¿La bondad surge de lo oscuro del corazón?

Estudio encontró que gracias a la hipocresía evolucionó el altruismo. Los seres humanos somos bondadosos gracias a nuestras tendencias más siniestras e interesadas, de acuerdo con una investigación de la Universidad de Princeton y la Universidad de Arizona que sugiere que las reglas de la sociedad contra el egoísmo tienen sus raíces en la explotación.

El informe publicado en la revista Evolution propone que el altruismo – la protección de la sociedad de los recursos y el bien colectivo al castigar «tramposos» – no se desarrolló como una reacción a la avaricia. Si no que, el repudio colectivo a la codicia se originó cuando los individuos egoístas comenzaron a competir por el control y la anulación del otro. Con el tiempo, los esfuerzos directos de los “peces gordos” dominantes para contener unos pocos competidores se convirtió en un deseo de toda la comunidad para proteger su propio bienestar.


Los autores del estudio proponen que para nuestros antepasados, contar con un sistema de avaricia y codicia dominante era simplemente más fácil de manejar.

¿Sistema de dominio origina la bondad?

Para probar su hipótesis, los investigadores construyeron un modelo de simulación de cómo una comunidad soporta un sistema construido sobre el castigo altruista o o el castigo entre egoístas. Los autores encontraron que el altruismo exige mucho gasto inicial para el grupo – en términos de tiempo comunal, los recursos y el riesgo de represalias por parte de los castigados -, así como los niveles avanzados de aprendizaje y la cooperación.

Comentario:

Esta noticia revela algo que casi todos ya sabemos, pero le da base científica. Todo sabemos bien que una buena experiencia se hace con las elecciones equivocadas de la vida.

Y como muchas filosofías afirman: «la noche existe, para apreciar al día».  Todas las experiencias «obscuras» que hemos venido acumulando en el transcurso de los siglos pasados, nos está llevando hacia una nueva sociedad totalmente empática.

Entonces es gracias a los viejos egoísmos, que hoy hemos empezamos a experimentar la unidad entre nosotros. Y es a través de la fragmentación de la sociedad, que comenzaremos a trabajar en unión para construir un nuevo mundo integral.

Por otra parte, una construcción en la que los jugadores derrochadores mantenían a sus semejantes a raya involucra sólo a ciertos miembros de la comunidad, aunque todo el mundo puede disfrutar pasivamente de los beneficios de un menor número de personas que toman más de su parte. Al mismo tiempo, los individuos poderosos disfrutan del botín y, en algunos casos, de reverencias.

Como ejemplos sociales, los autores señalan en el reino animal las colmenas de avispas que cuentan con “policías” que se aseguran que ningún otro miembro, que no sea la reina, ponga huevos; o en la biología las células cancerosas en un sitio evitan la formación de otros tumores –claro antes de que ocurra la metástasis o división de la célula cancerosa- o en la historia los caballeros medievales que podían saquear a los sospechosos de apoyar a un enemigo del reino o los barrios dominados por la mafia italiana, que tradicionalmente tenían los niveles más bajos de delincuencia.

Lo que viene de estos acuerdos, concluyen los investigadores, es un sentido de orden y de igualdad que el grupo finalmente asume y cumple, lo que daría lugar al altruismo.

De esta manera, el trabajo desafía las teorías dominantes que los acuerdos sociales y la evolución de la sociedad a partir del consenso por el bien común desde una visión altruista, concluyeron Omar Eldakar, postdoctor de la Universidad de Arizona, ahora profesor asistente de Biología en el Oberlin College,  Andrew Gallup, ex investigador postdoctoral en Princeton en ecología y biología evolutiva ahora profesor asistente visitante de psicología en el Bard College, y William Driscoll, un estudiante de biología y ecología evolutiva de doctorado en Arizona.

Fuente: QUO

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