Una ecuación desde el corazón

Comentario:

Cuantas veces nuestra lógica tiende a ser perfecta y racional como una ecuación matemática. Tal vez podemos afirmar que la mayoría de las veces la aplicamos. ¿Pero cómo podemos estar seguros de que nuestra lógica es infalible? Nos damos cuenta que nos equivocamos, muchas veces nos frustramos porque nuestra lógica falló y el resultado no dio sus frutos. Podemos entonces emprender otro cálculo lógico e iniciar una nueva empresa, tal vez con los mismos objetivos y si hemos aprendido, aplicaremos la lógica para no fallar nuevamente. 

Nuestra lógica no es contundente, como lo podemos suponer, si la comparamos con la lógica matemática; ésta nos parece siempre exacta, por esta razón intuitivamente cuando queremos llevar algo a cabo nuestro razonamiento imagina el objetivo planteado. 

Pero al aplicar la lógica a las sensaciones, a las emociones, parece perder su sentido, su estructura clara e irrefutable, porque nuestras sensaciones al manifestarse nos producen diferentes sentimientos que no podemos explicar con la lógica corriente. 

Para nuestro raciocinio, no es tan complicado entender lo que representa una ecuación matemática, a diferencia de lo que puede representar para nuestro intelecto un sentimiento. Esta es la cuestión: al no comprender los sentimientos llegamos a callejones sin salida; en muchas ocasiones nuestra racionalidad se ve afectada, lo que provoca estados de ánimo poco deseables. 

Es aquí donde la educación se debe poner en una balanza, por un lado la educación como la entendemos en la actualidad y la educación desde un nuevo enfoque que observe lo que es el ser huma por sí mismo y que representa ello para la sociedad en su conjunto. 

El planteamiento es delicado, pero es posible si las personas son conducidas de forma que puedan establecer relaciones entre sus sensaciones, sus sentimientos y el mundo que los rodea, cómo los afecta internamente y cómo esto afecta externamente al mundo. En suma esta es la parte más compleja. Por ello la educación se concentra en adiestrar al raciocinio, dejando de lado lo que es la persona en su interior en función de sus sensaciones. 

Por ello si somos capaces de entender lo que es una educación adecuada, centrada en la racionalidad emocional y no en una racionalidad puramente lógica, la naturaleza en sí misma debe presentar ante nosotros las reglas que rigen esta nueva lógica, y de esta forma podremos comprender de forma integral las matemáticas del corazón.

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