«Jovenes Mexicanos entre el Rechazo Social y la carencia de Oportunidades»

Si algún órgano del cuerpo humano se encuentra enfermo, su diagnóstico, tratamiento y curación, no pueden ser examinados aisladamente; es necesaria una «visión de conjunto»  y además considerar que se trata de una persona enferma, «no un solo órgano enfermo». Es necesaria una visión integral de edad, raza, condición física general, hábitos, estilo de vida, etc. Estamos ante la manifestación externa de un cuerpo enfermo, no ante un órgano enfermo.

Igual dentro de una familia y lo mismo dentro de una sociedad. Nuestra visión debe incluir a todo el organismo en su conjunto. La situación y condición actual de una gran parte de nuestra juventud solo es un reflejo, un síntoma de que el organismo superior al que pertenecen se encuentra enfermo, no es posible ver este fenómeno de manera aislada. Muchas alertas surgen por todos lados, los jóvenes son solo una más, un síntoma más de que hay algo que necesita nuestra atención urgente, algo que es necesario cambiar, un síntoma de que TODO EL CUERPO ESTA ENFERMO.

El sistema en el que la humanidad ha basado su desarrollo está equivocado. La loca carrera cautiva de sus deseos ha llevado al hombre a la luna, ha erigido grandes obras, ha levantado hermosas ciudades con obras de ingeniería impresionantes, ha desarrollado tecnologías asombrosas.

Pero ha fracasado al no poder ofrecernos una vida plena, satisfactoria, pacífica y próspera para todos. No es muy difícil descubrir lo evidente, aunque a veces por ser tan obvio no lo notamos. El sistema actual de vida privilegia la competencia despiadada, el acumulamiento, la ambición, la lucha encarnizada por sobresalir y ser el único más exitoso.  Esto trae consigo que el sistema pierda su equilibrio y exista una acumulación de recursos en muy pocas manos y que una gran masa de la población carezca de lo elemental.

Se ha privilegiado el beneficio personal a toda costa por encima del beneficio colectivo. El sistema actual busca a toda costa  obtener más ganancias, más eficiencia, acaparar todos los recursos posibles a cualquier precio, como único fin, solo para unos cuantos. Esto limita las oportunidades y recursos destinados a todos

Gobiernos, empresarios, maestros, ciudadanos, toda la sociedad debemos de conocer y tomar el modelo de la naturaleza, del mismo cuerpo humano, su sistema de organización en donde cada órgano y cada célula trabaja solo para el bien de los demás para aplicarlo a la vida cotidiana. Y de esa manera en equilibrio encuentra su salud y bienestar

Urge un giro de 180 grados y movernos como sociedad en sentido opuesto para privilegiar el bien común por encima del bien individual. Paradójicamente al dirigir nuestros esfuerzos buscando el bien común garantizaremos el bienestar individual. Es imperativo reeducarnos y enseñar a nuestros niños dentro de este sistema de vida. Necesitamos aprender y enseñar el sistema de EDUCACION INTEGRAL como único medio para sanar.

jovenesmexico

Los jóvenes en México carecen, en gran medida, de oportunidades de educación, salud, empleo y participación social. El país requiere políticas públicas que los consideren sujetos de derecho, capaces de elegir y expresar sus necesidades e involucrarlos en las soluciones de sus problemáticas, expuso Fernando Aguilar Avilés, académico de la Escuela Nacional de Trabajo Social (ENTS) de la UNAM.

Se precisan estrategias de atención específicas, basadas en un enfoque de respeto a su integridad que involucren a funcionarios de todos los niveles y a las comunidades, para evitar que ser joven sea sinónimo de problemas, drogas, violencia y delincuencia, recomendó con motivo del Día Internacional de la Juventud, que se conmemora el 12 de agosto.

Como sociedad, al no ofrecerles oportunidades suficientes de empleo y educación, no les brindamos las herramientas que les permitan decidir sobre su futuro. El reto que enfrenta el Estado es incorporarlos a las instituciones educativas y al mercado laboral, subrayó.

Falta de oportunidades

El académico del Posgrado de Trabajo Social refirió que no existe un consenso institucional sobre los rangos de edad de población joven. De acuerdo a las cifras del Censo de Población y Vivienda 2010, en el país existen 29 millones 706 mil 560 jóvenes de 15 a 29 años y 40 millones 646 mil 497 con edades entre los 12 y 29.

Además, siete millones 337 mil personas entre 15 y 20 años ni estudian ni trabajan. En este contexto, crece la informalidad y el crimen organizado se convierte en una alternativa. Ante la falta de empleos y de acceso a la educación, toman otras rutas.

Esto no significa que todos los que están en situación de carencia opten por delinquir; si eso ocurriera, en el sureste, la región de México con un mayor porcentaje de población entre 15 y 29 años en situación de pobreza extrema, se registraría el mayor número de jóvenes involucrados en actividades ilícitas, explicó.

Realidad mexicana

El académico expuso que la juventud ha sido definida en términos ideales como el periodo que comienza en el seno familiar durante la adolescencia, continúa con la incorporación a la escuela para adquirir herramientas y habilidades que permitirán al individuo ingresar al mundo laboral, ámbito desde el que transitará a la edad adulta, con la conformación de una familia propia.

Sin embargo, en una sociedad tan desigual como la mexicana, esta trayectoria nada tiene que ver con la vida de millones. Hay miles de adolescentes que se convierten en padres a temprana edad, otros tantos que abandonan la escuela —principalmente en el tránsito entre la secundaria y el bachillerato— y también están los que deben incorporarse al mundo laboral antes de concluir la educación básica.

En la nación no puede hablarse de una juventud única. La manera en que cada quien vive este periodo se determina, entre otras cosas, por la condición de clase, de género y por el medio (rural o urbano) en que se vive. En este sentido, cada chavo tiene oportunidades distintas que le brindan herramientas para afrontarla de acuerdo a su realidad y posibilidades, señaló.

El Estado, las organizaciones y los actores sociales involucrados en la atención a este sector los conciben en dos extremos: o se espera todo de ellos o representan “el gran problema a resolver”. En el primer caso, se les responsabiliza del futuro del país, sin proporcionarles las herramientas necesarias para tomar sus propias decisiones. En el polo opuesto, se les considera motivo de conflictos, individuos en camino de conformar su personalidad que requieren control, vigilancia, y limitaciones.

A los que pertenecen a los estratos sociales marginados se les identifica con la violencia y la delincuencia organizada. Son criminalizados por su apariencia, edad, vestimenta y por radicar en colonias conflictivas. Frente al rechazo de las exigencias sociales, se asume que los jóvenes no quieren adaptarse al entorno que les rodea. Los adultos piensan que tienen el derecho de imponerles qué hacer, sin considerar que son capaces de tomar decisiones por ellos mismos.

Además de ofrecerles opciones de educación y empleo suficientes, es necesario incluirlos en la toma de las decisiones que los involucran, desde su barrio, calle y colonia, hasta en el diseño de políticas públicas. En las estrategias, programas y esquemas de atención a este sector, no existen instrumentos que les permitan participar para expresar sus inquietudes y necesidades, resaltó.

“Incluirlos en las decisiones que los atañen es la mejor forma de acercarnos, romper imágenes negativas respecto a ellos y construir soluciones en conjunto. De elegir otras alternativas, la solución de sus problemas tendrá un panorama poco optimista”, concluyó.

Fuente: UNAM

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