La neurociencia de la pena ajena

¿Por qué nos sentimos mal si alguien «mete la pata»?

Estas en una reunión y junto a ti un compañero comienza a contar algo, pero justo tiene un pedazo de comida entre los dientes, irremediablemente las ganas de decírselo te inundan junto con ese sentimiento extraño que el saber popular ha denominado “sentir pena ajena”, pero ¿qué emoción es esta, por qué la sentimos aunque no seamos los protagonistas de la vergonzosa situación, por qué sólo nos pasa si nos cae bien o nos interesa?.

Núria Jar de agencia SINC se dio a la tarea de responderlo y encontró que estudios recientes demuestran que, ante alguien que pone en peligro su dignidad, se activan las mismas estructuras corticales que cuando sentimos compasión por el dolor del prójimo.

La neurociencia cognitiva ha investigado poco sobre la vergüenza ajena en comparación con otras emociones como la envidia, la compasión y los celos. El doctor Frieder Michel Paulus, científico alemán de la Universidad de Marburgo, forma parte de un equipo de investigación que ha estudiado en humanos esta emoción desde el punto de vista conductual y neuronal. El año pasado, en la revista de acceso abierto PLoS ONE , publicó junto con Sören Krach el trabajo Tus defectos me duelen, el primero de una trilogía.

Comentario:

La empatía entre nosotros es un fenómeno que se ha manifestado en los últimos tiempos. Todos  sentimos pena por alguien que puede ser motivo de burla o ridículo. Esta afirmación prueba que estamos todos conectados, que en lo más profundo de nuestra consciencia el destino de nuestros semejantes nos afecta y nos influye. Este conocimiento debemos aprovecharlo para intentar a partir de ahora abrir nuestros ojos para mirar a los demás con los ojos de quien descubre todo un tesoro. Si abres tu corazón todos los que te rodean tendrán algo que darte y tú puedes corresponder con una sonrisa amable llena de empatía

Imagina la siguiente situación anecdótica. Asistes a un congreso. Mientras estás sentado en un auditorio abarrotado de gente ves al presentador caminando por el pasillo con un trozo de papel higiénico enganchado en su bolsillo trasero. Antes de que puedas dominar la situación y alertarle de la atención no deseada de todo el mundo, te imaginas lo que pensaran los demás sobre él, y que será motivo de burla», comienza el artículo de Paulus. «La vergüenza ajena depende directamente de la perspectiva del observador”, comentó el científico alemán, durante una visita en Barcelona.

Su investigación continúa con un fragmento de la novela Las afinidades electivas del pensador alemán Goethe, publicada en el año 1809: “Cuando vivimos con personas que tienen un fino sentido del decoro, estamos en la miseria por su cuenta cuando algo impropio se ha comprometido”. El doctor Paulus cita el pasaje de su paisano germano porque considera que “ilustra el concepto de la empatía y la teoría de la mente que nos permite imaginar en qué piensan los demás”. Pero la inspiración para su trabajo es mucho más pop que una novela de Goethe, cuenta Jar en el artículo publicado en la agencia SINC.

La estancia Erasmus del joven Frieder Michel Paulus en la ciudad noruega de Bergen coincidió con el auge de los reality shows al estilo de Operación Triunfo, precursores de programas donde los espectadores disfrutan juzgando a los concursantes. Sus amigos se reunían delante del televisor para reírse de los fallos de los candidatos en las audiciones. Mientras todos disfrutaban viendo sus errores, él sólo sentía bochorno.

El diccionario alemán Duden, la versión germana de la Real Academia Española, no incorporó el concepto ‘vergüenza ajena’ hasta 2009. Por aquel entonces al doctor Paulus le faltaba una palabra para referirse a la  pena jena en su idioma.

De pena ajena

A pesar de que la pena ajena sea un neologismo en Europa central, un total de 619 alemanes de 24 años de media –480 mujeres y 139 hombres– participaron en los experimentos del grupo coordinado por Paulus.

Los voluntarios respondieron un cuestionario sobre la intensidad de sus sentimientos en situaciones embarazosas. Además, 32 de ellos se sometieron a imágenes por resonancia magnética funcional (fMRI, por sus siglas en inglés) para que los científicos pudieran observar que áreas cerebrales se activaan y encontraron que al percibir cómo otros destrozan sin pudor las normas sociales, el cerebro pone en marcha las mismas regiones que en momentos empáticos: la corteza insular y el córtex del cíngulo anterior, dos estructuras relacionadas con las emociones viscerales y la sensación de alerta, respectivamente.

Cuando tienes vergüenza ajena sientes empatía por alguien que pone en peligro su integridad al violar las normas sociales , se trata de una vergüenza empática”, dijo Paulus.

Susanna Carmona, investigadora del Laboratorio de Imagen Médica en el Hospital Gregorio Marañón, explicó que la corteza insular y el córtex del cíngulo anterior son regiones en la interfaz de la cognición y la emoción. Los escáneres cerebrales han mostrado la fuerte actividad de estas dos estructuras corticales cuando alguien siente compasión por el dolor ajeno, tanto físico como psíquico.

Siguiendo el mismo trazado neuronal de la empatía, el investigador Philip L. Jackson, de la Universidad de Washington (EEUU) ha indagado cómo los seres humanos perciben el dolor de los demás. Sus trabajos con neuroimágenes revelan un intercambio interpersonal afectivo en estas situaciones que activa las mismas rutas cerebrales.

Esta capacidad de ponerse en el lugar del otro le da a la mente humana una dimensión de cerebro compasivo, tal y como lo llama un equipo de investigación de la Universidad Politécnica de Helsinki (Finlandia). Uno de sus estudios, coordinado por Riitta Hari, también indagó en los sistemas espejo de los humanos. Se ha comprobado que son mucho más detallados de lo que se había pensado.

Nuestra respuesta afectiva hacia los demás depende de la propia habilidad de empatizar con los pensamientos y las intenciones ajenas. Y, además, reaccionamos de maneras diferentes en función de si percibimos o no el bochorno en el protagonista del momento ‘trágame, tierra’.

Según los resultados de las investigaciones de Paulus, el observador siente mucha más vergüenza ajena si el sujeto es consciente de su comportamiento ridículo, en comparación con las situaciones accidentales. El mismo resultado se invierte en personas con trastornos del espectro autista (TAE).

Este año, el equipo de investigación alemán ha publicado nuevos resultados sobre vergüenza ajena en un grupo de 32 personas con TAE. Estos individuos presentaban serias dificultades para ponerse en el lugar del otro, sobre todo en escenarios sociales complejos en los que alguien violaba las normas sociales adrede.

Nuestros resultados nos pueden ayudar a abordar un espectro más amplio de la experiencia afectiva y darle la importancia que merece en el desarrollo humano y los trastornos clínicos”, concluyó el doctor Paulus, que continúa con su cruzada de trasladar ideas de la psicología social a los escáneres cerebrales de la neurociencia.

Fuente: QUO

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