Primeros auxilios ante un ataque de asma

¿Cuáles son los síntomas de un ataque de asma y cómo ayudar a superarlo?

Aprender a reconocer las señales de que el asma empeora, tanto el propio paciente como su entorno, puede ayudar a iniciar el tratamiento de manera precoz y ahorrarse complicaciones y un peor malestar. Pero, ¿cuáles son estos signos que pueden poner en sobreaviso?

Para César Picado, consultor senior de Neumología y Alergia del Hospital Clínic-Universitat de Barcelona y director de la primera Universidad de Asma Grave, hay tres síntomas que tienen que poner en alerta: «El paciente se despierta por la noche con tos y dificultad para respirar (con ‘pitos’ o sibilancias); debe utilizar de forma continua la medicación broncodilatadora (como el salbutamol o terbutalina, entre otros), o necesita una mayor cantidad; y estos medicamentos no producen el efecto de alivio habitual». Otra señal que debe alarmar al paciente que se realiza mediciones domiciliarias de flujo espiratorio máximo es cuando este disminuye más de un 25% respecto a su nivel habitual.

Las crisis graves, en la mayoría de las ocasiones, son el resultado de un tratamiento insuficiente del asma

asma

No obstante, siempre es recomendable tener a mano, en un lugar de fácil acceso, el número de teléfono del médico, el especialista o el servicio hospitalario donde se hace el seguimiento al asmático, o de los servicios de emergencias 112 o el 061, por si la situación no mejora y hay que solicitar asistencia.

Y, ¿cómo se puede ayudar a una persona con un ataque de asma, mientras no llega la atención sanitaria? Para el especialista en asma grave, es importante «que permanezca sentada y que pueda apoyar las manos en algún lugar que le permita mejorar la respiración ayudándose con la musculatura del tórax, que esté en un sitio bien ventilado y si el afectado lleva un inhalador encima, administrarse varias inhalaciones seguidas».

Sin embargo, las crisis graves, en la mayoría de las ocasiones, son el resultado de un tratamiento insuficiente del asma, según Picado. La mejor prevención, por tanto, es un buen seguimiento de las instrucciones del médico y de la medicación prescrita. Además, por otro lado, tener información sobre la enfermedad está demostrado que mejora y previene las crisis.

Asma: cuidado con los resfriados y la gripe

Dentro de los posibles desencadenantes del asma están las infecciones respiratorias. A pesar de que las personas con asma no son más propensas a sufrir un resfriado o gripe, los efectos de estas dos infecciones pueden ser más graves, ya que su sistema respiratorio es más frágil. Un resfriado o una gripe pueden derivar en un ataque de asma y complicar los síntomas asmáticos. De hecho, los datos del CDC estadounidense (Centers for Disease Control and Prevention – Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) confirman que adultos y niños con asma, después de una gripe, tienen más probabilidades de sufrir otras infecciones respiratorias graves, como la neumonía.

En nuestro país, la campaña anual de vacunación antigripal busca proteger a las personas con mayor riesgo de sufrir complicaciones debidas al virus de la gripe. Por eso se recomienda su administración a todo aquel que sufra asma.

Medidas para frenar el contagio de la gripe y el resfriado

  1. Si se está enfermo, es mejor permanecer en casa.
  2. Al estornudar o toser, cubrirse la nariz y la boca con un pañuelo o, en su defecto, con el ángulo interno del codo o del hombro, no con las manos.
  3. Lavarse las manos con agua y jabón de forma frecuente y cada vez que se estornude, tosa o suene. También siempre después de ir al baño y estar en contacto con un enfermo, además de antes de ponerse a cocinar. Una correcta higiene de manos no solo evita enfermedades leves, como la gripe y el resfriado, sino que también algunas que pueden revestir más gravedad, como lameningitis, la bronquiolitis, la hepatitis A y la mayoría de las diarreas infecciosas.
  4. No manipular nariz, ojos o boca. Las enfermedades respiratorias se transmiten por el flujo de saliva y las microgotas que se expelen al toser, estornudar e, incluso, al hablar.
  5. Limpiar y desinfectar las superficies de contacto más comunes cuando hay algún miembro de la familia enfermo: teclado del ordenador, teléfonos, mesas o cualquier superficie que sea fácil donde se concentren los microorganismos. Hay que tener en cuenta, también, que el polvo es un buen agente transmisor.
  6. No saludarse con besos.
  7. No compartir alimentos, utensilios de cocina, como vasos o cubiertos, o textiles de higiene diaria, como toallas.
  8. Abrir las ventanas y dejar ventilar las habitaciones y que entre el sol.

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