La historia de Sugata Mitra

La vida de Sugata Mitra cambió el día que metió una computadora en un hueco de una pared de un barrio en Nueva Delhi. El profesor de ciencias informáticas de una escuela privada quería saber si los chicos ricos a los que enseñaba eran naturalmente talentosos, como sus padres insistían, o si los niños pobres simplemente no tenían las mismas oportunidades. Dejó entonces esa computadora instalada en una pared, como un cajero automático, en un barrio muy pobre, reseña MashableCuando los muchachos con menos recursos empezaron a manipular la máquina, empezaron a difundir sus conocimientos para que todos pudieran usarla. Mitra se dio cuenta de que algo interesante estaba pasando, e instaló más computadoras en más barrios.

Se dio cuenta de que si hacía que las computadoras le preguntaran a los niños sobre cuestiones más difíciles, como por ejemplo sobre construcción de ADN, los resultados eran increíbles: Los niños podía descifrar temas complejos, siempre y cuando tuvieran un adulto que los orientara y reconociera el logro de los pequeños, “como una abuela”, dice Mitra. Inmediatamente automatizó el proceso, buscando voluntarios en el Reino Unido con Internet banda ancha y cámara Web que hablaran con los niños de los barrios. Llamó al proceso “la nube de los abuelitos”.

Los experimentos, pronto repetidos en todo el mundo, llevaron al científico a una nueva teoría de educación, que  llama SOLE (en inglés iniciales de Ambientes de Aprendizaje Autónomos): si se le da a los niños el medio, se le pregunta cuestiones serias y se incentiva sus esfuerzos por responderlas, los resultados son impresionantes. Por estos esfuerzos, y su plan de construir una “escuela en la nube” para los niños pobres de la India, Mitra se ganó, ayer en la noche, el premio de 1 millón de dólares que otorga la organización TED.

Comentario:

Es increíble de verdad encontrarnos con este tipo de estudios como el realizado por este profesor de ciencias informáticas  Sugata Mitra, que partiendo de una hipótesis casi intuitiva, ya que la mayoría de estudios apuntaban a lo contrario que este hombre encontró. Y uno de los puntos que más llaman la atención acá, es volver a comprobar cómo nuestro sistema educativo formal está lleno de contradicciones y de una serie de valoraciones que nos apuntan de nuevo como este sistema es absolutamente anacrónico y falto de una meta verdadera en cuanto a la realidad de lo que se puede y se necesita hacer.

Y una de las premisas en las que nos equivocamos normalmente cuando tratamos con niños es nuestra consideración, de parte de los adultos, a ver a estos  juzgándolos en base a su tamaño. Me explico, cuando vemos a un “pequeño niño” tendemos a pensar que su capacidad intelectual y cognoscitiva es equivalente a su tamaño, o sea que su intelecto es tan pequeño que necesitamos tratarlos como alguien con una capacidad muy pequeña y que no entiende nada, a no ser que sea llevado de la mano de un “adulto” o alguien grande y desarrollado y terminamos por subvalorarlos por su tamaño.

Hay un elemento que poco a poco va saliendo a la superficie en nuestros estudios sobre los niños y es como estos pequeños traen ya dentro de sí, podríamos decir, una “memoria colectiva” del conocimiento y la experiencia de la humanidad y creo este estudio apunta mas y mas a comprobar esta, por aun una teoría. Pero veamos un ejemplo que creo que todo padre, madre abuelo, tío, pariente o amigo, que haya tenido un contacto con los niños y no haya vivido la experiencia de haber comprado un televisor o un computador y mientras nosotros nos dedicamos a leer el manual de instrucciones y cuando volteamos a mirar vemos que el niño ya está viendo un programa o jugando con el computador o teléfono móvil etc., casi podríamos decir que ya traen con ellos, internamente un programa que los capacita para trabajar con estos aparatos.

Esto por un lado y lo otro que nos llama la atención es como una de las condiciones que hace posible que este aprendizaje entre ellos, los niños, es la de que la experiencia sea colectiva, con la intervención mínima de los adultos. Esta conexión que crean estos como un grupo hace que su experiencia se dinamice y cree una especie de campo de fuerza, donde el aprendizaje se dinamice y se comparta de una forma más natural, ya que una de las premisas que caracteriza nuestra educación tradicional, promueve como el motor principal y es la competencia acá está prácticamente ausente y es cambiado y promovido por otro que es la colaboración y el apoyo mutuo. Vemos pues como se pueden cambiar las condiciones educativas de una población si cambiamos nuestra antigua visión, nuestro paradigma de la metodología educativa, donde el rol del profesor es más un colaborador, no el sustentador de un conocimiento vertical y dogmatico y es reemplazado por un facilitador y a esto le agregamos un ambiente, un entorno no competitivo, basado en la conexión y la ayuda mutua. Este entorno de un grupo donde unos, los que entienden, les explican o discuten entre ellos cual puede ser la mejor manera de solucionar el problema, son más productivos que si la basamos en la competitividad y el individualismo.

Fuente: Noticias Montreal

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *