El cerebro siente «placer» con el dolor ajeno

Lamentablemente, tenemos esa parte de la naturaleza humana que siente deseos de venganza, revancha, violencia, ira, o desprecio.  Fuimos creados con todas estas fuerzas, sin embargo, también fuimos creados con el poder de la empatía, compasión y por encima de todo la posibilidad de discernir el amor, recibirlo y darlo. A través de la historia hemos visto que la humanidad nada ha ganado con los sentimientos negativos y gana más con los positivos.  
En este momento podemos recordar esa leyenda que cuenta del niño que dice a su abuelo que dentro de él cohabitan dos lobos, uno que es feroz, salvaje, que actúa por instinto y otro que es compasivo, inteligente, piensa antes de hablar y actuar. La pregunta del niño es, ¿cuál subsistirá?  La respuesta del sabio es: al que tu alimentes. 
Lo anterior quiere decir que podemos evitar la violencia televisiva, de las películas, de los juegos electrónicos, las revistas pero lo más importante, de nuestro trato con los demás. La humanidad ha sufrido bastante con los estragos de las grandes guerras, la torturas y asesinatos en el planeta. Ha llegado la hora de alimentar al lobo sabio

cerebro

Nuestro cerebro es cruel ya que disfruta del sufrimiento de nuestros «enemigos», así lo señaló un estudio publicado en el portal de Frontiers, donde explica que nuestro cerebro se estimula cuando presenciamos el dolor de quienes odiamos.

Según el estudio, las zonas del cerebro ligadas al placer se estimulan cuando presenciamos el dolor de aquellos que detestamos, sin embargo, cuando nuestro cerebro capta el sufrimiento de las personas que estimamos o nos agradan podríamos sentir empatía.

Para llegar a esta conclusión, se estudió por resonancia magnética a un grupo de hombres judíos a los que se les mostraron videos con personajes antisemitas y videos de personas agradables que eran torturados.

Al finalizar, se descubrió que la exposición del dolor de los antisemitas generó un aumento de las respuestas en las regiones asociadas con la observación del dolor físico (la corteza insular , la corteza cingulada anterior y la corteza somatosensorial), procesamiento de la recompensa (cuerpo estriado) y las regiones frontales asociados con la regulación emocional. 

El estudio también podría explicar el porqué del placer de la venganza.

Fuente: El Universal

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