Responsabilidad del empleado

Se trata de una catástrofe cuya magnitud aumenta cada día. En el derrumbe del inmueble Rana Plaza, en la localidad de Savar, en Bangladesh, han fallecido al menos 500 personas, según las últimas noticias. El recuento de víctimas se puso en marcha hace más de una semana, con 87 fallecidos y 1.000 heridos. Ahora circula otra cifra y no presagia nada bueno. El número de desaparecidos ascendería a 1.000 personas, aunque puede que algunas se hayan contabilizado dos veces.

El complejo de ocho pisos, de los cuales tres se habrían añadido de forma ilegal, albergaba entre otros establecimientos una fábrica textil. Los obreros habían señalado a su jefe una serie de grietas en los muros, pero éste les obligó a ir a trabajar, amenazándoles con retener una parte de su exiguo sueldo.

Los importadores, en parte responsables

Se ha detenido al propietario del inmueble. Es lo correcto, por ser el principal responsable, aunque no es en absoluto el único. Por ejemplo, habría sido claramente preferible que las autoridades adoptaran medidas preventivas, teniendo en cuenta el estado peligroso en el que se encontraba el inmueble. Y también en otros lugares del país, porque el derrumbe de este edificio no es un incidente aislado. Las condiciones de trabajo abominables en Bangladesh se cobran vidas con demasiada frecuencia.                                                 

Este drama explica los precios de las prendas de vestir en algunos establecimientos occidentales. Como esas camisetas o esos bikinis que sólo cuestan unos euros. Es algo que podría hacer reflexionar al consumidor, pero la responsabilidad no puede recaer en él. La responsabilidad más bien recae en los importadores, que deberían controlar mejor que hasta ahora en qué condiciones se fabrican sus prendas.

Comentario:

Leemos ahora que las preciosas prendas que se exhiben en los aparadores de grandes tiendas son fabricadas bajo condiciones lamentables por obreros de la industria textil en los países más pobres en donde además se perciben sueldos miserables.  Consideren el precio que pagamos por una camisa o por los zapatos de marca que son fabricados por niños.  Una vez más nos enfrentamos a la explotación del hombre por el hombre.  Ante la magnitud del hecho, nosotros no podemos hacer gran cosa, pero no podemos continuar mirando hacia otra parte sin pensar que  en el mundo existen muchas injusticias de este tipo.  Estos hombres, mujeres y niños trabajan en condiciones infrahumanas para ganar su comida diaria.  Por lo menos podemos pensar en que necesitamos cambiar, transformar a nuestra sociedad por una que no nos enseñe a ser trabajadores sumisos y consumidores incansables. Recuerden el cuento del elefante:

El niño va al circo con su padre y se da cuenta que el gran elefante tiene una pata atada a una delgada estaca.  Pregunta por qué el elefante no escapa a su cautiverio, por lo que el padre le responde que se debe a que está amaestrado. Y explica luego, cuando pequeño lo ataron a la estaca y luchó por zafarse, pero era débil y no podía. Con el tiempo dejó de luchar, pero ahora, ya quedó impreso en su consciencia que no puede hacer nada si está atado a esa estaca.

Podemos cambiar el paradigma de nuestra sociedad de consumo, de la voracidad de los fabricantes, de uno por uno, reflexionando en ello.

La Unión Europea es el principal socio comercial de Bangladesh. Puede que la amenaza que esta semana han expuesto en una declaración la Alta Representante de la UE de Asuntos Exteriores [Catherine] Ashton y el comisario europeo de Comercio [Karel] De Gucht, haya tenido un efecto positivo. En dicha declaración advierten a Bangladesh que podría perder las ventajas de las que se beneficia por su estatus de país en desarrollo, como la exoneración de los derechos de importación en la UE.

Bangladesh puede perder sus ingresos por la UE

El problema con este tipo de medidas y sobre todo con el boicot, es que Bangladesh podría perder de este modo su principal fuente de ingresos y que sus actividades se trasladarían a otro país pobre en condiciones tan lamentables o puede que peores.                                                

La UE exige con razón a Bangladesh que respete las normas reconocidas internacionalmente sobre responsabilidad social corporativa o CSRCorporate Social Responsability. Pero también tendría que exigirlo a otros países. Los obreros, crispados, salieron a las calles de Bangladesh para exigir lo mismo en términos menos diplomáticos. Las autoridades bengalíes son las que deberían poner fin a estos escándalos.

Fuente: Presseurop

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