Siempre que las personas se reúnan… (Relato)

Hace mucho tiempo en Europa Central se hallaba establecida una comunidad a la orilla de un gran bosque. Ahí vivían y trabajaban tranquilos y prósperos. A la cabeza de esta comunidad se encontraba un hombre muy sabio. Un día, él se internó en el bosque y encontró un claro rodeado de enormes árboles frondosos. Lo limpió e hizo algunos arreglos.

Unos días después invitó a todos los miembros de su comunidad a adentrarse en el bosque y llegar hasta el claro. Allí, los hizo sentar en círculo y en el medio encendió una enorme hoguera. Acto seguido, empezó a entonar unos bellos cantos con su profunda voz. Hasta el mismo Ser Supremo ascendieron el verde de los árboles, el calor de la hoguera, la belleza de los cantos, y se sintió tan complacido que Él descendió a sus corazones y llenó todas sus necesidades.

A partir de ese entonces, cada semana, la comunidad entera con el sabio al frente marchaba hasta el claro, se sentaban en círculo, el sabio encendía la hoguera y entonaba sus cantos.  Y a cada vez subían hasta el Ser Supremo, el verde de los árboles, el calor de la hoguera, la belleza de los cantos y Él se sentía tan complacido que bajaba a sus corazones y llenaba todas sus necesidades.

Pero desafortunadamente el sabio enfermó y al poco tiempo murió.  La comunidad entera se puso de duelo e intentaron continuar con sus vidas, pero algo les faltaba…  Así pues un día decidieron reunirse y marchar hasta el claro. Entre todos lo volvieron a limpiar, encendieron la hoguera y se sentaron en círculo. Se miraron unos a otros: nadie tenía una voz tan bella como la del sabio, pero entre todos empezaron a recordar las letras y la música y empezaron a cantar a coro. Nuevamente,  hasta el mismo Ser Supremo ascendieron, el verde de los árboles, el calor de la hoguera y la belleza de las voces que unidas entonaban sus cantos y aunque ya no se escuchaba la voz del sabio, Él se sintió tan complacido que descendió a sus corazones y llenó todas sus necesidades.

Hace mucho tiempo que la comunidad desapareció, el bosque y el claro ya no existen, pero el Ser Supremo no los olvida y dicen que en memoria de ellos, cada vez que hay dos o más personas reunidas en torno a una mesa, una sala, un café, y en sus corazones hay paz y amistad, Él desciende a sus corazones y llena todas sus necesidades.

Relato Anónimo

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