Historia de bullying: Un tema de inspiración

¿Quién es responsable del bullying?  Ya lo dice este artículo: es una situación que ha estado presente en todas las épocas, en todos los tiempos.

El problema del bullying se agrava día tras día y todos somos responsables, porque empezamos en nuestros hogares, en donde elogiamos a unos, maltratamos a otros, comparamos y criticamos.  Los medios de comunicación nos dan pautas de belleza o de estatus, sin los cuales no eres digno de formar parte del grupo y por lo tanto tienes que ser despreciado, marginado.

Todos continuaremos siendo responsables mientras que no percibamos que todas las personas tienen su valor y dignidad, que formamos parte de un todo, y que como en un rompecabezas todas las piezas son únicas y necesarias. Mientras no tomemos consciencia de lo anterior, seguiremos sumergidos dentro de nuestro egoísmo, viendo solo para nosotros mismos, tomando solo de los demás sin dar nada a cambio, sin percibirnos como parte de una gran familia que solo unida, que solo junta podrá vivir para salir de la mediocridad. Mientras eso no suceda, el bullying seguirá produciéndose y solo cabe preguntarse si la siguiente víctima no seremos nosotros en el trabajo o nuestros hijos en la escuela.  Terminar con esta práctica que ofende a la sociedad es una prioridad. Es necesario ejercer una presión en las escuelas para erradicar el maltrato que provoca en ocasiones suicidios de niños y adolescentes. 

bully_foto

Intimidación, abuso de poder, maltrato. El acoso escolar o Bullying es un tema que ha cobrado popularidad en las últimas décadas debido a las consecuencias que trae para las víctimas de este comportamiento, entre las que se encuentran baja autoestima, actitudes pasivas, trastornos emocionales, problemas psicóticos, depresión, ansiedad, pensamientos suicidas, entre otros.

A pesar de que el Bullying se trata de un fenómeno cuyo estudio es relativamente reciente, no deja de ser tan antiguo como la civilización misma. No obstante, aunque anteriormente se consideraba una conducta normal y no un problema social, la razón de su importancia en los últimos años tiene su origen a raíz de los primeros casos de suicidio que comenzaron a aparecer en los medios de comunicación. Si bien, a pesar de la sobreexposición mediática que este tema ha tenido en la última década, no deja de poner constantemente en evidencia los estragos que el acoso escolar ocasiona. De esta manera se ha convertido desde hace décadas en una fórmula recurrente en la cultura popular, sobre todo en el cine, en donde las alusiones a este tipo de maltrato en los pasillos escolares son una referencia constante en gran cantidad de historias.

Quizás el ejemplo más claro de esto quedó plasmado con la película Carrie de 1976, en donde se cuenta la historia de una introvertida adolescente, Carrie White, quien sufre constantes humillaciones por parte de sus compañeros. Desafortunadamente para ellos, Carrie descubre que posee poderes telequinéticos, los cuales salen a la luz en cuanto ella manifiesta su ira, todo lo cual conduce a un final trágico el día del baile de graduación, cuando usa sus poderes en contra de toda su clase

Pese al sangriento desenlace del personaje creado por Stephen King y llevado a la pantalla grande por Brian De Palma, el tema del bullying era más bien frío, aunque era conocida la crueldad con la que los jóvenes llegan a conducirse contra sus compañeros tras los muros escolares. Por lo tanto, la ceguera dio paso a una especie de resignación cómica que tiene ejemplos variados en la década de los 80, en donde filmes como La venganza de los nerds o Lucas (también conocida como La inocencia del primer amor) limaban los bordes del abuso escolar con finales felices o hilarantes.
Así, hace aproximadamente 30 años, la presencia del abusador y sus víctimas en las aulas y patios de escuela seguía siendo un fenómeno que, a pesar de ser mal visto, no pasaba de ser un periodo de transición equiparado con los métodos de selección natural en el reino animal. Por otra parte, las condenas hacia este comportamiento se limitaban únicamente a regaños como si se trataran de travesuras sin mayor trascendencia y repercusiones, como tantas otras propias de niños y adolescentes. El concepto de bullying proviene de la palabra bull que significa embestir, aunque también se ha traducido indistintamente en algunos países de habla hispana como matón a agresor. El fenómeno fue bautizado así, en 1993, por el psicólogo escandinavo Dan Olweus, de la Universidad de Bergen en Noruega y primer estudioso en el tema, a partir de estudios realizados en los años 70 sobre el suicidio de algunos adolescentes. Olweus encontró que estos jóvenes habían sido víctimas de agresión física y emocional de parte de sus compañeros de escuela. Por su parte, la industria del cine consolidó, con este fenómeno, una formula de guiones que les aseguraron éxito en taquilla y en las últimas dos décadas el séptimo arte en su variante más comercial ha visto desfilar a una gran cantidad de personajes cuyas peripecias tienen lugar en los pasillos de las escuelas y al final logran imponerse a sus acosadores de manera más o menos triunfal, dependiendo del director y del guión.

De esta manera, existen los matones edulcorados como la omnipresente Regina George de Chicas Pesadas, o la triada liderada por la maquiavélica Courtney Alice Shane en Jawbreaker (titulada en México como Bromas que matan), a quienes Cady Heron y Fern Mayo, respectivamente, se imponen al final, perpetuando el triunfo del bien que a tantos les gusta ver ilustrado en el cine.
Sin embargo, hay historias más crudas detrás del bullying y en ocasiones la víctima no se conforma con darle una lección moral al abusador. Quien mejor para estos temas que el director Larry Clark, que en 2001 dirigió Bully, una película basada en hechos reales ocurridos en Florida, en donde un grupo de adolescentes decidió matar otro joven después de recibir constantes abusos de su parte.
De esta manera queda patente que por más amable que trate de abordarse este tema, tarde o temprano afloran sus devastadores efectos. En este aspecto, el ejemplo cinematográfico mexicano de este tema es palpable en el filme Después de Lucía, cuyo tagline o frase publicitaria es “Basada en Miles de Historias Reales… Tal vez La Tuya”, con la cual se pretende reflejar las dimensiones que el bullying ha adquirido en territorio nacional en la última década
De acuerdo con estudios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), México ocupa el primer lugar internacional en casos de bullying entre estudiantes de secundaria, al mismo tiempo que afecta a 40% de los 18 millones 781 mil 875 alumnos de primaria y secundaria, en instituciones educativas públicas y privadas. Mientras tanto, para quienes aún piensan que en el país este fenómeno está controlado, lo cierto es que en los últimos años ya se han registrado muertes por acoso y se ha extendido al terreno virtual. Por otra parte, en noviembre de 2012, un estudio de la compañía de seguridad informática McAfee indicó que el 47% de las jóvenes entre 12 y 16 años en México sufrió algún tipo de agresión a través de las diversas redes sociales.

No obstante, no hay que dejar de lado el papel protagónico que el bully o abusador tiene fuera del cine. De manera que éste tiene un lugar asegurado dentro de los estereotipos de la cultura popular, llegando a ser igual de importante que el protagonista sin llegar, por ello, a ser considerado como un villano en el estricto sentido de la palabra. En este caso, bien puede ser un personaje emblemático, como el caso de Nelson Muntz en Los Simpson, quien en compañía de Jimbo Jones, Dolph y Kearney son el terror de Bart Simpson y sus compañeros de escuela, aunque no por ello están exentos de debilidades y de gestos humanos, lo cual es de resaltar, tratándose de personajes animados. Así, en dibujos animados y en los comics la presencia del abusador sirve, no tanto para condenar, sino como punto de partida para los protagonistas de las historias. En un fandom dominado ampliamente por geeks que muchas veces han sido maltratados en la vida real, estos personajes de fantasía representan una fuente de inspiración y a la vez se convierten en el punto de fuga de la dura realidad que a menudo padecen sus seguidores.

Por lo tanto, el hecho de que el alfeñique de Manhattan, Steve Rogers, se convierta en la leyenda de la Segunda Guerra Mundial conocida como el Capitán América o que el mismo Superman esconda sus enormes poderes bajo el apocado e inofensivo aspecto de un reportero, no han hecho otra cosa que despertar la simpatía de niños y jóvenes de todo el mundo, quienes desde hace décadas ven en ellos un modelo a seguir.
Sin embargo, quizás el personaje más popular surgido de este ambiente de abuso es Peter Parker, quien tras ser mordido por una araña radioactiva se convierte en el superhéroe enmascarado Spider-Man, no sin antes darle su merecido a Flash Thompson, su némesis escolar. Aunque existen versiones de esta misma historia menos glamorosas, no por ello menos encantadoras, como el caso del personaje de culto, El Vengador Tóxico, un desafortunado adolescente que gracias a los desechos radioactivos que “accidentalmente” se encontraban afuera de su hogar se convierte en un tosco héroe que vence a villanos mediante estrategias que rayan en lo gore y absurdo.
Finalmente, no hay que olvidar que, aún tratándose de personajes fantásticos con poderes extraordinarios, las historias de bullying en este rubro no tienen que caer precisamente en lo ingenuo. Tal es el caso de la película sueca Let the right One In, en donde Oskar, un tímido niño aficionado a coleccionar noticias sobre asesinatos, es ayudado por Eli, una vampira con aspecto infantil, la cual le ayuda a hacerle frente a un grupo de matones que acosan constantemente al protagonista.
Fuente: Sinembargo

También te podría gustar...

1 respuesta

  1. Popo negro dice:

    No leí ni el titulo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *