Una variedad de amor menos egoísta

Comentario:

Este artículo viene a confirmar científicamente lo que hemos venido publicando desde el principio: el amor verdadero es el que damos a los demás, sin esperar recibir.  Está en el amor de una madre por sus hijos, del padre que permanece junto a su familia, viendo por sus necesidades, del verdadero Maestro por sus discípulos, del médico que quiere salvar la vida a su paciente, en las pequeñas acciones diarias que hacemos por los demás, deseando su bienestar.

Meditemos en esto, pensando cómo dar un poco de nosotros a los otros

AMOR MENOS EGOISTA

Estos descubrimientos no los vas a encontrar tan fácilmente en ninguna tienda de libros, como sabemos el amor romántico tiende a activar las mismas áreas de recompensa del cerebro como lo hacen las drogas, de ahí su capacidad para llevarnos a estados de locura. Sin embargo, un grupo de investigadores de la Escuela de Medicina de Yale, han encontrado que una variedad de amor menos egoísta, es decir, un verdadero deseo por la felicidad de otros, sin esperar recompensa alguna, que incluso apaga estas áreas del cerebro que se activan cuando los amantes se ven.

Cuando realmente deseamos el bienestar de los demás, no obtenemos el mismo tipo de excitación que cuando vamos a ver a la persona que nos gusta o de la cual estamos enamorados, porque no se trata de algo que tenga que ver con nosotros» dijo Judson Brewer,  profesor de psiquiatría de Yale y de la Universidad de Massachusetts.

Brewer y Kathleen Garrison, investigadora postdoctoral en el Departamento de Psiquiatría de Yale, reportaron sus descubrimientos en la revista Brain and Behavior.

Los nexos neurológicos entre estos dos tipos de amor, son muy claros cuando se escanearon con resonancia magnética en varios voluntarios que practicaban meditación. Los nexos del cerebro dedicados a la recompensa se activan enormemente cuando la persona ve la cara de su amante (o dependiendo el caso, cuando ven una foto de alguna droga que consumen). Éstos se apagan por completo cuando a un meditador se le pide que repita frases como «que todos sean felices».

Este tipo de meditaciones, cuyas bases se encuentran en el Budismo, ahora son muy comunes en los programas occidentales para reducir el estrés. La tranquilidad que brinda el deseo de felicidad para los demás, se puede ejemplificar en personas como la Madre Teresa de Calcuta o el Dalai Llama y es totalmente opuesto a lo que experimentan dos amantes que se pelean o se separan. Aunque ambos tengan sus propias recompensas.

El intento de esta práctica es considerar un amor puro, sólo ponerlo ahí y no esperar nada a cambio. Si te preguntas cuál es la recompensa de esto, sólo piensa en lo que sientes cuando ves a unas personas ayudando a otras, o tal vez podrías pensar en sostenerle a alguien la puerta la próxima vez que vayas a un café», dijo Brever.

Fuente: QUO

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