Cosas cotidianas que nublan la mente

Por qué algunas experiencias comunes pueden entorpecer nuestras funciones cerebrales.

Puertas

¿Alguna vez has entrado a una habitación con un propósito en mente y de pronto ya no recuerdas para qué? Resulta que las puertas en sí son la causa de esos extraños lapsus de memoria. Psicólogos de la Universidad de NotreDame descubrieron que pasar por una puerta hace que se active un fenómeno psicológico llamado umbral de sucesos, el cual separa una serie de pensamientos y recuerdos de la siguiente. El cerebro archiva los pensamientos que tuvimos al encontrarnos dentro de una habitación, y prepara una página en blanco para el cuarto siguiente.

Espacios abiertos

Cuando atravesamos terrenos donde no hay puntos de referencia visibles, como el desierto, tendemos a caminar en círculos. Aunque juraríamos que nos movemos en línea recta, en realidad lo hacemos dentro de un circuito que se va cerrando gradualmente hasta alcanzar unos 20 metros de diámetro. Estudios realizados por el Instituto Max Planck de Cibernética Biológica, en Alemania, explican la razón: con cada paso que da un caminante, se produce una pequeña desviación en sus sistemas cerebrales de equilibrio (vestibular) y de conciencia corporal (propioceptivo). Estas desviaciones se van sumando y hacen que la persona camine en círculos cada vez más cerrados. Sin embargo, esto no sucede cuando podemos volver a calibrar nuestro sentido de orientación usando como referencia un edificio cercano o una montaña, por ejemplo.

Comentario:

Interesante saber cómo funciona nuestra mente.  Lo que podríamos extraer como positivo para nosotros es que sería trascendental tener un objetivo, o como dijera León Tolstoi, gran escritor ruso:  “Ten una meta para tu vida entera, una meta para una fracción de tu vida, una meta para un periodo más corto, una meta para un año, una meta para un mes, una meta para cada semana, una meta para cada día, una meta para cada hora y para cada minuto”.

Esa meta ayudará a eliminar estos factores que nos nublan la mente, y esta meta podría ser: así como yo necesito de todos, todos necesitan de mi, por lo tanto, yo me olvido de mi mismo y pienso solo en los demás.  Está claro que si todos lo intentamos tendremos a las personas que nos rodean pensando en nuestro bienestar.

Sonidos agudos

Si el molesto chirrido de un camión que se mueve en reversa te impide concentrarte, puedes estar seguro de que la culpa del atolondramiento es una falla evolutiva. Los sonidos naturales se generan a partir de una transferencia de energía (por ejemplo, al golpetear un tambor con un palillo) y se disipan gradualmente. Nuestro sistema perceptivo ha evolucionado para usar esa disminución paulatina del sonido a fin de determinar qué lo produce y de dónde proviene. Los sonidos agudos, sin embargo, normalmente no cambian ni se van apagando poco a poco, así que nuestro cerebro tiene problemas para procesarlos.

Fuente: Selecciones

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