El influjo de la ciudad

La masificación en las urbes no cesa de aumentar. A su vez, crecen los hallazgos científicos de que la vida en las aglomeraciones repercute sobre la salud mental. ¿Qué sucede en el encéfalo de los urbanitas?

Los cambios culturales intensos del Renacimiento, la Revolución industrial y, sí, también las corrientes políticas de los siglos xix y xx hubieran sido impensables sin la existencia de las ciudades. La urbanización es, seguramente, uno de los cambios de mayor magnitud acometidos por la humanidad. Hoy en día, más de la mitad de la población mundial habita en urbes; en el 2050 la proporción alcanzará los dos tercios. Mientras Europa y Norteamérica se hallan ya suficientemente urbanizadas, ese proceso será rápido y determinante durante los próximos años en Sudamérica y Asia. En China crecen cada año megaciudades de más de diez millones de personas.(Si desea seguir leyendo favor de dar Click en el enlace)

Comentario:
Los que vivimos en las grandes ciudades, nos damos cuenta constantemente de la masificación de nuestras urbes. A pesar de que vivimos en sociedades hechas por millones de personas, nos movemos empujados más por egoísmos e intereses personales, afectando a todos los demás y sin lugar a dudas, claramente a nosotros mismos.

¿Es sana la vida en la ciudad? A primera vista, la respuesta parece afirmativa: en comparación con los habitantes del campo, la economía de los urbanitas resulta algo más boyante –al menos, según el promedio mundial–, disponen de más recursos en servicios sanitarios, además de una mayor oferta para alimentarse. Sin embargo, la otra cara de la realidad muestra que los ciudadanos de grandes ciudades soportan más ruido, viven en un espacio considerablemente más reducido y sufren un continuo ajetreo. A ello debe añadirse la fragmentación social así como la pérdida de figuras familiares de referencia. Tal cóctel de circunstancias ofrece un complejo sistema de factores de riesgo a la vez que protectores, cuyos mecanismos de acción biológicos y psicológicos todavía deben comprenderse.

Fuente: Investigación y Ciencia

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