En un reino muy muy lejano… (Cuento)

En un país lejano hubo un rey llamado Roberto. Su estado estaba amenazado por un reino contiguo, cuyo monarca había enviado un ejército para apropiarse de sus tierras. Los habitantes estaban cansados y el reino poco a poco caía en la pobreza.


1
Roberto quería hacer la paz, y tomar las armas le parecía inadecuado. Así que un día envió un emisario a la corte del rey enemigo para proponerle que resolvieran todo mediante una carrera de caballos. Si Roberto ganaba, los invasores se irían de sus tierras. Si Roberto perdía se las entregaría.


La carrera se llevó a cabo, Roberto perdió, pero le pidió una nueva oportunidad al enemigo.
-Piensa que mi patria está en juego -dijo al otro rey.
Seguro de que Roberto no lo lograría, el enemigo le dio cinco oportunidades más. En todas lo venció.
Una tarde de lluvia Roberto se refugió en una caverna, triste y sin esperanza. Sentía que había decepcionado a su pueblo, a pesar de las oportunidades que había tenido para mantener la independencia de su reino.
Entonces, sobre su cabeza vio una araña muy pequeña que trataba de tejer su tela entre dos paredes. Roberto observó como en seis ocasiones la araña intentó tender el hilo de un extremo al otro pero no lo logró. «Pobre animalillo», pensó el rey,  «tú me entiendes porque sabes lo que son seis derrotas seguidas».
Pero entonces notó que la araña lo estaba intentando de nuevo y observó con gran interés lo que ocurría. «¿Volverá a fallar?» se preguntó.  Pero en la séptima ocasión la araña consiguió su objetivo y siguió tejiendo. Inspirado por esta hazaña pensó, «Si ella lo hizo y lo logró, ¿por qué no pruebo yo una carrera más?»
Con ánimo renovado fue en busca del monarca enemigo y le pidió una última oportunidad para conservar sus tierras.
-Te prometo que si en esta ocasión pierdo, me iré para siempre a las montañas y no me volverás a ver – le informó.
-Pobre ingenuo.  Te la daré para mostrarte que las tierras no son para ti -respondió confiado el contrincante.
En la séptima carrera Roberto puso todo su entusiasmo. Su caballo parecía compartirlo con él. Uno y otro dieron lo mejor que tenían de sí hasta casi perder el aliento. Para sorpresa de todos, fueron los primeros en llegar a la meta.
El otro rey admiró la perseverancia del contrincante.
Como hombre de honor que era reconoció la independencia del otro reino. Hasta la fecha quienes viven allí recuerdan a la esforzada araña que inspiró la última carrera.

El valor de la perseverancia, se refiere a dos actitudes diferentes pero relacionadas entre sí aplicables a la generalidad de las personas. La primera es el esfuerzo continuo en una tarea, el trabajo que se hace a diario par obtener el objetivo que nos hemos trazado. La segunda es la capacidad de sobreponerse al fracaso y retomar el camino todas las veces que sea necesario hasta ver que las acciones rinden el fruto que esperamos. Además intentarlo repetidas veces informa a nuestro cerebro la mejor manera de hacer el trabajo y la práctica hace al maestro.

Fuente: Valores.com

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *