Aves en peligro de extinción

Imagen 1.- Águila Imperial Ibérica, (Aquila Adalberti). El águila imperial ibérica es una especie única, cuya población mundial se localiza exclusivamente en Andalucía, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Extremadura y Madrid. Recientemente ha recolonizado Portugal, donde se conocen dos parejas reproductoras. Entre las principales amenazas que la afectan se encuentra el envenenamiento, la electrocución y la escasez de alimentos.

Sevilla, 9 sept. /13 (EFE).- La población del águila imperial ibérica (Aquila adalberti) en Andalucía ha alcanzado este año las 89 parejas territoriales, lo que supone un incremento del 9,3 % de la actividad reproductora de esta especie respecto a 2012.

Imagen 2.- Guacamayo Jacinto, (anodorhynchus hyacinthinus). Las bandadas duermen en los árboles por la noche y por la mañana vuelan largas distancias para conseguir frutas, frutos secos, insectos y caracoles con los que alimentarse. Algunas especies también comen tierra húmeda, lo que les ayuda a neutralizar las sustancias químicas de las frutas y a relajar el estómago.

Los guacamayos se emparejan para toda la vida. No sólo se aparean juntos, sino que también comparten la comida y se acicalan juntos. En la época de gestación, las hembras incuban los huevos mientras el macho sale a cazar y lleva comida al nido.

Imagen 3.-    Gruya Coronada (Balearica  pavonina).  La época de reproducción depende de la localidad, pero en general suele ser de agosto a mayo. Construyen el nido en terreno pantanoso con juncos y fragmentos de plantas palustres. A veces colocan el nido en las copas de los árboles. Viven en parejas o bandadas, en las orillas de los ríos. En la época de las lluvias viven en parejas, mientras que en las restantes estaciones se agrupan en bandadas de más de un centenar de individuos que a veces, conviven con otros gruidos, como grullas comunes y damiselas.  Su vida cotidiana es muy regular: al amanecer abandonan los lugares donde han pernoctado y se dirigen a las estepas en busca de alimentos; posteriormente se trasladan a los bancos de arena de los ríos, donde beben y limpian su plumaje; al oscurecer, las bandadas se dividen en grupos menores que vuelan a sus refugios nocturnos. Pasan la noche posadas en el ramaje de las aves. Se encuentra amenazada por la pérdida de hábitat y por la captura para la domesticación o el comercio ilícito.

Imagen 4.- Avutarda india (Ardeotis nigriceps). En el Siglo 19, las bandadas de más de 20 aves eran un lugar común en los pastizales indios pero en los grupos de hoy en día es poco probable que el número sea de más de tres. Poco se conoce sobre el proceso reproductivo de la avutarda india. Aunque es posible que la cría tenga lugar durante todo el año, parece estar dictada principalmente por el monzón. Los nidos se encuentran en campo abierto y los machos no participan en la incubación o el cuidado de los jóvenes en desarrollo. Los novatos tienden a permanecer con su madre hasta la siguiente temporada de cría. Se trata de una de las grandes aves catalogada  como en peligro crítico ya que solo quedan 250 muestras de estas aves.

Imagen 5.- El Kakapo (Strigop  habroptilus) es el único loro que tiene un sistema de apareamiento Lek.  A principios de la temporada de cría (de diciembre a abril) los machos se reúnen por motivos de presentación, cuando una serie de depresiones en forma de cuenco se excavan en el suelo. Después de haber competido por el acceso a los mejores lugares, un macho se acomoda en un recipiente y luego comienza un ‘boom ‘ para atraer a las hembras. Esta extraña llamada, de muy baja frecuencia se puede escuchar hasta a cinco kilómetros de distancia, y obtiene su resonancia a través de la garganta inflable, sacos de aire, y los machos Lek – presentan también una gran llamada metálica, aguda «ching» . Después del apareamiento, las Kakapos hembra incuban los huevos y crían a los polluelos. Generalmente se producen de dos a tres huevos y los polluelos nacen después de 30 días. La madurez sexual no se alcanza hasta los nueve a diez años de edad y además la reproducción es irregular y lenta  – de cada dos a cinco años –  y es determinada por la disponibilidad poco frecuente de alimentos. Se encuentra amenazada por la colonización humana en Nueva Zelanda.

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