconocer que todos padecemos una cierta dosis de ellas.  Antes de reaccionar así debemos tomar en cuenta que: les estamos provocando una baja auto estima; les estamos regalando una voz interna que los va a perseguir toda su vida; les estamos creando sentimientos de culpa, ansiedad y depresión; y reduciendo su capacidad de tomar decisiones y riesgos que desarrollen su potencial. 

Me dirán ustedes que explotar de vez en cuando no es tan grave.  Pero la verdad es que perdemos los estribos una y otra vez y todos nuestros pequeños despliegues de irracionalidad se van acumulando como gotas de agua que van minando la integridad de nuestros hijos.

No somos perfectos:  ni hijos ni padres.  ¿Cuál sería la solución?  Evitar caer muy seguido en este patrón de comportamiento.  Estos son algunos consejos:

-Debemos calmarnos ante el descuido o error del niño o adolescente.  Pensar en la vieja máxima de que “con la misma vara que mides serás medido”. 

-Ante esta situación debemos hablar suavemente, sin elevar la voz.  Si estamos muy enojados es mejor esperar un tiempo para evaluar y poner las cosas en perspectiva. Cuando estamos muy enojados no debemos hablar, sino dejar que pasen las emociones y corregir después la travesura o error.  No corre prisa, tenemos mucho tiempo para reflexionar sobre la mejor manera de hacerlo.

-Considerar que los pequeños dramas como la leche derramada, el vaso roto, las manchas en la ropa, las manos sucias no son tan importantes como el corazón quebrantado de un niño.  Podemos enseñarle a evitar estos accidentes.

-Si tenemos nuestros propios problemas  para manejar estas situaciones, una buena terapia puede ayudarnos a resolverlos.

Los niños cometen errores.  Así es… y nosotros los adultos también, es lo propio del ser humano.  Aprendamos a aceptarlo y seguir intentando hacer bien las cosas. 

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