Tengo un hijo con problemas de conducta

El reporte de mala conducta en la escuela generalmente suele preocupar y angustiar a los padres porque generalmente se acompaña de menor inserción en el grupo de pares, menor apego a figuras de autoridad como docentes y directivos y menor respuesta a actividades académicas. Ello facilita que la comunicación de la escuela incluya comentarios acerca de posibles dificultades académicas en el futuro junto con la observación del impacto que podría tener en el entorno académico y social el sostenimiento de la mala conducta.

¿Qué hacer cuando la escuela reporta este tipo de problemáticas? En general, la escuela comentará que los chicos presentan una serie de comportamientos característicos entre los que se pueden mencionar:

–          Falta de apego a las actividades académicas y tareas propuestas

–          Menor respuesta a figuras de autoridad, conductas desafiantes y menor respeto por las normas de convivencia trabajadas en la institución

–          Poco respeto por los deseos de los pares y comportamiento hostil en relación a ellos con conductas que varían de acuerdo a la edad y pueden expresarse como mordidas, empujones y golpes

–          Tendencia a la irritabilidad cuando se contradicen sus deseos y baja tolerancia a la frustración

–          Poco respeto por pertenencias y opiniones ajenas

Por otro lado, se ha descripto reiteradamente que los problemas de conducta ocurren en hijos de padres permisivos o autoritarios y son poco frecuentes en padres que tienen un estilo de crianza llamado democrático. El estilo parental es una de las causas del desorden de conducta en los chicos- Frente a este reporte (que por lo general comienza con algunas notificaciones aisladas que se van incrementando a lo largo del tiempo y culminan en reuniones con docentes y directivos) los padres suelen mostrarse abrumados, preocupados, angustiados y confundidos.

Comentario:

Es cada vez más frecuente encontrarnos con artículos, noticias y estudios de cómo ayudar a los padres, para que pueden ayudar a sus hijos que han sido “diagnosticados” con ADD o síndrome de atención o trastorno de atención, lo cual conlleva según estos estudios a problemas de aprendizaje académico. Esto ha llegado a representar no solo un problema educativo, sino también familiar, el cual  estamos siendo incapaces de afrontar y aun menos de solucionar. En la forma en que estamos  tratando el tema de por sí, estamos demostrando cuán lejos podemos estar de una solución, si seguimos por este camino. Mirémoslo de esta manera: Lo primero que hemos hecho con nuestros pequeños es diagnosticarlos como enfermos, ya que “trastorno” se lo define como enfermedad o alteración de la salud. Si miramos sus distintos sinónimos tampoco nos deja lugar a dudas que los hemos diagnosticado como alguien que tiene, desorden, confusión, alteración, irregularidad, etc. Bien, digamos que esto es cierto, que el comportamiento que encontramos en estos niños no corresponde a los estándares establecidos como “normales”. ¿Y ahora qué? ¿Que hacemos con ellos?  Lo que hemos hecho hasta ahora ha sido “tranquilizarlos” con ritalin y otros medicamentos o simplemente con tratamientos psicológicos o siquiátricos, que llevan a lo mismo: tranquilicémoslos y que sean lo más “normal” posible.

Podemos, entonces ver, que el problema de la hiperactividad en los niños es un problema de nuestros días, el cual desafortunadamente hemos diagnosticado como una enfermedad o un trastorno. Podríamos entonces cambiar nuestro enfoque y mirarlo más como un fenómeno y ver y aceptar que es la norma. Lo cual nos lleva a analizar que nos encontramos ante el surgimiento de una nueva generación, la cual se mueve a una velocidad diferente y desde dentro suyo se mueven impulsos a una velocidad y cualidad diferente a la cual nosotros estamos acostumbrados y a la cual denominamos “normalidad” y bajo este parámetro antiguo los juzgamos sin darnos cuenta que los patrones de su conducta son diferentes. Me viene a la memoria un recuerdo de mi infancia para dar un ejemplo comparativo. Mi padre poseía una pequeña granja y allí criaba gallinas y patos. Resultaba que los patos no eran tan cuidados con sus huevos para empollarlos como las gallinas y mi padre decidió poner los huevos de los patos dentro del nido de las gallinas. Así, resultaba que a la gallina le nacían pollos de gallina y pollos de pato.

El instinto de los pequeños patos los llevaba irrefrenablemente a buscar el lago y sin dudarlo se metían allí y empezaban a nadar libremente. La pobre gallina revoleteaba alrededor del lago agitando alocadamente sus alas y cacareando sin parar, llevándola al desenfreno total, sin poder comprender nada de nada de la nueva situación. Creo que nosotros nos encontramos ante una situación muy parecida. Nos encontramos con nuestros hijos que no se comportan de acuerdo a la medida normal y revoloteamos desesperadamente tratando de encontrar una solución y lo único que encontramos a la mano, tendida y atenta de los médicos, psiquiatras y psicólogos, dispuesta a anestesiar y adormilar a nuestros pequeños polluelos de patos, que quieren nadar libremente en el lago del nuevo programa de la naturaleza evolutiva que clama en la humanidad.

Si, ellos no encajan en nuestro viejos y caducos limites en los cuales nosotros nos movemos. Entonces la culpa no es de ellos. Somos nosotros quienes debemos revisar, si en verdad nuestra actitud y comportamiento hacia los niños es la correcta o si en verdad queremos encadenarlos a nuestros estrechos patrones de conducta e imponérselos como la norma. No será más sano para todos, tanto para ellos en primer lugar como para nosotros, empezar a ver y reconocer como la naturaleza nos está mostrando una nueva fase de su propio poder evolutivo. Desafortunadamente muchas veces creemos que cuando hablamos de evolución, es que necesariamente, solo se va a manifestar de una marera física, como si nos fuera a crecer un dedo mas o una oreja extra para oír mejor. Y no nos damos cuenta que el proceso evolutivo es también cualitativo y no en cuantitativo. ¿Podremos ver y aceptar que esta es la imagen del ser humano del futuro? Es verdad que es una imagen, digamos como un pequeño boceto que debe ser corregido y completado, hasta llegar a ser una verdadera obra de arte, la cual está en nuestras manos moldear y darle esta nueva forma futura. ¡Y para esto, solo tenemos una herramienta clara y definitiva, como es la educación!

Este es el reto que tenemos ante nuestras manos y que tenemos que afrontar acá y ahora. O simplemente nos vamos a sentar y decir: no podemos hacer nada con ellos, fuera de doparlos y dormirlos para que no nos moleste su comportamiento, simplemente porque son diferentes a nosotros. Y entonces los dejamos en las manos de quienes simplemente acuerdan, con nuestro consentimiento desesperado: dópenlos, duérmanlos, que no nos dejan dormir a nosotros. Ahora, el problema es que no existe un “sistema educativo” el cual sea una herramienta útil para el desarrollo de este nuevo humano que surge ante nuestros ojos. Existe solo un sistema de enseñanza, el cual nos permite quitárnoslos de encima, y entonces les damos una profesión con la cual pasar la vida de la mejor o peor manera que conocemos. ¡Pero no esculpimos en ellos esa verdadera obra de arte que hay en ellos y que la naturaleza misma de sus huesos y tuétanos reclama! ¿Qué podemos hacer nosotros para darles a estos pequeños cohetes espaciales que viajan  velocidades supersónicas, para hacerles las cosas fáciles y sencillas y que además se sientan libres y felices y realizados como verdaderos hombres y no como simples maquinas registradoras de producir billetes, fama u honor? ¿O en últimas, que importa qué clase de mundo construimos para ellos, siempre y cuando nos dejen dormitar tranquilos en el mar de nuestra incomprensión y pasividad ante la nueva naturaleza que se revela en ellos?

Hay acá algunas frases y algunos videos de educadores modernos que quieren y ven la necesidad de “revolucionar” la educación, que nos podrán ayudar un poco a mirar hacia el futuro! ! Les deseo lo mejor a nuestros amados niños! ¡Y lo mejor también a los amados  niños, que aun dentro nuestro clama por este futuro maravilloso! ¡Ser hombres libres cumpliendo y corriendo con nuestras nuevas naturalezas, donde las risas de estos pequeños libres llenen el vacío de nuestra sociedad del siglo XXI!

“La educación esta reprimiendo los talentos y habilidades de muchos estudiantes; y está matando su motivación para aprender” ken Robinson. Y afirma también que nuestro sistema educativo es anacrónico.

La pregunta que espontáneamente surge en mente de los padres suele ser ¿Por qué? y la tendencia natural es volver a casa, esperar al hijo que se comporta de esa manera y ponerlo en penitencia.

Por lo general a ello siguen otros comentarios de la escuela y nuevas reuniones que pueden derivar en que el colegio considere necesario recomendar la participación de un profesional.

Ese suele ser el momento de tomar decisiones claves. A quien acudir, qué tipo de tratamiento es necesario, a quién debe estar dirigido dicho tratamiento, etc.

Aquí algunos consejos para tomar dichas decisiones:

–          Los problemas de conducta durante la etapa escolar son, generalmente, producto de pautas parentales disfuncionales que facilitan el desarrollo de un patrón de comportamiento desafiante y con poco apego a las normas y derechos de los demás

  • Los tratamientos que no atienden a la funcionalidad de la pauta parental y no incluyen estrategias de orientación a padres rara vez funcionan
  • Programas destinados a modificación de la conducta disruptiva son indispensables y muchas veces pueden implementarse a través de la pauta parental
  • La psicoeducación a los padres y la reorientación del vínculo que sostienen con sus hijos es fundamental para orientarse hacia el éxito

–          Cuando los programas de intervención con padres no se aplican adecuadamente o los padres no logran consistencia con la aplicación de estrategias adecuadas los resultados distan de ser positivos

  • En general el apoyo y la orientación a padres requiere por parte del profesional contención y acompañamiento
  • Es importante que los padres reciban material de psicoeducación o sean psicoeducados en consulta acerca de las dificultades de los chicos
  • La adherencia al tratamiento y las estrategias que ofrece el profesional es vital para que el comportamiento de los chicos cambie
  • Si los padres no logran desarrollar capacidad de control y tomar el toro por las astas, el tratamiento no logrará éxito y para ello necesitan comunicación y contención profesional

–          ¿debe el chico acudir a tratamiento? Por lo general cuanto más pequeño es menos necesita tratamiento individual y más necesario el abordaje a través de los padres y la pauta parental. En chicos que cursan nivel inicial, lo más recomendado es la orientación a padres sistematizada (vale aclarar que existen programas protocolizados y probados como eficaces en prestigiosas universidades del mundo) con el objetivo de modificar la pauta parental

–          ¿cómo elijo al profesional? Suele ser clave considerar que no todos los profesionales del ámbito de la salud mental están formados y capacitados para orientar a padres de manera efectiva, que la conceptualización que el profesional tenga de los problemas de conducta (y sus causas) impactará directamente sobre la posibilidad de conseguir resultados y que si no se aborda directa y explícitamente el motivo que llevó a la consulta no habrá mejoría posible

–          ¿qué indicadores sugieren que el profesional a quien consulté podrá realmente ayudarme?

  • Se preocupa por el motivo de consulta y no da una explicación alternativa sin otorgarle real importancia a la conducta disruptiva(cuando el profesional opta por interpretar el significado del problema de conducta las chances de mejorar el comportamiento disminuyen)
  • Otorga psicoeducación acerca de problemas de conducta, pauta parental y estrategias universales de abordaje
  • Empatiza con los padres y muestra genuina preocupación por lo que les pasa
  • Otorga estrategias concretas (sistema de recompensa, refuerzo positivo, tiempo especial, time out) que fueron desarrolladas a partir de años de investigación por prestigiosos profesionales

Cuando un chico tiene problemas de conducta su entorno tiene dificultades para orientar y modelar el comportamiento funcional. Si no se trabaja con el entorno los problemas de conducta tenderán a aumentar y el pronóstico de inserción social y académica de ese chico será menos promisorio.

Elegir un profesional es una gran responsabilidad. Atender una familia con un hijo con problemas de conducta es una responsabilidad aún mayor. Padres y profesionales necesitan trabajar en equipo y alejarse de profesionales que no otorgan estrategias puntuales para problemas puntuales es tal vez una sabia decisión.

Fuente: YahooNoticias

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