LOS COLORIDOS BARRIOS DE BUENOS AIRES

«Señorita se le cayó un pétalo». Ese es uno de los tantos piropos que un porteño puede decirle a una mujer en Buenos Aires. Están, por supuesto, los monumentos, la arquitectura, los museos, los parques, el cementerio en plena ciudad, bares, teatros, pero el alma de Buenos Aires está en su gente. 

Puerto de entrada al país, la capital argentina siempre ha sido el gran colador que retuvo inmigraciones sucesivas: italianos y españoles en su mayoría, pero también sirios, libaneses, vascos, alemanes, franceses, polacos, rusos y, más recientemente, chinos, japoneses, peruanos y bolivianos. Y algo de ese batido de culturas, de ese cartel de bienvenida, de esa felicidad de empezar de nuevo y de esa melancolía por dejar atrás una vida, sigue latiendo en esta metrópolis multicultural.

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Al porteño le gusta sentirse hijo de europeos, y de alguna manera lo es. Se nota en algunos edificios de indudable inspiración francesa y en la mesa donde, por fuera de la sagrada vaca argentina, ganan los platos italianos: pizzas y pastas son parte del menú cotidiano.

Si bien hay mucho para ver, son cinco los lugares imperdibles: el centro y San Telmo, Puerto Madero, La Boca, Recoleta y Palermo. La Plaza de Mayo, escenario de los momentos históricos, puede ser un buen principio. Allí están el Cabildo de 1810, la primera casa de gobierno, la actual que es la Casa Rosada, y la Catedral Metropolitana. 

La Avenida de Mayo se abre desde la Plaza de Mayo y termina 10 cuadras más adelante en el Congreso Nacional. Esta avenida, que supo ser enclave preferido de los inmigrantes españoles, cuenta con varios edificios históricos como el Café Tortoni, fundado en 1858, donde Borges solía ir a tomar un café con leche y leer, y donde hoy ofrecen buenos shows de tango.

La calle Defensa, que también nace en la Plaza de Mayo, conduce al barrio más antiguo: San Telmo, el de los anticuarios, las veredas estrechas y las casas coloniales. Sábados y domingos se anima especialmente cuando Defensa se vuelve peatonal y se llena de puestos de artesanos. En la Plaza Dorrego se arma una gran feria de antigüedades y bailarines de tango toman la calle e invitan al que pasa a bailar una pieza.

La Boca y Puerto Madero quedan muy cerca de San Telmo. A Puerto Madero se puede ir a pie. Este barrio, nacido en los años noventa del reciclado del puerto, ha conservado intactos los antiguos docks ingleses de ladrillo rojo y se le han sumado modernas torres y hoteles de lujo como el magnífico edificio de César Pelli, el Museo Fortabat, el Faena hotel diseñados por Philippe Starck y el estético puente peatonal de la Mujer sobre el río, de Calatrava. Completan el paisaje la mejor área verde de la ciudad, con ondulaciones y flores multicolores, y veleros amarrados.

No muy lejos está La Boca, el barrio junto al Riachuelo donde desembarcaban los inmigrantes italianos a fines del siglo XIX y se instalaban en conventillos. Bajaban latas de pintura de los barcos para dar color a las paredes de chapa y, cuando se terminaba un color, seguían con otro. Esa sigue siendo la fisonomía de este barrio colorido que se puede apreciar en Caminito. 

En La Boca se vendió pizza por primera vez y nació uno de sus pintores más reconocidos: Benito Quinquela Martín. Hoy el arte está presente en un museo de ultradiseño, Proa, con muestras de vanguardia y un restaurante y bar desde donde se ve el puente de hierro Nicolás Avellaneda. Al lado está uno de los mejores restaurantes de la ciudad: Patagonia Sur. Cuando hay partido de futbol en Boca Junior, el barrio tiembla con los cantos y gritos de gol que vienen de la cancha. La Boca sigue siendo un barrio de trabajadores y sus vecinos imprescindibles para entenderlo.

En oposición, la Recoleta es el barrio de la aristocracia con su avenida Alvear, el hotel del mismo nombre, las tiendas de marca internacional y mujeres elegantísimas. Familias de alcurnia entierran muy cerca a sus deudos, en el cementerio que se ha convertido en atractivo turístico. 

Frente a él hay numerosos bares, entre ellos La Biela, con mesitas en la vereda bajo un ombú centenario cuyas larguísimas ramas deben ser apuntaladas con postes desde el piso. Los fines de semana la plaza se colma de espectáculos callejeros y puestos de artesanos. 

Aquí están el Centro Cultural Recoleta con muestras de arte de todo tipo y elBuenos Aires Design, un shopping destinado a la decoración. El Museo Nacional de Bellas Artes está frente al shopping. No muy lejos está el Malba (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires), un edificio ultramoderno con colección impresionante donde no falta Frida Kalho ni Tarsila do Amaral.

El Malba está muy cerca de Palermo, que tiene su gran área verde, con lagos, planetario y sendas exclusivas para bicicletas y rollers, pero también su zona de casas bajas donde vivió toda su vida Borges y que hoy es epicentro de la moda y el diseño. 

En los alrededores de la placita Borges, en la intersección de las callesHonduras y Borges hay tiendas de diseñadores jóvenes de ropa, calzado, bisutería, libros y objetos, además de bares y restaurantes. Su apodo reciente, Palermo Soho, resume su estilo vanguardista. Entre los varios restaurantes recomendables están las parrillas La Cabrera, La Retirada y Don Julio.

A Buenos Aires siempre se antoja volver, como dice el tango de Gardel.

Fuente: ngenespañol

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