Reservas marinas y población local

Una noche serena de agosto, Dortheus Mentansan se desliza por el océano en calma a bordo de una canoa con balancín y una linterna atada en la proa. Menudo, solemne y capaz de remar con la precisión otorgada por treinta años de práctica, Dortheus se considera descendiente del primer clan que se asentó en los alrededores de la bahía de Mayalibit, en el remoto archipiélago indonesio de Raja Ampat. Las nubes ocultan la luna, pero el pescador navega sin problemas.

Al poco rato, en el agua iluminada por la linterna aparecen unas formas grises; se trata de jureles que, con movimientos rápidos, desaparecen y emergen de nuevo. Dortheus dirige las presas hacia el entrante de un risco calizo, donde las rocas pardorrojizas forman un corral somero. La superficie del agua bulle con el chapoteo de dos docenas de peces centelleantes. El hombre desembarca, con el agua hasta los tobillos, y con una red triangular lleva los peces a la canoa, donde se golpean contra los laterales durante varios minutos, boqueando de forma mecánica.

Es un método de pesca implacable y que solo unos pocos forasteros, cinco según las cuentas de Dortheus, han visto alguna vez. La linterna parece anular el sentido de orientación de los jureles. Aunque algunos aldeanos utilizan ese método para capturar un número excesivo de peces, Dortheus toma solo los necesarios. Intenta dar ejemplo, ya que la sobrepesca ha agotado los lugares de puesta.

Çomentario:

Nuestra sociedad de hoy en día descarta el equilibrio; se burla de esa tendencia y siente temor de la interdependencia. De hecho,  avala y apoya lo opuesto, alaba los logros individuales en el deporte, los negocios, la política y la academia e idolatramos idolatra a los que han llegado a la cima. No prestamos atención a quienes contribuyen al bienestar colectivo y apreciamos el individualismo y la independencia.

Pero una sociedad que funciona de esta manera no dura mucho tiempo. Piensen en nuestros cuerpos humanos. Si nuestros organismos se condujeran con los valores que imperan en nuestra sociedad, no pasaríamos de la primera diferenciación celular en la etapa embrionaria. Tan pronto las células empezaran a formar los distintos órganos, comenzaría la pelea entre ellos por los recursos y el embrión se desintegraría. La vida no sería posible si cualquier parte de ella se adhiriera a los valores individualistas que hemos descrito. Es porque la vida, es decir la Naturaleza, se adhiere a las reglas de la homeostasis que podemos desarrollar y sostener nosotros mismos. (y que han) Dichas reglas evolucionado evolucionaron a tal punto que podemos meditar sobre la Naturaleza y el propósito de nuestra existencia.Ciertamente, no solamente solo los organismos, sino todo nuestro ecosistema planetario entero, incluyendo al cosmos, están en un estado de homeostasis. Cuando se rompe el equilibrio, sobrevienen las catástrofes. 

La homeostasis, según la define el Diccionario de la Real Academia de la Lengua: “Conjunto de fenómenos de autorregulación que conducen al mantenimiento de la constancia en la composición y propiedades del medio interno de un organismo. Autorregulación de la constancia de las propiedades de otros sistemas influidos por agentes exteriores.”

Hace dos años, su comunidad prohibió la pesca en una zona situada al norte, y la iglesia local ordenó a los aldeanos no pescar en sábado para que ciertos jureles, conocidos en la zona como lema, pudieran desovar. Tales acciones forman parte de un proyecto a mayor escala para que la población local gestione los recursos marinos y proteja la biodiversidad. Los conservacionistas han aprendido a las malas que si los habitantes no aceptan las medidas que les son impuestas, pueden ignorar cualquier norma. Esta enseñanza se ha llevado al extremo en los centenares de islas, arrecifes de coral y manglares de Raja Ampat, donde se ha ofrecido ayuda a individuos como Dortheus para liderar el proceso, diseñar programas de conservación, evaluar el uso de los recursos y hacer cumplir las normas.

Fuente: Investigaçón y Çiençia

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