En busca del tesoro Adaptación de una fábula de Esopo (Cuento)

Dos hermanos tenían un dinero ahorrado y pensaban cuál sería la mejor manera de emplearlo para asegurar su futuro. Al recorrer juntos in camino que no conocían vieron un plantío de vides que estaba a la venta. Aunque parecía abandonado, llamaron a la puerta de la casa vecina y conversaron con el dueño de la propiedad.
-¿Por qué lo vende? –preguntaron.
-Lo compré hace tiempo porque decían en el pueblo que en alguna parte de este terreno estaba escondido un valioso tesoro. Lo busqué unos días pero no lo encontré. Me aburrí, me quedé sin dinero y ahora quiero irme a probar fortuna en otra parte, allá cruzando las montañas.
-¿Si compramos el plantío y hallamos el tesoro, será nuestro?
-Dudo que aparezca, pero hagamos el trato.
Los hermanos llevaron la suma acordada y a cambio recibieron la propiedad. Cuando tomaron posesión de ésta, todas las plantas estaban marchitas y el lugar descuidado. La tierra que las rodeaba estaba seca y compacta.
Los hermanos se pusieron a trabajar desde el primer día. Comenzaban cuando salía el sol y acababan al atardecer cuando éste se ponía.

Vid
Lograron retirar toda la basura y hojas secas acumuladas. Después humedecieron la tierra para que se aflojara y así empezaron a cavar con sus palas. En los primeros dos meses abarcaron apenas la mitad del plantío. Pero el tesoro no aparecía por ninguna parte y ellos seguían trabajando largas horas, buscando sin darse por vencidos.
Pasó más tiempo sin que tuvieran éxito. Pero un día notaron que algo estaba cambiando. Por una parte sus músculos se habían fortalecido, no experimentaban la fatiga de los primeros días, además sus manos y sus brazos ya eran poderosos. Por otro lado, al recibir agua suficiente y extender sus raíces por la tierra floja, las vides comenzaron a dar grandes racimos de uvas jugosas.
Había transcurrido un año. Un día se les ocurrió llevar las uvas al mercado y lograron venderlas bien. Pronto todos buscaban su fruta para preparar jaleas y mermeladas. Recuperaron el costo del plantío y siguieron ganando más dinero cuidando y sembrando su terreno a lo largo de los años. Cuando pasó el tiempo se dieron cuenta de cuál era el verdadero tesoro oculto en aquel terreno: la recompensa al esfuerzo y el trabajo continuos.  

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