Los chinos que convierten la suciedad en arte

Cuando leemos este tipo de noticias sobre el medio ambiente o a través de la radio o la televisión, necesitamos comprender y diferenciar, las causas y el efecto de la contaminación.  Y no somos capaces de comprender el problema.
Vemos como el objetivo de los ambientalistas es equilibrar el ambiente con el fin de volver a un estado satisfactorio, ¿Acaso el ambiente es el culpable de la contaminación?

Todo desequilibrio en la naturaleza es generado por el humano, y es aquí en donde debemos crear un equilibro en nosotros, en el nivel humano y no en la naturaleza.
Debemos cambiar nosotros mismos y solo será posible con una nueva educación que nos revele las conexiones y dependencias que existen,  porque todos somos parte de un mismo sistema llamado vida y aun no somos consientes de ello.

En el año 2013, Pekín tuvo solamente 25 días de aire de «buena» calidad.

Los chinos que convierten la suciedad en arte3Las mediciones se realizan en base a estándares estadounideses y demuestran que la polución es el problema más urgente que afecta a la población china.

En la capital del país, una ciudad cubierta de esmog -niebla mezclada con humo y partículas en suspensión, propia de las urbes industriales-, en la que miles de personas llevan a diario máscaras para protegerse de los gases tóxicos, la calidad del aire a menudo alcanza niveles peligrosos para la salud. En enero del 2013, por ejemplo, se excedieron los estándares normales. Los usuarios de internet lo llamaron el «airepocalipsis».

Aún así, muchos de los artistas del país encuentran inspiración en la contaminación. Y a través del arte tratan de llamar la atención sobre el tema, de protestar y, en algunos casos, de buscar soluciones.

En abril del 2014, Liang Kegang, de 46 años, viajó al sur de Francia por negocios. Impactado por el contraste entre Europa y China, volvió con aire de la Provenza, región al sur del país, almacenado cuidadosamente en un tarro sellado con gomas.

Chen Guangbiao repartió en las calles de Pekín latas de "aire limpio" entre los viandantes.

De regreso en Pekín, Liang vendió el aire en una subasta por 5.250 yuanes (US$845). El aire limpio era ya un bien con el que comerciar. «Estaba bromeando a medias y también tomando una posición seria sobre la contaminación del aire», dice, hablando desde su oficina en Pekín, donde dirige un museo de arte.

A Liang no sólo le preocupa su salud, sino también el bienestar de sus dos hijos. Se crió jugando en la playa en la ciudad costera de Qingdao. Sus descendientes no tienen ese lujo en Pekín. Deben permanecer en interiores.

«En casa cierro todas las ventanas», explica el artista. Y añade que su hija de siete años sufre un catarro crónico y tiene faringitis. «No tengo ni idea de cómo nos perjudicará en el futuro. Me preocupa mucho».

Sociedad del esmog

La contaminación es un arma de doble filo. La industrialización vertiginosa de China salió bien en sólo una generación y ha sacado a millones de la pobreza. Aún así, el mismo milagro económico ha causado estragos medioambientales. No es solamente el aire: casi el 60% del agua subterránea en China está contaminado, así como el 19% de la tierra cultivada, según el Ministerio de Medioambiente del país.

"Combatir la contaminación puede comenzar por uno mismo", explica Ellis. "Creo que es algo que se puede abordar de forma individual, más que una cuestión más política, que implica lidiar con la censura y requiere de la participación de una multitud". La contaminación se ve a menudo como un problema no político en China, a diferencia del llamamiento a la democracia y a favor de los derechos humanos. Y esto permite a los artistas expresar libremente sus angustias e indignaciones. Aún así, el hecho de que gente de a pie piense que puede protestar, y sufra a diario y manifiestamente por los residuos tóxicos, podría resultar en una de las amenazas más grandes para la hegemonía del partido comunista. También se está convirtiendo en una cuestión mortal. En el 2012 un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico predijo que 3,6 millones de personas sufrirán una muerte prematura por contaminación en el 2050, mayormente en China e India. Roosegaarde no quiere "capitalizar la miseria ajena". Aún así, el artista cree que se puede producir belleza de la infamia. En este caso, Roosegaarde pretende usar el esmog aspirado en el parque para crear piedras similares a los diamantes. Con ellas hará anillos que pondrá a la venta y cuyos beneficios se destinarán al proyecto principal, el de la torre de vacío que emanará aire limpio. "Lo último que quiero es poner arte en un museo con un cartel de No tocar", dice. "Al comprar un anillo se dona aire limpio. Es fantástico que una crisis como esta nos obligue a ser creativos".

China es el productor y consumidor líder de carbón; por sí solo representa aproximadamente la mitad del consumo global. Y no hay indicios de que el país tenga intención de frenar: a pesar de las promesas del gobierno para abordar la contaminación, el desarrollo sigue estando en la cima de las preocupaciones del Partido Comunista de China.

El país es ya la fábrica del mundo, en el que se producen bienes baratos a consumir en Occidente. Para ilustrar esto y completar su obra de arte, Liang pretende vender un recipiente con aire contaminado de China en Francia.

El artista quiere invitar a los niños de la capital a recoger aire con él, para que «detrás de cada tarro de aire haya un niño y una historia». Liang insiste en que se trata de un problema global: «Mientras la gente de Europa vive respetando el medioambiente, lo hace en base al sufrimiento de la gente de China».

Un proyecto en Europa

Daan Roosegaarde es un artista europeo tratando de marcar la diferencia. Reparte su tiempo entre Shanghái y los Países Bajos y no es sólo un recipiente con aire lo que le ocupa. Su ambición es crear un «oasis», un parque al aire libre sin esmog en Pekín.

Arte-En-China-Entorno

En el 2013, un colegio internacional en la capital china acaparó los titulares cuando construyó una cúpula gigante de US$5 millones, con filtros de aire, para que los niños pudieran jugar en su interior.

Sin embargo, Roosegarde, la empresa asociada ENS Europe y Bob Ursem, expertos en nanopurificadores de aire -productos que reaccionan ante la radiación solar y eliminan del aire elementos perjudiciales para la salud-, quieren dar un paso más. Están creando una torre de vacío, en el que filtros iónicos eliminarán partículas de esmog, y emanará aire limpio. El dispositivo, algo parecido a una aspiradora gigante, creará un vórtice de aproximandamente 40 por 40 metros, con aire a una presión alta. Según Roosegarde, el parque tendrá 70% menos smog que el resto de la ciudad cualquier día.

«Será un lugar en el que la gente pueda respirar, reunirse e intercambiar ideas», explica Roosegaarde. Hace de tripas corazón y admite que no es la solución, ya que ésta requiere iniciativas como reducir la cantidad de coches y cerrar de fábricas. Pero cree que el proyecto proporcionará alivio y dirigirá la atención hacia el tema de la contaminación. Los medios han apodado al grupo de Roosegaarde como «los caza esmog» o «los soldados del aire limpio».

Todavía está por ver si consistirá en una artimaña publicitaria o en algo tangible que marque la diferencia (la inauguración del parque está prevista para el siguiente año). Pero el hecho de que Roosegaarde esté siendo apoyado por el gobierno de Pekín, que puso recientemente en marcha un proyecto de US$22 millones para liberar a la ciudad del esmog para el 2017, demuestra que son tiempos de cambio.

Humo y cortinas de humo

Durante años el Partido Comunista de China ocultó el verdadero alcance de la contaminación. En 2010 y 2011, la embajada de EE. UU. en el país registró el 80% de los días en la capital como dañinos para la salud o peor; y aún así el gobierno chino anunció que la calidad del aire era buena casi el 80% de las veces.

Sin embargo, la indignación pública ha encontrado salidas. Matt Hope, un artista británico que reside en Pekín, diseñó recientemente una bicicleta que combate el esmog emitiendo aire limpio mediante el pedaleo. En una de sus más impactantes imágenes, el fotógrafo Wu Di capturó una niña joven frente al Templo del Cielo en la capital china. De su boca cuelgan, como si de una trompa de elefante o una protuberancia aberrante se tratara, 445 mascarillas blancas. Éstas representan la suma de las mascarillas que la niña necesitaría llevar en 2030, el año en el que el gobierno ha prometido que el aire cumplirá los estándares internacionales.

Las protestas pueden ser subidas de tono. Este año los estudiantes de la Peking University colocaron sigilosamente mascarillas en las estatuas de personajes históricos a lo largo del campus. Hay parejas que han posado vestidos de boda y luciendo sendas mascarillas. Y el año pasado el artista Kong Ning se fotografió con su obra «Smog Baby» frente al icónico retrato del presidente de la República Popular China, Mao Zedong, que cuelga en la plaza de Tiananmen.

No solamente la contaminación del aire ha demostrado ser inspiradora. El artista de Pekín Yin Xiuzhen debutó en la ciudad sureña de Chengdu con su muro de hielo, titulado «Washing River» (lavando el río, en inglés). Yin recogió el agua de ríos contaminados y la congeló, formando bloques de hielo inmensos. Después pidió a los espectadores lavar los bloques usando agua limpia, como una invitación a deshacerse de los pecados medioambientales.

De críticas a soluciones

En el 2010, Greenpeace organizó una exposición fotográfica en Pekín llamada «Esperanza y Dolor: Exhibición de la Contaminación del Agua a lo Largo del Yangtzé». Ésta recogía los trabajos realizados por el gran fotoperiodista estadounidense William Eugene Smith, quien se mudó a Japón en los años 70 para grabar los efectos devastadores del envenenamiento por mercurio, junto con fotografías de Lu Guang, un fotógrafo contemporáneo que retrata la contaminación industrial en China. Asimismo, el artista estadounidense Joey Foster Ellis, quien residió durante un tiempo en Pekín, creó una escultura interactiva plegable sobre ruedas. Su papel era comparar pasado y presente y representar la movilización como una potencia para el cambio y la esperanza.

«Combatir la contaminación puede comenzar por uno mismo», explica Ellis. «Creo que es algo que se puede abordar de forma individual, más que una cuestión más política, que implica lidiar con la censura y requiere de la participación de una multitud».

La contaminación se ve a menudo como un problema no político en China, a diferencia del llamamiento a la democracia y a favor de los derechos humanos. Y esto permite a los artistas expresar libremente sus angustias e indignaciones. Aún así, el hecho de que gente de a pie piense que puede protestar, y sufra a diario y manifiestamente por los residuos tóxicos, podría resultar en una de las amenazas más grandes para la hegemonía del partido comunista.

También se está convirtiendo en una cuestión mortal. En el 2012 un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico predijo que 3,6 millones de personas sufrirán una muerte prematura por contaminación en el 2050, mayormente en China e India.

Roosegaarde no quiere «capitalizar la miseria ajena». Aún así, el artista cree que se puede producir belleza de la infamia. En este caso, Roosegaarde pretende usar el esmog aspirado en el parque para crear piedras similares a los diamantes. Con ellas hará anillos que pondrá a la venta y cuyos beneficios se destinarán al proyecto principal, el de la torre de vacío que emanará aire limpio.

«Lo último que quiero es poner arte en un museo con un cartel de No tocar«, dice. «Al comprar un anillo se dona aire limpio. Es fantástico que una crisis como esta nos obligue a ser creativos».

Fuente: BBC

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