La unión hace la fuerza

A un lado de la cadena se encuentra un centenar de cápsulas sin ninguna inscripción. Al otro, un palet de cajas perfectamente alineadas y etiquetadas. Entre los dos, una decena de robots de acero de brazos articulados que colocan minuciosamente los medicamentos en sus respectivos embalajes. Los operarios sonríen: las pruebas son concluyentes. Las máquinas en las que llevan meses trabajando con tesón en breve se podrán enviar a su cliente indio.

En esta fábrica casi nueva del grupo italiano Marchesini, a las afueras del sur de Bolonia, sus 700 empleados inventan máquinas que embalarán los medicamentos de Novartis, GSK o Sandoz. A 300 kilómetros al norte de Roma, en la región de Emilia-Romaña, la industria marcha a pleno rendimiento. Aquí se fabrican autómatas de más de una tonelada que se enviarán a Brasil, a China, a Sudáfrica… “Estamos muy expuestos a los países emergentes”, admite de entrada Guido Rossi, responsable de comunicación de Marchesini.

En el corazón de una Europa inmersa en medidas de austeridad que socavan sus capacidades de producción, el éxito industrial de Emilia-Romaña no se explica únicamente por las exportaciones enfocadas. “La fuerza de la industria local también se debe a las numerosas pequeñas empresas de la región, que forman un tejido a nuestro alrededor”, sostiene Massimo Marchesini, que fundó el grupo homónimo en 1974. Explica que esta estructura de pequeñas y medianas empresas tan unida permite dispersar los efectos de una crisis económica global.

Comentario:

Explica Daniele Vacchi que cuando estalló la crisis, se echaron la mano, confiaron los unos en los otros, compartieron un tejido de relaciones informales que no se escriben en contrato.

Una persona que entra de forma correcta en esta integración se beneficiará de ello. No solamente habrá recibido una lección de colaboración, sino que tendrá las habilidades necesarias para la supervivencia que dependerá de la capacidad de adaptación para entender qué es la integración, la interconexión, la garantía mutua, las concesiones, las conexiones y la unificación: la meta máxima de la humanidad.

Bienvenidos al “Packaging Valley”

Desde que Mario Monti y su equipo de tecnócratas asumieran el poder en Italia hace apenas un año, “las perspectivas a largo plazo de Italia han mejorado”, señala la OCDE en sus previsiones económicas publicadas la semana pasada. El paro se ha estabilizado, los tipos de interés de los préstamos del Gobierno a diez años se encuentran en su nivel más bajo desde 2010 y, según los analistas del banco Intesa Sanpaolo, la producción industrial registra una “estabilización global […] en el tercer trimestre, lo que detiene la tendencia a la baja constatada durante todo el año”.

Mientras en Europa se multiplican los anuncios de cierres de centros industriales (Peugeot, Petroplus, Alcoa, ArcelorMittal…), la fabricación de máquinas de embalaje de Emilia-Romaña constituye la excepción. La concentración de empresas activas en este ámbito es tal, que el perímetro de cien kilómetros alrededor de Bolonia se ha rebautizado como el “Packaging Valley”. Según un estudio de los bancos locales Carisbo y Banca Monteparma, este sector registraba en el primer semestre de 2012 un crecimiento del 9% con respecto a 2008. Entre 2000 y 2011, las exportaciones con destino a los países BRICS han aumentado un 260,4%.

La energía industrial de la región destacaba en otros tiempos por la producción de seda. Actualmente, se dedica al embalaje de café, de cigarros, de productos cosméticos, de pastas… Y de té. A las afueras de la capital del ragú, la fábrica del grupo IMA emana aromas de hierbas silvestres a los cuatro vientos. Caminando sobre cadáveres de bolsitas de té a medio atar, Daniele Vacchi, director de comunicación del líder mundial de fabricantes de máquinas de embalaje para infusiones, señala que “2011 fue el mejor de nuestros últimos 50 años. Y 2012 batirá todos los récords. Desde hace dos años tenemos demasiado trabajo…”. El número de empleados no deja de crecer: de 3.129 en 2010, han pasado a contar con 3.524.

“El término de ‘Packaging Valley’ es un modo rápido de describir un concepto complejo”, explica Daniele Vacchi en un francés casi perfecto. También piensa que “el arma secreta” de la región debe buscarse en las relaciones entre el centenar de minúsculas empresas. “Cuando estalló la crisis, nos echamos una mano mutuamente, confiamos los unos en los otros, compartimos un tejido de relaciones informales que no se escriben en contratos», explica este quincuagenario mientras tritura una bolsita rasgada. «La región ha sabido mantener a flote la economía: posee una cultura industrial histórica. Italia está asfixiada, pero Emilia-Romaña aguanta el choque”.

La alternativa del modelo industrial italiano

Mientras que en Francia el informe de Louis Gallois recientemente reactivó el debate sobre la industria francesa y sobre el hecho de que la economía alemana sigue siendo un modelo para Europa, la alternativa que presenta el modelo industrial italiano se deja a un lado con demasiada frecuencia. En Italia, los sueldos son más bajos que en Alemania, pero con los gastos sociales, el coste del trabajo llega a un nivel similar. Los sindicatos locales con los que nos pusimos en contacto afirman que temen la crisis y la amenaza de la precariedad de los obreros, sobre todo por el aumento de los contratos temporales. Sin embargo, reconocen que el sector del embalaje “no sufre las mismas dificultades” que el resto.

El buen estado de la industria de Emilia-Romaña recuerda que Italia posee aún recursos. Al menos es el mensaje que quiere transmitir un gran banco en las estaciones de Bolonia, Parma o Milán: “L’Italia merita ancora credito” [Italia se merece aún más crédito].

Fuente: Presseurop

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