«El ruiseñor» (Hermoso relato)

Adaptación de un cuento de Hans Christian Andersen
Hace miles de años vivió en China un emperador sordo. Como no podía escuchar las voces de los pájaros ordenó que fueran castigados todos aquellos que no tuvieran un  hermoso plumaje. Un día su hija, Litay Fo estaba en el jardín y se emocionó mucho al oír a un ruiseñor que cantaba desde las ramas de un durazno por lo que decidió advertirle:
-Querido amigo, no debes estar aquí pues te aguarda un fuerte castigo –le dijo
-No importa, de cualquier forma con estas noches tan frías no podré vivir demasiado tiempo más – respondió el ruiseñor con tristeza.

Litay Fo decidió llevarlo a sus aposentos para cuidarlo y gozar de sus trinos. Pero, una mañana sin aviso, el emperador entró a la habitación de la pequeña y descubrió el pájaro.
-¡Huye para salvar tu vida! – gritó Litay Fo queriendo proteger a su mascota.
El pajarillo la obedeció. Sin embargo con el paso del tiempo la pequeña hija del emperador se empezó a debilitar por la tristeza de su ausencia. Éste hizo traer a un médico.

-No podemos hacer nada por ella – afirmó éste.
El padre recibió la noticia con gran preocupación pero aprovechando la visita del doctor le preguntó por su propia sordera, para ver si tenía algún remedio.
-Para ésta si existe una cura: consiste en aplicarle al oído el corazón caliente de un ruiseñor – indicó el médico.
-¡Qué busquen uno de inmediato! – ordenó el emperador.
Los hombres que trabajaban con el emperador le llevaron precisamente el amado pajarillo de Litay Fo. El pequeño animal entró volando a la habitación.
-Disponga usted de mi vida. Estoy seguro de que su hija se sentirá feliz si usted recupera el oído –ofreció el pajarillo al emperador a través de uno de los súbditos que escribía el mensaje para que éste pudiera leerlo.
Emocionado por la bondad de la minúscula ave los ojos del emperador se arrasaron de lágrimas.
-De ninguna forma. Prefiero seguir siendo sordo que hacerte algún daño –indicó.
El ruiseñor siguió viviendo en el palacio. Litay Fo se recuperó muy pronto de su tristeza y el emperador supo que aquel pajarillo era el más hermoso de todos, no por su canto, ni por su plumaje, sino por el bondadoso corazón que había salvado una vida y tendría que seguir latiendo por muchos años.
 
Un estado es gobernado mejor por un hombre bueno, que por unas buenas leyes. Aristóteles
El único símbolo de superioridad que conozco es la bondad. Ludwig van Beethoven

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