No podemos encerrarlos

Los niños no quieren y nunca podrán adaptarse al mundo que queremos enseñarles. En su subconsciente ya llevan la marca del orden global, del sistema integral que nos hermana y nos dice que yo necesito de todos y ellos necesitan de mí. Tienen impreso ya el sello de que cada ser humano por su propia voluntad debe garantizar el bienestar del otro como si fuera su hijo. No podemos encerrarlos, esclavizarlos a nuestras teorías obsoletas separatistas, de competitividad por la supervivencia, de querer adquirir cosas para ser mejores que los demás. Estas solo han aislado a los individuos y nos han conducido a crisis tales que hemos perdido consciencia del valor de la vida.  La única fórmula es la cercanía con el otro, la sonrisa, corresponder, pertenecer. 

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