“Indignados” de varios países inician hoy en México cumbre mundial; analizan sus experiencias

Representantes de grupos que participaron en distintas revueltas sociales y protestas en el mundo, desde la Primavera Árabe al movimiento del 15M de Madrid, iniciaron hoy en Ciudad de México una “cumbre mundial” de indignados. Según los organizadores, el propósito es “relatar y analizar las insurrecciones sociales y los movimientos de protesta que surgieron, entre 2010 y 2012″ y que se propagaron por las redes sociales en países como Egipto, Túnez, Siria, Libia, Marruecos, Grecia, España, Estados Unidos, Chile y México. “Lo que estamos descubriendo con esta experiencia de los indignados y los protagonistas de las primaveras árabes es que la tecnología puede servir para algo más que para entretener o para dar comodidad. Puede servir para transmitir ideas”, dijo el jefe de la oficina de la Internacional Socialista en México, Enrique Márquez, coordinador de la cumbre. Durante dos días, hoy y el lunes, una veintena de ponentes contará sus experiencias, analizará el origen y el impacto de los movimientos el papel de las redes sociales.

Entre los asistentes está Ramiro Guevara, hermano del guerrillero argentino Ernesto “Che” Guevara, que inaugurará la exposición de fotos “Cuando el Che era Ernestito”. Además participan el iraní Mohsen Emadi, el egipcio Mohamed el Gohary, la periodista y bloguera marroquí Chama Darchoul, el tunecino Jérôme Benoit y los españoles Manuela Sánchez, Luis Ramón García-Hevia y César Ruano, así como miembros del movimiento YoSoy132 mexicano, entre otros.

Los escritores mexicanos Jenaro Villamil, Paco Ignacio Taibo II y Fabrizio Mejía, junto con el productor Epigmenio Ibarra, hablará en una mesa redonda de “El mundo indignado e insurrecto: de la toma al abandono de la calle”. La cita se desarrollará en el marco de la reunión del presidium global y del comité americano de la Unión Internacional de Juventudes Socialistas (IUSY).

Comentario:

La globalidad de la sociedad y los cambios que han ocurrido en el mundo durante las últimas décadas indican que la humanidad se ha convertido en un sistema integrado, interconectado, como el resto de los sistemas en la naturaleza. Por lo tanto, las leyes que definen las conexiones mutuas entre lo elementos de la naturaleza se aplican ahora también a la sociedad humana. Hasta hace poco, sentíamos que cada uno de nosotros era una unidad más o menos independiente. Construimos una sociedad que le permitió a cada uno alcanzar el éxito personal, incluso cuando éste a menudo venía a expensas de los demás.

Pero la red de conexiones que se está desarrollando ahora nos indica que este enfoque ya no puede funcionar. El antiguo método se ha agotado, y ahora tiene que actualizarse. Para continuar avanzando debemos trabajar con un nuevo proceso funcional que ha tomado el control siguiendo el esquema de la globalización. Y para hacerlo, debemos conectarnos unos con otros y trabajar juntos.

La solución de nuestra crisis actual depende ante todo de nuestra capacidad de transformación y adaptación a la nueva realidad. Por esta razón, en todo el mundo la gente está comenzando a cambiar su comportamiento—sienten que sus gobiernos no están funcionando apropiadamente y no pueden proporcionar las soluciones a sus problemas. Muchos experimentan la necesidad de salir a la calle y reunirse con otras personas que tienen ideas semejantes.  Exponen diversas razones para tales reuniones, dependiendo del país.

Cuando un gran número de personas se reúne para protestar, experimentan una nueva sensación de empoderamiento. La unidad de los manifestantes coincide con las nuevas leyes del mundo globalizado. Esta congruencia añade fuerza a las protestas, frente  a la cual los gobiernos no pueden permanecer indiferentes. Sin embargo, para que las protestas tengan éxito, deben estar en armonía con la ley de la globalización. Cualquier solución que favorezca a un sector o facción sobre el otro es tan egocéntrica como el sistema actual, y por lo tanto está condenada al fracaso.

Hoy en día, cualquier grupo de presión que se beneficie a sí mismo a expensas de los demás sólo intensificará las luchas de poder que ya existen, y acelerará la decadencia de la sociedad y la economía de ese país. La nueva situación del mundo requiere que todos nosotros, desde el ciudadano común hasta los dirigentes, resolvamos nuestros problemas por medio de la deliberación, consideración y compromiso mutuo.

Fuente: Sin Embargo

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