Los niños le dicen ‘no’ a la guerra

En principio todos deberíamos replantearnos lo que significa traer a un bebé al mundo. Es el milagro de la vida y como tal los padres deberían constantemente establecer cómo sostener la inocencia, las cualidades y la belleza natural que tiene cada niño.
Desde el principio debemos inculcarles los valores que nos caracterizan como seres humanos empáticos: el amor, el respeto, el agradecimiento. Después a medida que el infante sale al mundo debemos explicarle que si bien el ambiente no siempre tiene y no practica estos valores, que existe la violencia y el odio, no se supone que debe ser así, que es solo una cuestión temporal y que está en sus manos y en las nuestras realizar el cambio.
Estos niños colombianos han iniciado el cambio diciendo NO a la violencia, a la guerra. Sin embargo, como no somos seres fragmentados es necesario que todos escuchemos su voz y digamos NO al desamor, al egoísmo y la discriminación.  Unidos podemos cambiar nuestro entorno inmediato y al mundo.  

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“La guerra no es un juego ni de niños ni de grandes”, cantaron alrededor de 300 menores de edad junto al cantante latinoamericano Piero, en un acto para contar sus verdades del conflicto colombiano. 
 
Las voces de los niños se hicieron sentir el pasado 9 de diciembre en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo. Ellos venían de San Carlos y Necoclí, en Antioquia; Puerto Rico, en Meta y Jambaló, en Cauca, todos municipios donde se viven o se vivieron algunos de los hechos más violentos de Colombia. 

 
Junto a ellos estaban los cantantes Juan Carlos Estrada y Jairo Esteban Gómez, quienes ayudaron a componer las canciones que los niños elaboraron según sus vivencias, y el cantante argentino Piero. Este último trabajó con las canciones cuando ya estaban casi listas y cantó junto a los menores de edad las desgarradoras historias que tenían forma de fábula. 
 
En la historia, los niños se autodenominaron los colibríes y crearon personajes como cangrejos ermitaños que no querían abandonar sus tierras, caracoles que vivían felices en sus jardines y ciempiés alegres. 
 
Pero su mundo feliz se intranquiliza cuando, a mediados del siglo XX, llegan las langostas, animal que escogieron para representar todos los grupos armados. “El tronar de las langostas se oye a los lejos. Gritan, queman, hay que salir”, dice una de las 10 canciones. 
 
Con una visión poco usual, los niños hablaron de temas tan álgidos como desplazamiento forzado, reclutamiento, desaparición y hostigamientos pero siempre como si se tratara de tan sólo una fábula. Las balas ya no son balas sino “gotas de metal” que caen en los techos y atemorizan a los menores de edad y a los adultos. 
 
“La langosta lo acecha, lo distrae, lo intimida. Tienen a José el colibrí”. Ellos no saben las razones del reclutamiento forzado pero lo han padecido. 

Detrás de una composición
 
Si bien uno de los resultados que se tienen en mente es un disco con las 10 composiciones, la investigación es mucho más profunda. Desde inicios del 2012, el Centro de Memoria Histórica, el Instituto Colombiano de Bienestar Familia (ICBF) y la Corporación Opción Legal recorrieron los cuatro municipios de Antioquia, Cauca y Meta para hablar con los menores de edad. Todo con el propósito de que ellos mismos relataron lo que han vivido en el conflicto y la manera en la que creen que se puede salir de él. A esto lo llamaron “Caravana por la memoria”.
 
Durante ese tiempo, los investigadores acompañaron un proceso de talleres creativos en los que los niños armaron poemas y coplas, junto a los artistas colombianos Juan Carlos Estrada, Jairo Esteban Gómez e Iván Torres. “Descubrimos que ese era el lugar de expresión de ellos. Pensamos que necesitábamos eso para llegar a un público más amplio y contar lo que ellos nos contaron”, explicó María Luisa Moreno, investigadora del componente visual del proyecto.
 
Cuando los niños ya tenían esas composiciones armadas, Piero viajó desde el 23 de noviembre por los cuatro municipios en chiva, panga y lancha para hacer unos cuantos arreglos musicales y cantar con ellos, en sus propios territorios. 
 
“Siempre he ido a lugares donde uno se puede sentir un poco útil y donde tenga sentido cantar y compartir”, sostuvo Piero.
 
Después de  ello, se hizo el gran concierto en el Teatro Julio Mario Santo Domingo, junto a niños de Bosa, Usme, San Cristóbal y Ciudad Bolívar. Así se ejecutó la idea de un monumento sonoro, al que llamaron ‘La historia de las langostas y los colibríes’, dentro del proyecto ‘Las voces de los niños, niñas y adolescentes. Ecos para la reparación integral y la inclusión social’. “La idea de un monumento sonoro es que sea vivo. La gente no va a él sino que nosotros nos acercamos a la gente para que lo vea”, aseguró Moreno. 
 
De publicarse un CD, sería en el 2014. Así mismo, en el primer semestre de ese año, se divulgar el informe con los resultados de la investigación. 
 
Los sueños de paz
 
“Son muchas cosas que hay que superar pues cada niño es un mundo. Pero lo iremos metabolizando con el tiempo”, dijo Piero. 
 
Precisamente, la investigación se quiso centrar no en lo que padecieron estos niños sino en sus sueños. “Es saber cómo perciben el conflicto pero también la salida del conflicto. Cómo perciben una Colombia en paz”, aseguró Paula Ila, directora del proyecto. 
 
Es por esto que el repertorio de canciones hace una transición desde las violencias del conflicto hasta la resistencia y la paz. 
 
“Pero el mundo que me ofrecen las langostas… ¡No! ¡No! ¡No!”, dice una de las canciones. El concierto, una de las primeras fases del proyecto, terminó con un llamado a la paz y con la exigencia del respeto hacia todos los colombianos, especialmente a los menores de edad. “Yo no sé si tú lo sabes pero te lo digo, yo soy un territorio de paz”. 
Fuente: Semana

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